Jueza permite a una madre no vacunar a su hijo por haber “más riesgo que beneficios”

La titular de un juzgado de España desestimó la pretensión del padre de que se autorizara que el chico fuera vacunado y confirió a la madre la facultad de decidir al respecto. En este país, la vacuna para mayores de 5 años está aprobada desde diciembre de 2021.

La jueza avala que un menor de 15 años no sea vacunado contra la COVID-19 por deseo de la madre. Foto: referencial/AFP
La jueza avala que un menor de 15 años no sea vacunado contra la COVID-19 por deseo de la madre. Foto: referencial/AFP
Agencia EFE

Una magistrada de Tenerife, en España, avaló la decisión de una madre de no vacunar a su hijo de 15 años contra la COVID-19 porque, según argumentó, que hay “más riesgo que beneficios”, pese a estar en contra de la voluntad del menor y del padre, del que está divorciado la progenitora, difundieron recientemente los medios locales.

Entre otros argumentos, la juez indica que la administración de una vacuna “debe ir precedida de una ponderación de riesgos/beneficios”, y en este caso “el posible beneficio” que pudiera obtener el menor “es muy escaso”, mientras que los posibles efectos adversos son “muy superiores”.

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En un mandato con fecha del 10 de diciembre de 2021, al que ha tenido acceso la agencia EFE, la jueza desestima la pretensión del padre de que se autorizara judicialmente que el chico fuera vacunado y confiere a la madre la facultad de decidir al respecto durante un periodo de dos años.

Lo hace tras escuchar a ambas partes y también al menor, quien le manifestó que se quiere vacunar alegando que si se suministra “es porque es confiable” y que considera que los no vacunados “lo pasan peor” al contraer el virus.

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Por otro lado, indica la jueza en la resolución, el padre manifestó que “es lo mejor” para su hijo, porque considera que la vacuna del coronavirus “es buena y le va a proteger”.

Argumentación de la madre

Por el contrario, sostiene que los argumentos de la madre “se basan en el principio de prudencia”, por cuanto “se desconocen los efectos de la vacuna a medio y largo plazo, ya que los ensayos clínicos no han terminado”.

La magistrada apoya la argumentación de su mandato en la documentación que aportó la madre: un estudio de la Universidad Carlos III sobre la mortalidad y los ingresos en UCI de menores de 19 años en España y de un doctor en ciencias químicas al que confiere valor de dictamen pericial.

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Valora que la progenitora se tomara la molestia de buscar “información distinta” a la ofrecida por “los medios de comunicación convencionales” o a las recomendaciones divulgadas por los cauces oficiales, que “no por provenir de organismos públicos han de ser necesariamente las acertadas”.

Pone como ejemplo que, “al inicio de la pandemia, por parte de las autoridades sanitarias se desaconsejaba el uso de mascarilla, que ahora es obligatorio en espacios cerrados”.

La magistrada repara en que el padre admitió durante el trámite de audiencia la posibilidad de que la vacuna pueda provocar “efectos adversos a largo plazo”, pero indicó que ponderando todos los riesgos le daba mayor importancia a “protegerse y proteger” a los demás.

“Abundante jurisprudencia”

En este punto, afirma que “es difícil, por no decir imposible, poner en una balanza los efectos adversos a medio o largo plazo de la vacuna del Covid, cuando los mismos son desconocidos en el momento actual”.

De este modo, “lo que se está poniendo en uno de los lados de la balanza es una interrogación, una incógnita, para la que a fecha de hoy nadie puede ofrecer una respuesta certera, pues nadie lleva varios años vacunado del COVID-19”.

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La juez remite a la “abundante jurisprudencia” acerca de condenas a farmacéuticas y administraciones públicas “por los efectos adversos de vacunas o medicamentos que han aparecido tiempo después de su ingesta o inoculación o que años después se ha determinado su relación de causalidad con el fármaco ingerido años atrás”.

Cita como ejemplo el caso de un paciente de Castilla y León por las secuelas debido a ala vacuna contra la viruela en los años setenta del siglo pasado y el conocido caso de la talidomida.

La magistrada insiste en que “los riesgos y efectos adversos de la vacuna covid, al igual que los de cualquier medicamento, fármaco o vacuna, pueden aparecer muchos años después de su ingesta o inoculación”.