EN VIVO - Hoy se desarrolla pleno descentralizado del Congreso en Cajamarca

La peste y el darwinismo social

“Une el intento por imponer una lógica darwiniana como necesidad de institucionalizar un Estado de excepción que legitime el sacrificio de un sector de la población”.

La Republica
Alberto Adrianzén

Las epidemias (o pestes) son sucesos dramáticos y excepcionales que ponen a los seres humanos no solo en un momento, como dirían Marx y Engels, en que todo lo sólido se desvanece en el aire, sino también en que las nuevas circunstancias hacen que los individuos se vean “forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” (El Manifiesto Comunista).

Sin embargo, en esta pandemia globalizada mediáticamente -porque la vemos y la vivimos todos los días gracias a los medios y a las redes sociales-, no ha existido, justamente, esa “serenidad” que pedían los autores del Manifiesto.

Uno de esos comportamientos nada serenos es la compra compulsiva de armas en algunas ciudades de EEUU por la pandemia. “Un comprador dijo: los políticos y los activistas contrarios a las armas nos han dicho que no necesitamos armas. Pero, ahora mismo, mucha gente está verdaderamente asustada y por eso pueden tomar una decisión así”. (EFE: 17/03/20).

La pregunta es por qué los individuos deciden comprar armas, además de papel higiénico y desinfectantes. Como es obvio, las pistolas no sirven para matar al COVID-19 pero sí más bien al prójimo, que bien puede ser el vecino o un desconocido. La idea que detrás (o luego) de la pandemia vienen el caos y el enfrentamiento entre todos es, finalmente, lo que convence al individuo de comprar la pistola, ya que lo que imagina es un mundo sin control y, por lo tanto, sin Estado ni autoridad.

Según Leiser Madanes, en su artículo “Peste”, la situación de los “hombres durante la peste puede ser vista como una representación de la doctrina agustiniana de la “naturaleza caída” por el pecado original o también como la “hipótesis hobbesiana del estado de naturaleza”, ya que los testimonios de las víctimas “describen el proceso de igualación o indiferenciación a que da lugar el contagio”. Para Madanes, Hobbes muestra que en la “guerra de todos contra todos”, es decir en el estado de naturaleza, lo que importa no es el instrumento -cuchillo, bala- sino el temor a la muerte que producen estos instrumentos porque la vida en un estado de naturaleza es siempre “corta”.

En este contexto, no nos deben extrañar las recientes declaraciones de Frits Rosendaal, un médico de los Países Bajos, afirmando que los distintos estados de saturación en los hospitales en Europa se deben a una distinta “posición cultural”. Para Rosendaal unos países (España, Italia) valoran más que otros a los ancianos. Su propuesta es que a los ancianos no se les debe admitir en los hospitales para “salvar” más vidas, como también ha pedido el vicegobernador republicano de Texas para no afectar la economía del país. El sacrificio es lo que importa y no la sanación de todos.

Y si bien en ambas afirmaciones existen justificaciones distintas, lo que las une es el intento por imponer una lógica darwiniana como la necesidad de institucionalizar un Estado de excepción que legitime el sacrificio de un sector de la población, ya sea para salvar a un grupo social o impedir que la economía pare. Es la misma lógica que han intentado imponer, pero que ha fracasado hasta ahora, Jair Bolsonaro, Donald Trump y Boris Johnson que se basa en lo que dijo un parlamentario británico en el siglo XVII en plena peste: “para los comerciantes no hay peor plaga que un freno a los negocios”. Por eso, creo que en esta pandemia nos jugamos un poco el futuro de la civilización, es decir, nuestra relación con los otros y otras.