Crimen en Brasil: los usaron como conejillos de Indias y murieron 200

Unesco advierte que este podría ser uno de los “episodios más serios y graves de infracción ética” en la historia de América Latina. Los pacientes contagiados de COVID fueron utilizados para probar un medicamento ilegal.

Experimentos. El puerto de Manaos fue escenario del experimento con humanos. Foto: EFE
Experimentos. El puerto de Manaos fue escenario del experimento con humanos. Foto: EFE
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Por Diogo Magri. El País

Zenite Gonzaga Mota, de 71 años, comenzó a sufrir los síntomas de la COVID-19 a principios de febrero. Después de una semana tratándose en casa, sintió que le faltaba el aire y su hija, Alzenira, la llevó a un centro de urgencias de Itacoatiara, en el estado brasileño de Amazonas, a 270 kilómetros de Manaos, capital de la región. Días después, la mujer se convirtió en conejillo de Indias humana en un estudio irregular para probar en pacientes de covid la proxalutamida, una droga experimental que se aplica para algunos tipos de cáncer. Pero ni ella ni sus familiares supieron que formaba parte de un experimento que ha situado a Brasil en el centro de un escándalo científico.

La Comisión Nacional de Ética en la Investigación (Conep, por sus siglas en portugués) investiga la muerte de unos 200 pacientes ingresados en diferentes centros que participaban en el estudio, y la familia de Zenite ha presentado una denuncia para que se aclare si su muerte se debió a la proxalutamida.

Poco después de entrar en el centro hospitalario, el Grupo Samel, dedicado a la atención médica y hospitalaria, anunció, a través de su presidente, Luiz Alberto Nicolau, que la ciudad de Itacoatiara sería la primera en beneficiarse “de un medicamento estadounidense para el tratamiento del cáncer que funciona excepcionalmente contra la COVID-19′′. Se trataba de la proxalutamida, que no está registrada en Brasil y no se utiliza en ningún tratamiento en el país. Según Nicolau, a petición del alcalde, Mario Abrahim, Samel administraría el tratamiento en todos los pacientes de la COVID-19 ingresados en los hospitales municipales de Itacoatiara, un estudio que estaría coordinado por el médico Flavio Cadegiani, con “la expectativa de que sea algo muy importante para la ciudad”, según difundió la empresa.

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Zenite pasó a tomar tres cápsulas de proxalutamida al día a partir del 11 de febrero, según el historial médico que mostró su sobrina. También inhalaba dosis diarias de hidroxicloroquina y tomaba ivermectina, fármacos de probada ineficacia para combatir el coronavirus.

Ivermectina.

Durante el tratamiento, el equipo médico no hizo ningún seguimiento, ni para comprobar la cantidad ni la forma en que la paciente se tomaba los medicamentos, y mucho menos para anotar algún resultado. Zenite no fue la única conejillo de Indias humana en lo que ha sido un estudio clandestino con proxalutamida. La Conep estima que se produjeron al menos 200 muertes entre los participantes, ninguna de las cuales se analizó de forma adecuada. “Hay indicios de irregularidades en el estudio, así como transgresiones de las normas vigentes sobre ética”, afirma el documento de la Conep.

La clave

Bioética. El 9 de octubre, investigadores de la Red Latinoamericana y del Caribe de Educación en Bioética de la Unesco señalan que este podría ser uno de los “episodios más serios y graves de infracción ética y de violación de los derechos humanos en la historia de AL”.