El problema son los ricos

“La propuesta de Bong Joon-ho es un llamado a terminar con la “fractura entre ricos y pobres”, como también a una rebelión contra las élites”.

Alberto Adrianzén
20 Feb 2020 | 6:01 h

Hay momentos en que el cine sorprende. Sobre todo, cuando películas críticas del sistema resultan premiadas como Parásitos o Guasón (Joker). No solo porque siendo dirigidas por personas de países y de culturas distintas (la primera por el sociólogo coreano Bong Joon-ho y la segunda por el norteamericano Todd Phillips), además de sus indudables méritos cinematográficos, expresan, al mismo tiempo, lo que hoy es un estado de ánimo social y político que recorre el mundo.

Como dice en una entrevista el director de Parásitos, Bong Joon-ho, con mi película “nunca he pretendido presentar una metáfora elaborada”. (El Mundo: 20/1O/19). Su idea, más bien, ha sido simple, presentar que “es la familia rica la que hace valer sus privilegios de parásitos de todo un sistema construido por ellos para ellos”. En realidad, Bong Joon-ho parte de reconocer que estamos en una sociedad dividida en clases: “En este caso, se trata de un drama entre ricos y pobres. No hay nada más político que este punto de partida”. Incluso en esa entrevista dice algo que considero valioso: “Junto a la riqueza más evidente siempre aparece una pobreza igual de desmedida. Creo que forma parte del capitalismo preguntarnos constantemente por la clase a la que pertenece la gente. Obedece a una curiosidad natural cuando vas en el metro saber cómo de rica es la persona que tienes en frente”. Para luego añadir: “Sin diferencia no hay capitalismo. Cuanto más extremo es el capitalismo, más extrema la diferencia. No puede haber comunicación entre clases sociales que, cada vez más, viven en mundos completamente diferentes. Y hasta opuestos. No puede haber una idea común de sociedad”. Ahora bien, si no hay “una idea común de sociedad” ni tampoco “comunicación entre las clases”, qué podemos esperar.

Una posibilidad es imaginar, como sucede en el Guasón, la destrucción de una sociedad que convierte a los individuos en marginales, enfermos y miserables, mediante la violencia. Sin embargo, en Parásitos la respuesta es distinta: la tiene que dar el mismo espectador. La propuesta de Bong Joon-ho es un llamado a terminar con la “fractura entre ricos y pobres”, como también a una rebelión contra las élites sobre la base de una simple pregunta: a qué clase pertenece la gente que vemos todos los días. Se podría decir que Parásitos es una película “partisana” ya que el director se ubica abiertamente del lado de una de las partes en conflicto. No es extraño que sus críticos (o adversarios) afirmen que la película “insulta la inteligencia de los espectadores”, que está “tremendamente sobrevalorada”, que “no merece ningún premio” y que promueve “la lucha de clases”.

Hace unas semanas la organización OXFAM “aseguró que (el) 82% del dinero que se generó en el mundo en 2017 fue al 1% más rico de la población global” y que vivimos en un “sistema fallido”. Hace unos días Bill Gates, dueño de Microsoft, que tiene una fortuna valorizada en más de 100 mil millones de dólares, se compró una “yate ecológico” que le costó 650 millones de dólares. Gates podrá ser un individuo responsable con la ecología, pero también es parte de ese uno por cierto que habla OXFAM. Por eso me quedo con la frase Bong Joon-ha: “Creo que forma parte del capitalismo preguntarnos constantemente por la clase a la que pertenece la gente”. Por ello creo que el problema no son los pobres y su pobreza, sino los ricos y su riqueza.