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Ser mujer y migrante en tiempos de xenofobia [VIDEO]

Decididas. Testimonio de cinco ciudadanas venezolanas que por la crisis generalizada en su país se vieron obligadas a dejar todo. Su rol es una evidencia del género ante las difíciles circunstancias que les ha tocado vivir.

Mundo LR
12 Mar 2020 | 8:17 h

Por María José Vargas y Ernesto Carrasco.

El imaginario colectivo en el Perú, tras una serie de circunstancias en las que se han visto envueltos decenas de migrantes, ha estigmatizado a las venezolanas que llegaron a nuestro territorio, huyendo de la crisis política, social y económica de su natal.

La República recogió las historias de cinco de ellas, en las que dan cuenta de sus dramas, y sobre todo de ese duelo migratorio en el que han tenido que dejar atrás a sus padres, hermanos, y en algunos casos, hijos menores con el propósito de emprender una vida digna, lejos del horror de la dictadura chavista y que continúa Nicolás Maduro. Con firme esperanza dan muestras de estar muy empoderadas y con un permanente ánimo emprendedor.

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Daphne, cocinera

Llegar a Perú no fue fácil para Daphne Mejías, quien tardó un mes en su travesía por tierra. Tener que tomar la ruta de la Amazonía (Brasil) fue la opción más viable para ella debido al cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela, hace casi dos años.

“Salí porque quería aportar a mi familia y brindarles una mejor calidad de vida. Sin duda, era la opción que tenía para el momento y no me arrepiento”, expresó Daphne, quien llegó al país solo con una de sus tres pequeñas hijas.

Daphne Mejías llegó al Perú junto a la menor de sus hijas. Foto: Flavio Matos (LR).

Nairovys, docente

Nunca imaginó salir de su país, pero lo hizo para ayudar a su hijo y nieta que ya estaban en el Perú. Nairovys González, de 61 años, es docente jubilada del sector público y llegó a Lima junto a su esposo, a finales de 2018. Desea seguir desarrollándose como profesora universitaria, pero se le ha hecho esquivo.

“Cuando me dispongo a buscar un empleo, en muchos casos, me dicen: no, porque eres venezolana o no, porque no queremos nada con viejos”, contó González a La República. Pese a varios impedimentos que ha tenido en su estadía en el Perú, su ánimo no decae, al rodearse del amor de su familia.

Nairovys Goznález es docente jubilada del sector público en Venezuela. Llegó a Perú en el 2018 y desde entonces no ha encontrado trabajo. Foto: Flavio Matos (LR).

Luisa, ingeniera

Los problemas que se pueden generar en todo proceso migratorio no intimidan a Luisa Escalona. Ella es ingeniera informática y madre de un niño, de cuatro años, confesó que ha experimentado momentos difíciles junto a su familia, pero le han permitido descubrir otras capacidades que emplea para ayudar a otros.

“Estando aquí, mi esposo y yo pasamos por una situación difícil y en cierto momento pensamos en regresarnos (a Venezuela). Nos ha tocado buscar en nuestro propio interior lo que somos capaces de hacer. Nuestro esfuerzo y el no desistir nos permitieron ver nuestras capacidades”, comentó Luisa, quien además cuenta con una certificación para brindar asesorías en disciplina positiva para padres.

Luisa Escalona es madre de un niño, de cuatro años. Aparte de ser ingeniera en informática también se desempeña como facilitadora de disciplina positiva para padres. Foto: Flavio Matos (LR).

Adriana, economista

La decisión de salir de Venezuela siempre estuvo rodando en la vida de Adriana Guerrero. La grave situación y la persecución política que vivió en su país la obligaron a comprar un pasaje sin retorno al Perú, el país de origen de su esposo.

“Desde que salí de Venezuela han cambiado muchas cosas, la lista es muy larga. Mis primeros ocho meses fueron difíciles aquí, pero todo pasa por algo. Creo que ahora soy más sensible y menos egoísta ante la desgracia ajena. He sufrido discriminación por ser venezolana, pero en general agradezco el apoyo de muchos que han sido maravillosos”, remarcó Adriana, quien es economista y se desempeña como pintora sobre vajillas y piezas decorativas.

Adriana Guerrero es casada con un ciudadano peruano. La economista manifestó que los primeros meses de haber llegado al Perú fueron los más difíciles. Foto: Cortesía.

Liz, docente y emprendedora

Tiene cinco años fuera de su país, quizá no vivió los peores años de la crisis en Venezuela, pero intuía que los cambios no llegarían pronto. Liz Cabrera vivió en Ecuador hace dos años y medio, pero el repentino fallecimiento de su hermana en ese país, la obligó a venir hasta Perú.

“La muerte de mi hermana fue muy dolorosa, no sabía qué hacer, además, yo tenía cinco meses de embarazo en ese momento, estaba sin mi esposo y sentía que la vida se me venía encima. Agradezco mucho la ayuda emocional recibida, y pido comprensión por nuestra diferencia cultural”, describió Liz, docente venezolana que, para reinventarse, vende productos de belleza a través de las redes sociales.

Liz Cabrera rechaza que la mujer venezolana sea estigmatizada. Foto: Flavio Matos (LR).

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Hay un proceso de intercambio cultural

En muchos casos, los migrantes presentan una compleja situación emocional y se les dificulta superar el duelo migratorio. Pueden llegar a desarrollar ciertas actitudes, algunas patologías y hasta depresión.

“A nosotros los venezolanos nos ha costado desarrollar el proceso de la transculturización, que ayudaría a permitir entrelazar ambas culturas (Perú-Venezuela) con beneficios para todos”, describió la psicóloga venezolana Fabiola Romero a La República.

“Las dos líneas de trabajo que puedan surgir es que (los venezolanos) aprendamos a ser migrantes y ustedes, los peruanos, a ser país receptor”, concluyó.

Estas cinco historias, nos muestran quiénes somos en la adversidad ante el espejo del destino.

Las cifras

En El Perú residen más de 860 000 venezolanos, de los cuales el 58% son mujeres.

En tanto, el 88% tiene trabajo, pero la mayoría en condiciones de informalidad (no cuenta con un contrato de trabajo).

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