Mujeres denuncian ante el Vaticano años de explotación laboral del Opus Dei

Un grupo de 42 mujeres, todas exempleadas de la organización religiosa Opus Dei, sostienen que nunca recibieron un pago por los trabajos que realizaban.

Las denunciantes tienen en común un origen humilde, y fueron reclutadas y separadas de sus familias cuando tenían entre los 12 y 16 años. Foto: AFP
Las denunciantes tienen en común un origen humilde, y fueron reclutadas y separadas de sus familias cuando tenían entre los 12 y 16 años. Foto: AFP
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Lucía Giménez siente todavía en las rodillas el dolor que le provocaba fregar durante horas los pisos de los baños de los hombres en una residencia del Opus Dei en Buenos Aires, Argentina, cuando apenas tenía 16 años y no recibía pago alguno. Se sumó a la orden ultraconservadora a inicios de los años 80 en su natal Paraguay, pues le prometieron que recibiría una educación superior para mejorar sus condiciones de vida, pero en vez de matemáticas o historia fue capacitada en cocina, limpieza y otras labores de cuidado para servir en los centros, residencias y casas de retiro.

A sus 56 años, Giménez impulsó junto a otras 41 mujeres una denuncia contra el Opus Dei ante el Vaticano por presunta explotación laboral, abusos de poder y de conciencia. Procedentes de Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia, las denunciantes trabajaron para la orden en Sudamérica, Italia y Kazajistán entre 1974 y 2015.

El Opus Dei (Obra de Dios en Latín) fue fundado por el sacerdote español Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928, y se encuentra en alrededor de 70 países con más de 90.000 miembros. El grupo, que fue ampliamente favorecido por el papa Juan Pablo II, tiene un estatus único en la Iglesia y reporta directamente al pontífice.

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Giménez fue durante 18 años numeraria auxiliar, como se denominan a las mujeres dedicadas a tareas del hogar y que cumplen con el celibato. Asegura que lavaba ropa, limpiaba baños y atendía a miembros de de esta orden en jornadas de trabajo mayores a las ocho horas que fija la ley laboral y que los descansos se limitaban a las horas de comer y rezar. “Nunca vi un billete en mis manos”, afirma a The Associated Press.

“Yo odiaba hacer los baños y me mandaban siempre a hacerlos. Estaba harta del dolor de rodillas, de arrodillarme para hacer las duchas. Yo no veía la plata, nos decían que iba a un sobre directo al centro del que yo supuestamente dependía”, relató.

La mujer aseguró que aceptaba las condiciones porque “no te dan tiempo de pensar, de hacer crítica de lo que estás haciendo y no te gusta. Tienes que aguantar porque tienes una entrega total a Dios”. Contó que recién este año presentó una denuncia colectiva porque antes nadie la quiso escuchar. “Dices el Opus y te dicen ‘no, es muy complicado’. Empecé a hablar con exnumerarias, había varias en la misma situación”, expresa.

El Opus Dei afirmó que no ha sido notificado de ninguna denuncia por el Vaticano y que ha tomado contacto con el representante legal de las mujeres para “escuchar los problemas y encontrar una solución a las posibles solicitudes”.

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“No tenemos ninguna notificación oficial del Vaticano acerca de la existencia de una denuncia de este tipo”, dijo Josefina Madariaga, directora de la oficina de comunicación y prensa del Opus Dei en Argentina. Refirió que a nivel mundial hay 4.000 numerarias auxiliares, de las cuales 80 residen en Argentina y que “todas las personas que han trabajado y trabajan en la obra reciben una remuneración”, aseveró.

Las denunciantes tienen en común un origen humilde. Fueron reclutadas y separadas de sus familias entre los 12 y 16 años. En algunos casos, como Giménez, fueron llevadas a centros y residencias del Opus Dei en otro país, burlando los controles migratorios.

Según la demanda, las menores cumplían sus tareas bajo “condiciones manifiestamente ilícitas: remuneración inexistente y sin alta en el régimen de Seguridad Social, jornadas laborales que se extendían más de 12 horas, con períodos de descanso breves; sin documentación personal o con retención de la misma y otras vulneraciones de derechos básicos”. También que controlaban sus relaciones con el mundo exterior.

La mayoría de las mujeres solicitó la dispensa al volverse intolerable la exigencia física y psicológica a la que fueron sometidas durante los años de servicio. Sostienen que quedaron libradas a su suerte, sin dinero y muchas necesitaron tratamiento psicológico tras abandonar el Opus Dei.

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La denuncia presentada en septiembre ante la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano también señala a una veintena de sacerdotes de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei por su presunta “intervención, participación y conocimiento en los hechos denunciados”.

“La jerarquía (del Opus Dei) está al tanto de las prácticas, no es algo inventado acá”, afirmó Sebastián Sal, abogado de las denunciantes. “Es una política interna del Opus Dei. La búsqueda de estas mujeres se realiza igual en todo el mundo. Después de la denuncia apareció un grupo en México, en España, en Francia hubo un caso hace muchos años que fue a juicio laboral. Es algo institucional, no es algo que ocurre en Argentina”, recalcó.

Las acusaciones de las exnumerarias auxiliares son similares a las presentadas por algunas mujeres de otra organización católica conservadora, la Legión de Cristo, que reclutó activamente a mujeres jóvenes para convertirlas en miembros consagrados de su rama laica, Regnum Christi, y trabajar en escuelas y otros proyectos bajo su órbita. Mujeres que dejaron la orden denunciaron abuso espiritual y psicológico; que fueron separadas de su familia; se les dijo que su malestar era “la voluntad de Dios” y que dejar su vocación equivaldría a abandonar a Dios.

Las denunciantes reclaman al Opus Dei una reparación económica, que reconozca los abusos cometidos y que pida perdón. También exigen que “se tomen las medidas correctivas pertinentes para que estas cosas no sigan sucediendo y se inhabilite para ejercer cualquier cargo eclesiástico y se sancione a los responsables de estos actos”.