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Chernobyl: nuevas reacciones nucleares a 35 años de la tragedia

Los científicos de Ucrania mostraron su preocupación debido a que el material radioactivo es una amenaza latente y no descartan un nuevo accidente.

El 15 de noviembre de 2016 se instaló el Nuevo Confinamiento de Seguridad sobre la planta nuclear de Chernóbil. Foto: EFE
El 15 de noviembre de 2016 se instaló el Nuevo Confinamiento de Seguridad sobre la planta nuclear de Chernóbil. Foto: EFE
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Ya pasaron más de tres décadas desde que sucedió el peor accidente nuclear en el mundo. La noche del 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la planta de energía de Chernóbil se salió de control durante una prueba a baja potencia y explotó.

Sin embargo, las reacciones de fisión continúan ardiendo en masas de combustible de uranio enterradas en lo profundo de una sala del reactor que estalló.

“Es como las brasas en un pozo de barbacoa”, afirmó el científico Neil Hyatt, químico de materiales nucleares de la Universidad de Sheffield.

Los científicos que estudian los efectos de la tragedia dicen que los sensores están rastreando un número creciente de neutrones. Con ello se concluye que está ocurriendo una desintegración y que fluye desde una habitación inaccesible, informó hace algunos días, Anatolii Doroshenko del Instituto de Problemas de Seguridad de las Plantas de Energía Nuclear (ISPNPP) en Kiev, Ucrania.

“Hay muchas incertidumbres. Pero no podemos descartar la posibilidad de un accidente”, sostuvo Doroshenko.

Este proceso en las ruinas nucleares han mantenido en los ojos del mundo durante mucho tiempo a Chernobyl. Cuando ocurrió la tragedia, las varillas de combustible de uranio, su revestimiento de circonio, las varillas de control de grafito y la arena arrojadas al núcleo para tratar de extinguir el fuego se fundieron en lava.

El material discurrió a las salas del sótano del reactor y se endureció en formaciones llamadas materiales que contienen combustible FCM, que están cargados con aproximadamente 170 toneladas de uranio irradiado, el 95% del combustible original.

Las autoridades de Chernobyl confiaron en que cualquier riesgo se desvanecería cuando el enorme Nuevo Confinamiento Seguro (NSC) se deslizó sobre el Refugio en 2016. La estructura estaba destinada a sellar el lugar para que pudiera estabilizarse y finalmente desmantelarse.

El NSC también evita los recuentos de neutrones en la mayoría de las zonas afectadas. Se pensó que los materiales se mantenían estables o disminuían. Sin embargo comenzaron a subir en algunos espacios, casi duplicándose en cuatro años en la habitación 305-2.

En el momento del accidente, más de 100.000 personas fueron evacuadas de los alrededores y se estableció una zona de exclusión de 2.600 kilómetros cuadrados. Incluso hay lugares que hasta la actualidad son inaccesibles. Los únicos que podían entrar eran los trabajadores que desechaban el material radioactivo y construían lo que se conoció como el “sarcófago” para cubrir el reactor dañado y evitar que la radiación se propagara aún más.

150.000 kilómetros cuadrados en Belarús, Rusia y Ucrania siguen contaminados, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Hasta el año 2019, hubo filtraciones de radiación. La única manera de contenerlas fue la nueva estructura que crearon para reemplazar el “sarcófago”.

Ahora los científicos tienen un nuevo reto, buscar la forma de contener las nuevas reacciones nuclearles que es una “situación potencialmente peligrosa”, sentenció la OIEA.