El cierre del mundo

Y la palabra honda del papa Francisco.

Editorial Editorial
28 Mar 2020 | 6:24 h

Con el reciente ingreso de la India y sus 1.300 millones de habitantes en cuarentena, más de la mitad de la población mundial se encuentra en aislamiento obligatorio para evitar el coronavirus, un efecto insólito que solo se escribía en las novelas de ficción o en los cálculos de efectos de un invierno acelerado por el cambio climático.

Los Estados más resistentes a tomar acciones ingresan lentamente por el arco de la cuarentena. En algunos casos, como en Brasil y México, son las autoridades locales las que compensan la tozudez de sus gobernantes. EEUU será la última nación en acogerse a las medidas de la OMS.

La cuarentena será el signo del combate principal contra el Covid-19, hasta bien entrado abril e inclusive en mayo. Francia y Bélgica han prolongado el aislamiento por dos semanas, la primera hasta el 15 de abril y la segunda hasta el 19 de abril. Italia y España, dramáticos líderes europeos en casos y muertos aún pugnan por salir del foso doloroso.

Las medidas excepcionales en la economía son el segundo eje de lucha contra la enfermedad, para reparar los daños del apagón económico del mundo. EEUU acaba de ordenar a la empresa General Motors que produzca ventiladores, basado en una ley militar. Cada país ha empezado a usar sus potencialidades, y los más estables podrán tener mejores impulsos reactivadores. En ese contexto, las acciones adoptadas por nuestro país han sido valoradas positivamente en la comunidad internacional, considerando que no todas las economías ni todo el tiempo podrán ayudar a sus ciudadanos a salir adelante en este grave momento.

En un mundo que se cierra y que no se sabe hasta cuándo y con qué efectos, destaca la fuerza del mensaje del papa Francisco, quien hace unas horas ofreció por primera vez la oración y la bendición urbi et orbi (a la ciudad y al mundo, en latín) ante la pandemia del coronavirus.

Ante una plaza de San Pedro vacía, el Papa ha dicho que desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido, densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso, Francisco ha dicho que la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, proyectos, rutinas y prioridades. El Papa ha llamado a la humanidad a reflexionar sobre la importancia de la fraternidad y de la solidaridad, frente al individualismo y egoísmo.

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