A los 80 años de la Gran Guerra Patria

La Gran Guerra Patria, que constituyó una parte crucial de la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945, empezó con la invasión de las tropas de la Alemania nazi al territorio de la URSS.

Los combates en el territorio soviético se convirtieron en la fase más sangrienta y destructiva. Foto: difusión
Los combates en el territorio soviético se convirtieron en la fase más sangrienta y destructiva. Foto: difusión
Mundo LR

Por: Igor V. Romanchenko, embajador de Rusia en el Perú

Hace 80 años, el 22 de junio de 1941, las tropas de la Alemania nazi y de sus satélites invadieron traidoramente el territorio de la URSS. Comenzó la Gran Guerra Patria, que constituyó una parte más crucial de la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945 y que terminó con la victoria del Ejército Rojo, la rendición incondicional de Alemania y la liberación de Europa del nazismo.

Los combates en el territorio soviético se convirtieron en la fase más sangrienta, destructiva y, al mismo tiempo, decisiva de aquella catástrofe global, en la que se vieron involucradas prácticamente todas las naciones del mundo. Acosta del descomunal sacrificio del pueblo soviético —más de 26 millones de vidas, lo que excede la mitad de todas las pérdidas humanas en Europa— fueron derrotados los invasores, y con ellos la ideología misantrópica y antinatural del nazismo. Este evento de importancia histórica mundial abrió nuevos caminos de progreso social para la humanidad salvada, las perspectivas de una paz justa y duradera en el planeta. Pero, aquella mañana del 22 de junio, para la Gran Victoria aún quedaban cuatro años difíciles, llenos de penurias y el dolor.

De los resultados y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la Gran Guerra Patria de la Unión Soviética, la humanidad ha extraído lecciones históricas imperecederas, cuyo olvido conduce al riesgo de repetir aquella terrible tragedia. Todos problemas globales de la humanidad, especialmente la preservación de la paz, sólo pueden y deben superarse mediante esfuerzos conjuntos; incluso contradicciones graves pueden resolverse mediante el diálogo y el respeto mutuo. Sobre la base de esta experiencia y principios fue construido el actual sistema de relaciones internacionales, en cuyo centro se encuentran las Naciones Unidas. La falta de un sistema de seguridad colectiva y la crisis de confianza entre Estados pueden dar lugar a una situación en la que la humanidad se vea arrastrada paulatinamente en una guerra y conflictos locales.

Conceptos obsoletos de las “esferas de influencia” y la renuencia de algunos Estados a establecer relaciones de igualdad por aferrarse a sus posiciones geopolíticas, sin importar los desafíos comunes de seguridad, tales como la pandemia de la COVID-19, agravan las diferencias. Algunos incluso se ven cada vez más tentados a recurrir a la fuerza, a pasar de formas justas de cooperación a la práctica de satisfacer intereses egoístas, por ejemplo, imponiendo sanciones unilaterales o suplantando el derecho internacional universalmente reconocido por un “orden basado en reglas”, desarrollado por ciertos grupos exclusivos de países. Vemos que vuelve a crecer una crisis de confianza en la comunidad internacional.

En aras de asegurar una convivencia y desarrollo pacíficos de los pueblos y las culturas, nuestra responsabilidad común ante la historia y el futuro es preservar la memoria histórica. Ignorar las lecciones de la historia puede tener consecuencias fatales para la humanidad.

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