El poder y la gloria

“Lo que revela David Yallop es la determinante responsabilidad del papa Wojtyla en encaminar a su iglesia por caminos equivocados e irreversibles”.

Pedro Salinas
26 Feb 2020 | 5:35 h

En el año 2007, cuando recién firmé con Planeta, la editorial que publica mis textos, me invitaron a presentar en la Feria Ricardo Palma el último libro de David Yallop (Londres, 1937-2018): El Poder y la Gloria, dentro del oscuro corazón de Juan Pablo II. Pero no acepté. No lo hice porque, en honor a la verdad, no me sentía ni remotamente a la altura de los tobillos del autor británico. Les confieso que, pese a ello, estuve a un tris de decir que sí, porque, ya saben, los congresos literarios son como una forma de turismo vivencial en los que uno puede conocer a sus ídolos y referentes.

A Yallop le precedía además una reputadísima y bien ganada fama de infalible sabueso en el periodismo investigativo. Era una suerte de especialista en desentrañar crímenes no resueltos. La misteriosa muerte de Juan Pablo I, el papa sonriente, para más inri. El Poder y la Gloria es sobre el controvertido pontificado de Karol Wojtyla. Sobre el lado brumoso y opaco del ahora santo polaco.

Curiosamente, viendo las cosas en retrospectiva, el Caso Sodalicio recién me revienta en la cara hacia fines del 2010, tres años más tarde de esta anécdota. En ese segundo los temas eclesiales no me interesaban mucho.

O casi nada, digamos. Y fíjense. Acabo de devorar hace unas semanas el libro de Yallop, y qué creen. Tres ideas tomaron por asalto mi cabeza. La primera, que fui un absoluto idiota al no tomar el generoso ofrecimiento de Planeta para comentar la publicación de Yallop (que terminó siendo su obra póstuma), pues era el pretexto perfecto para conocerle y arrancarle, de paso, un autógrafo. La segunda, debí terminarlo de leer en su momento. No pueden imaginarse lo vigente que es, y lo esclarecedor que hubiese resultado para la investigación que hice con Paola Ugaz. La tercera, Juan Pablo II no es –ni fue- ningún santo.

Eso sí. Fue un gran actor. Su canonización, muy posterior al lanzamiento de este documentadísimo libro, exhibe burdamente lo poco rigurosos que son los procesos de beatificación en el Vaticano. Pero más allá de estas cosas, lo que revela David Yallop es la determinante responsabilidad del papa Wojtyla en encaminar a su iglesia por caminos equivocados e irreversibles.

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