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El fin de la era Merkel, la inoxidable canciller alemana considerada la más poderosa del mundo

La septuagenaria científica y política deja definitivamente su cargo este miércoles tras 16 años. Repasamos algunos de sus episodios más importantes de su Gobierno.

“Mi herencia me ha marcado, especialmente el deseo de libertad durante mi vida en la RDA”, dijo en el 30º aniversario de la Reunificación. Foto: AFP
“Mi herencia me ha marcado, especialmente el deseo de libertad durante mi vida en la RDA”, dijo en el 30º aniversario de la Reunificación. Foto: AFP
Agencia AFP

Después de 16 años en el poder y todavía con una popularidad inoxidable, Angela Merkel se va definitivamente el miércoles de la cancillería, y deja un gran vacío en el mundo y un legado desigual, alabado por su sentido de la responsabilidad, pero criticado por falta de visión.

A sus 67 años y tras 5.860 días en el poder, cederá el relevo al socialdemócrata Olaf Scholz, que será elegido el miércoles por el Bundestag. Por solo nueve días, la canciller no igualará el récord de longevidad de su mentor Helmut Kohl.

Para muchos alemanes jóvenes, la llamada generación “Merkel”, no existe otra canciller que la “Mutti” (mamá, en alemán), el cariñoso apodo recibido para esta política con 31 años como diputada en el Bundestag.

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Tanto tiempo no parece haber hecho mella en su popularidad. Según una reciente encuesta del instituto Pew, todavía gozaba de una confianza del 72% de los encuestados a nivel internacional.

Lejos parece haber quedado el año 2019, cuando la canciller, al frente de una gran coalición de la derecha y la izquierda agotada, daba la impresión de estar sobrepasada por la movilización de los jóvenes a favor del clima.

El “mayor desafío”

Como símbolo del crepúsculo de su gobierno, unos incontrolables temblores afectaron a Merkel durante varias ceremonias oficiales y generaron dudas sobre la capacidad de esta “casi infatigable” canciller para concluir su cuarto y último mandato.

Pero la pandemia del coronavirus cambió las tornas. Tres cuartas partes de los alemanes se dicen satisfechos de su acción al frente del país, según los sondeos. Incluso se oyeron voces durante la pandemia que reclamaban un quinto mandato, pero la primera mujer en dirigir Alemania lo descartó de plano.

Esta científica de formación supo comunicar, con pedagogía y de forma racional, para hacer frente al “mayor desafío”, según ella, desde la Segunda Guerra Mundial.

El confinamiento, que le recordó su vida en la ex-RDA (República Democrática de Alemania, comunista), constituyó, a su juicio, “una de las decisiones más difíciles” de sus mandatos.

La pandemia y sus consecuencias volvieron a demostrar su pragmatismo y su capacidad de cambiar de posición para reducir la tensión política, un sentido de compromiso del llamado “merkelismo”.

Foto: AFP

Ferviente defensora de la austeridad tras la crisis financiera de 2008 pese a la asfixia de Grecia, Merkel se convirtió ahora a la política de aumento del gasto y la mutualización de la deuda, lo único, según ella, capaz de salvar el proyecto europeo.

En 2011, la catástrofe nuclear de Fukushima en Japón la había convencido rápidamente para iniciar el abandono progresivo de la energía nuclear en Alemania.

Decisiones de riesgo

Pero su apuesta política más osada la realizó en 2015, cuando decidió abrir las puertas a centenares de miles de solicitantes de asilo sirios e iraquíes.

Pese a los temores de la opinión pública, prometió integrarlos y protegerlos. “¡Lo lograremos!”, aseguró. Se trata quizá de la frase más memorable pronunciada por Merkel, bastante reacia a los discursos apasionados.

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Hasta entonces, esta doctora en Química que sigue llevando el apellido de su primer marido y no tiene hijos había cultivado una imagen de mujer prudente e incluso fría, sin aristas, que adora las patatas, la ópera y el senderismo.

Para explicar su histórica decisión sobre los migrantes, adoptada sin consultar realmente a sus socios europeos, invocó sus “valores cristianos” y una cierta obligación de ejemplaridad de un país que carga el estigma del Holocausto.

Esta caridad cristiana de Angela Kasner, su apellido de soltera, viene de su padre, un pastor austero que se fue voluntariamente a vivir con toda su familia a la Alemania Oriental comunista y atea para predicar.

“Mi herencia me ha marcado, especialmente el deseo de libertad durante mi vida en la RDA”, dijo en el 30º aniversario de la Reunificación.

Pero el miedo al islam y a los atentados llevó a una parte del electorado conservador a refugiarse en el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). Se había roto un tabú en Alemania y ella fue señalada como culpable.

“Líder del mundo libre”

No obstante, Merkel asumió siempre su decisión en la crisis migratoria y, tras el terremoto Donald Trump y el Brexit, se vio entronizada por muchos como la “líder del mundo libre” ante el ascenso de los populismos.

Barack Obama, uno de los cuatro presidentes estadounidenses que Merkel conoció desde 2005, la describe en sus memorias como una dirigente “fiable, honesta, intelectualmente precisa” y como una “bella persona”.

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La “canciller teflón”, que parece inmune a los problemas, es un animal político tan particular como temible, y muchos de sus adversarios la subestimaron.

En el año 2000, advenediza y poco carismática, se benefició de un escándalo financiero en su partido para hacerse con las riendas de la CDU, adelantando a toda la jerarquía masculina.

El 18 de septiembre de 2005, se impuso por la mínima en las elecciones al canciller socialdemócrata Gerhard Schröder. A este primera victoria siguieron otras tres, en 2009, 2013 y 2017.

En una ceremonia de despedida del ejército el jueves, la emblemática canciller reconoció que estos 16 años le “habían pedido esfuerzos políticos y humanos”.

Y con su país atravesando el peor momento de la pandemia, advirtió contra la “fragilidad” de la “confianza” en la ciencia y la política, en una época de “teorías del complot” y “discursos de odio”.