“No habrá vacuna contra la COVID-19... aún no cuenten con eso”, dice máximo científico de EE. UU.

23 Jun 2020 | 0:25 h
William Haseltine, virólogo y profesor en la Facultad de Medicina de Harvard. Foto: Captura transmisión Reuters.

William Haseltine, referencia mundial por su trabajo sobre el VIH y el genoma humano, advierte: "Me vetaron en 1986 porque dije que no habría vacuna contra el VIH y hoy hablo con la misma convicción",

William Haseltine, reconocido en el mundo por su innovador trabajo en torno al VIH y el genoma humano, fue “censurado” en 1986 cuando advirtió que no se desarrollaría una vacuna contra el virus que causa el SIDA. Tres décadas después, “con la misma convicción”, ha afirmado que tampoco habrá antídoto contra el coronavirus (COVID-19).

En las últimas semanas, el virólogo y profesor en la Facultad de Medicina de Harvard —donde fundó dos departamentos de investigación sobre cáncer y VIH/SIDA—, ofreció algunas observaciones polémicas sobre la naturaleza del nuevo coronavirus, la autopromoción de los grandes laboratorios, los riesgos del desconfinamiento y la falta de preparación global para lo que vendrá.

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A sus 76 años, y con un vasto currículo, William Haseltine ha exhortado sobre la “manipulación de emociones” y la “falsa impresión de progreso” en torno a la vacuna contra el coronavirus (COVID-19).

El experto estadounidense desarrolló medicinas para el VIH/SIDA, el ántrax y otras enfermedades, y sus trabajos se expandieron al área de envejecimiento y demencia. Asimismo puso en marcha la corporación biofarmacéutica Human Genome Sciences, en 1992.

En una reciente videoconferencia con Reuters, Haseltine aseguró que, a partir de ahora, “todos debemos asumir que estamos infectados”. Protegerse con mascarilla —siguió— ya no garantiza que estemos a salvo: “cuanto más tiempo estés con alguien mayor es el riesgo”.

“A medida que el sistema inmunitario envejece, la efectividad y la duración de las vacunas disminuyen con él”, señala el científico. Foto: AFP.

William Haseltine avisó a los ciudadanos que deben permanecer escépticos sobre las afirmaciones “infladas en exceso” y recordar, sobre todo, que “la medicina y la ciencia no son asuntos de opinión mayoritaria; son, de hecho, respaldados por datos transparentes”.

“Permítanme remontarme a los primeros días del VIH —mencionó a Reuters—. Hice experimentos con un montón de científicos de Boston. Encontramos que la cantidad de anticuerpos y respuestas inmunes que los humanos producen cuando están infectados con VIH es sorprendente, pero no corrigen la enfermedad”.

“Entonces dije en 1986 que no tendríamos una vacuna. Me sacaron del escenario, la gente me arrojó cosas, unas 3.000 personas comenzaron a gritar. Hoy puedo decir con la misma convicción que no vamos a tener una vacuna contra la COVID-19. Olvídense de eso, no escuchen a los políticos. Tal vez estamos mejor esta vez porque hay muchos avances, pero no cuenten con eso todavía”, aseveró.

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Vacuna contra el coronavirus: avances

Habitualmente, el período para que una vacuna pueda estar disponible para su uso a nivel masivo es de al menos entre 12 y 18 meses, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque China ha acelerado los procesos debido a la emergencia sanitaria mundial y ha permitido que se lleven a cabo al mismo tiempo algunos estudios en la primera y segunda fase.

Los laboratorios chinos compiten para elaborar un antídoto contra el coronavirus (COVID-19), que se ha cobrado la vida de más de 450.00 personas en el mundo y ha hundido la economía del planeta.

Actualmente hay unas 300 candidatas en ensayos, tres de las cuales ya están cerca de comenzar la fase final de las pruebas en humanos: la de la Universidad de Oxford, la vacuna RNA de la compañía Moderna y otra más que se está desarrollando en China.

Sin embargo, según William Haseltine, esos esfuerzos no pueden llegar a buen puerto: “incluso” un remedio “no borrará la pandemia del nuevo coronavirus”. Para empezar, la población más afectada —adultos mayores de 60 años— son la más difícil de atender.

“A medida que el sistema inmunitario envejece, la efectividad y la duración de las vacunas disminuyen con él. Es muy difícil desarrollar una vacuna para las personas mayores”, señaló el científico.

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En segundo lugar, los coronavirus son candidatos a vacunas difíciles porque producen muchas proteínas que les permiten engañar y eludir el sistema inmunitario. El SARS-CoV-2 puede jugar trucos con el sistema inmune de una manera que otros virus no pueden.

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“Está amplificando lo que nos sucede naturalmente a medida que nuestro sistema inmunológico envejece”, añadió el especialista. De modo que surge una pregunta: ¿cómo va a funcionar un antídoto en una población anciana “que se sabe que tiene respuestas inmunes pobres a largo plazo ante nuevas infecciones”?

“No sabemos si la vacuna ofrecerá inmunidad esterilizante y duradera, como se espera, o solo protección transitoria y parcial, como parece más probable”.

Vacuna: COVID-19 e inmunidad del rebaño

William Haseltine enfatizó también que la inmunidad del rebaño no es la salvación. “No existe para esta enfermedad. Dudo que alguna vez exista —añadió en la videollamada con Reuters— porque las personas que lo han tenido se están reinfectando“.

En ese sentido, opinó que Suecia cometió un grave error al optar por esta medida; “prueba de ello es la tasa de mortalidad de la nación”, la más alta que cualquier otro país escandinavo.

Foto: AFP.

“Creo que se avecina un escenario catastrófico. Es solo cuestión de tiempo para que un coronavirus mucho más letal y contagioso que este emerja para devastar la población mundial”, remarcó finalmente.

De acuerdo a algunos estudios de científicos chinos y estadounidenses, los anticuerpos que desarrolla el cuerpo humano contra el coronavirus pueden durar solo dos o tres meses, por lo que la inmunidad contra el patógeno podría no tener efecto a largo plazo.

El nivel de anticuerpos de la gran mayoría de un grupo de contagiados, analizado por la Universidad de Medicina de Chongqing, disminuyó significativamente dos o tres meses después de la infección, lo que podría afectar también a las posibilidades de aplicación de las nuevas vacunas en desarrollo.

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