Los nuevos jinetes del apocalipsis

Rafael Roncagliolo

La Republica

“La guerra nuclear solo puede producirse como resultado de decisiones de Estado, y quien la iniciara estaría precipitando su propia autodestrucción”.

Mucho se ha difundido, por las redes, la conferencia del profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén Yuval Noah Harari, pronunciada en Davos 2020. La conferencia se titula “Cómo sobrevivir al siglo XXI” y ha sido publicada por el World Economic Forum.

Para Harari, autor de los ya clásicos libros Sapiens, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI, la humanidad ha alcanzado la capacidad para autodestruirse y desaparecer. Tal apocalipsis, que se puede y urge evitar, podría resultar de cualquiera de los siguientes tres desafíos existenciales: la guerra nuclear, el colapso ecológico o la perturbación tecnológica.

La guerra nuclear solo puede producirse como resultado de decisiones de Estado, y quien la iniciara estaría precipitando su propia autodestrucción. A menos que hubiera demenciales lógicas militares que se impusieran a las consideraciones políticas, como en parte ocurrió en la Primera Guerra Mundial.

El colapso ecológico, en cambio, proviene de intereses económicos y geopolíticos que pueden ser, y son, predominantes sobre cualquier otra razón de Estado. Es el afán compulsivo de ganancias en el corto plazo, lo que lleva al calentamiento global, sin que los Estados hagan nada efectivo por evitarlo. Algunos, para justificar la inacción, hasta llegan a negar las evidencias científicas. La COP en Madrid es la última demostración de la impotencia. Y no hay razones para pensar que Glasgow será diferente. Como dijo la joven Greta Thunberg, en Madrid, la solución no vendrá de las cumbres, sino de los pueblos.

Lo más complejo son los efectos de la perturbación tecnológica, cuyos peligros han sido escrupulosamente listados por Harari y que se resumen en la pérdida de control sobre nuestras propias vidas personales. El manejo de nuestras aspiraciones, creencias y hasta biologías dejará al Gran Hermano de George Orwelll como un novato aprendiz de la vigilancia y manipulación humanas. Y con ello, habrá un aumento dramático de la ya galopante desigualdad, no solo entre las clases, sino también entre los países.

Citando textualmente a Harari: “Los tres desafíos existenciales a los que nos enfrentamos son problemas globales que exigen soluciones globales (…) Cada vez que un líder dice algo como ‘¡Mi país primero!’ debemos recordarle a ese líder que ninguna nación puede prevenir la guerra nuclear o detener el colapso ecológico por sí misma, y ninguna nación puede regular la Inteligencia Artificial y la bioingeniería por sí misma”.

Por lo tanto, y por utópico que parezca, toca desplegar un movimiento mundial de la sociedad civil, para preservar la subsistencia de la humanidad, frente a la destrucción que ya se está produciendo. Ese es el llamado de Greta Thunberg. Amnistía Internacional y Transparencia Internacional son algunos de los ejemplos de que es viable una movilización global de la sociedad civil en defensa de la humanidad misma.

A manera de colofón, cabe lamentar que ninguno de estos temas globales, ni el papel del Perú en el mundo, formen parte de la agenda política peruana, ni siquiera en épocas de confrontación de programas electorales.