Yungay, el trágico y doloroso episodio que produjo la amistad entre Rusia y Perú

José Alván

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17 Jul 2020 | 18:54 h
En el hospital de campaña soviético. Foto: Valeriy Shustov / Sputnik

Medio siglo después, en el país soviético aún guardan los recuerdos de un acontecimiento que hoy da origen a la conmemoración del Día de la Amistad Ruso-Peruana.

El 31 de mayo de 1970 ha quedado grabado en la historia de nuestro país como uno de los días más dolorosos y catastróficos en los últimos 50 años. Más de 70.000 personas perdieron la vida en un terremoto que arrasó con la ciudad de Yungay, en Áncash.

El entonces régimen del general Juan Velasco Alvarado debió enfrentar esta tragedia con los pocos recursos que tenía el país y llevar ayuda a los miles de damnificados.

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Cuando el mundo se enteró de esta noticia, varios gobiernos decidieron enviar ayuda humanitaria. Las potencias mundiales también se hicieron presentes: la Unión Soviética realizó una exitosa convocatoria de voluntarios y llegaron al Perú para dar apoyo a quienes lo habían perdido todo por la furia de la naturaleza.

Cuando la tragedia se extiende

Sin embargo, el dolor de las pérdidas también les llegó a los soviéticos. Un 18 de julio de hace 50 años, un avión que venía con un grupo de médicos y otros voluntarios cayó en el Atlántico, lo que significó una dura situación para ambas naciones. Aún con el dolor de los caídos, la ayuda del país europeo pudo llegar a Áncash.

Medicinas, equipos médicos, ropas y hasta helicópteros. La Unión Soviética entregó al pueblo que lo había perdido todo el apoyo de toda su gente. Por esa razón, un día como hoy se conmemora el Día de la Amistad Ruso-Peruana.

Ayuda de Rusia a Perú.

A través de la Embajada de Rusia en el Perú, La República pudo tener acceso en exclusiva al testimonio de Faina V. Andriánova, viuda del mayor Vladímir A. Andriánov, uno de los rescatistas soviéticos fallecidos en el accidente aéreo sobre Átlantico.

Además, a fotos inhéditas del apoyo que llegó al país debido a que el gobierno de la entonces Unión Soviética.

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Una pérdida cargada de orgullo

“El 18 de julio de 1970, el avión An-22, número de vuelo 09303, despegó en la misión humanitaria soviética para brindar ayuda al pueblo peruano afectado por el terremoto. Su plan de vuelo fue: Ivánovo - Chkalovskiy (URSS) - Keflavík (Islandia) – Lima (Perú). La tripulación estaba compuesta por 16 personas más 6 médicos. El 18 de julio de 1970, a las 17:30 hora de Moscú, el avión desapareció sobre el Atlántico. ¿Pueden imaginar por lo que las esposas con los hijos pequeños tuvimos que pasar? Las viudas, los hijos y los nietos estamos convencidos de que los Gobiernos y pueblos de Rusia y el Perú nunca olvidarán a estos valientes muchachos, su autosacrificio, que volaron desde tan lejos para echar una mano de ayuda al pueblo hermano que lo necesitaba.

Este noble ejemplo de hermandad y solidaridad internacional debe ser guardado en la historia y transmitirse de generación en generación.

Nosotras, las viudas guardamos memoria ilustre de nuestros esposos y padres de nuestros hijos, estamos orgullosos de ellos y honramos su hazaña”.

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Conmemorar la hazaña aunque pasen los años

Han pasado 50 años desde aquel suceso y Rusia lo recuerda a través de su embajador en Perú, Igor V. Románchenko, para este medio.

“Nuestro país fue uno de los primeros en responder al llamamiento de ayuda del Departamento de Áncash afectado por la tragedia, realizó una misión humanitaria sin precedentes.

Se organizó un puente aéreo transatlántico, con los aviones militares de transporte Antey fueron trasladados y donados al gobierno peruano tres helicópteros Mi-8, ambulancias, equipos médicos, medicamentos, vacunas, carpas, ropa de abrigo – en total, más de 60 toneladas de ayuda humanitaria. Los especialistas soviéticos capacitaron a los pilotos y rescatistas peruanos.

Cientos de voluntarios locales recibieron entrenamiento completo y material necesario para brindar primera ayuda médica.

Ayuda de Rusia a Perú.

En la ciudad de Huaraz se desplegó un hospital militar de campaña, que posteriormente también fue donado al Gobierno peruano y dio origen al hospital que tras modernización sigue funcionando hasta hoy.

Fue posible llevar a cabo más de 32 mil atenciones de pacientes, aproximadamente 1000 hospitalizaciones, la vacunación de 90 mil personas. En Yungay, arrasado por un devastador aluvión, se construyeron casas prefabricadas, traídas de la URSS y equipadas con todos los electrodomésticos necesarios de fabricación soviética.

Me gustaría hacer mención especial de aquel poderoso eco de compasión, resonado en los corazones de los ciudadanos soviéticos ante la tragedia del Perú.

Cuando en junio de 1970 los periódicos publicaron un llamamiento a los voluntarios para unirse a la misión humanitaria de ayuda al hermano pueblo peruano, las autoridades en Moscú recibieron una ola de llamadas de los interesados. Se formó un equipo juvenil de 55 personas – estudiantes, paramédicos y médicos, listos a dirigirse al lejano país andino para un trabajo abnegado en el hospital de campaña en pleno epicentro de la catástrofe.

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El 18 de julio de 1970, durante la misión humanitaria soviética para ayudar al Perú, ocurrió una tragedia: uno de los aviones de transporte An-22 desapareció sobre el Atlántico Norte. A bordo del avión había 16 tripulantes y 6 médicos.

En su memoria, se erigieron monumentos en el prestigioso cementerio Novodevichy de Moscú y en el territorio del hospital en Huaraz. Una placa conmemorativa fue instalada en el Camposanto de Yungay por INDECI. En ambos países el 18 de julio se celebra el Día de Solidaridad Ruso-Peruana.

Los acontecimientos de aquellos años, repletos de ejemplos de coraje, abnegación y solidaridad en los momentos más trágicos y duros posteriormente sentaron una base inquebrantable para las relaciones de una sincera amistad y entendimiento mutuo entre nuestros pueblos.

Tanto en Rusia, como en el Perú este día se celebran actos conmemorativos. Se conmueve profundamente que hasta hoy se guarde la memoria de la hazaña de aquellos chicos, que constituye un punto de referencia imperecedero para las relaciones entre Estados y entre personas, listos a echar una mano uno para el otro, frente a las situaciones dramáticas”.

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