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“Con esto me presento a la gente”: mexicano narra su experiencia con el ‘chip COVID-19′ de Suecia

En Suecia ya hay muchas personas con el microchip implantado bajo la piel desde hace años. Muchos afirman sentirse cómodos y más seguros, ya que tiene más funciones beneficiosas para la salud.

El portavoz de la compañía manifiesta que esta tecnología se ha usado por más de 30 años en animales y ya hay miles de personas más que tienen un implante. Foto: Composición LR/AFP
El portavoz de la compañía manifiesta que esta tecnología se ha usado por más de 30 años en animales y ya hay miles de personas más que tienen un implante. Foto: Composición LR/AFP
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La llegada de la nueva variante ómicron de la COVID-19 ha dado como consecuencia que muchos países generen nuevas restricciones debido al aumento de casos. Incluso, se ha creado una nueva forma de mostrar que tienes las dosis completas de la vacuna contra el nuevo coronavirus. Este es el caso de Suecia, en donde, a través de un microchip, se puede ver toda la información sobre la salud y datos de contacto de quienes se lo implantan.

Ya hay personas viviendo con un chip bajo su piel, tal es el caso de un mexicano, quien narra su experiencia con este dispositivo en su cuerpo.

En entrevista para la agencia AFP, el mexicano radicado en Suecia, Alex Feuchter, contó cómo vivir con el chip se ha convertido en parte de su vida diaria. “Lo uso más que nada como una tarjeta de presentación. Con esto me presento a la gente cuando hago trabajos o tatuajes. Pero realmente no me lo puse por el tema del COVID, de hecho me lo puse desde diciembre pasado”, aseguró.

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Existen muchas dudas sobre si es seguro tener este tipo de tecnología bajo la piel. Por ello, la AFP habló con el portavoz de la compañía Dsruptive Subdermals, Hannes Sjobladm. “Puedo decir cómodamente que esta tecnología se ha usado por más de 30 años en animales y ya hay miles de personas más que tienen un implante”.

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Además, explicó sobre el material del que están hechos. “Los chips son muy pequeños, están dentro de una cápsula de vidrio que está hecha de material de vidrio biométrico, lo que quiere decir que el cuerpo simplemente lo ignora. no hace daño al cuerpo”, dijo Sjobladm.

Por último, el vocero habló de las ventajas que este tipo de tecnología representa para el estudio y tratamiento de la salud. “En vez de tener un termómetro, con un chip siempre voy a tener un sensor de la salud. También estamos trabajando en desarrollar chips que le permitan a la gente medir su nivel de oxígeno”, manifestó.

Por otro lado, una ciudadana de Estocolmo que también usa el chip, Amanda Bakc, asegura que forma parte de su integridad. “Siento que tengo un mayor control al estar en el interior de mi mano”, agrega esta responsable de un espacio dedicado a las nuevas tecnologías.

Amanda Back, gerente de marketing de Epicenter Stockholm, escanea con un teléfono inteligente un microchip desarrollado por la compañía de Subdermales DSruptivos e implantado en su mano para revelar su pase de salud. Foto: AFP

Si bien no hay datos públicos sobre de esta práctica, varios miles de suecos se han implantado en los últimos años este dispositivo electrónico bajo la piel para reemplazar llaves, tarjetas de visita, billetes de tren... y en el caso de algunos, su certificado de vacunas. Razón por la cual, muchos han manifestado sentirse más cómodos y seguros.

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El país escandinavo es uno de los bastiones de los “biohackers”, quienes consideran este tipo de soluciones el futuro de la humanidad pese a los recelos que suscitan para muchas otras personas.

Más ventajas, según sus defensores: “Un microchip implantado cuesta unos cien euros en el caso de las versiones más avanzadas, comparado con las pulseras inteligentes, que cuestan generalmente el doble; un implante puede durar 30 o 40 años, mientras que una pulsera dura 3 o 4 años”, aduce Hannes Sjoblad, máximo responsable de DSruptive Subdermals, para quien el pasaporte sanitario es solo uno de los ejemplos de aplicaciones posibles de este dispositivo.

El empresario, que se dice “muy preocupado” por las cuestiones de privacidad, observa no obstante “con gran inquietud” que mucha gente vea los implantes con miedo, “como una tecnología de vigilancia”.

Los microchips “no tienen batería y no pueden transmitir señales por sí mismos, no pueden decir dónde te encuentras y solo se activan en contacto con un smartphone”, recuerda, asegurando que defiende su uso exclusivamente voluntario y que si alguien intentara hacerlo obligatorio, él se opondría.

Con información de AFP.