La diplomacia armada

“Una guerra contra este país, como ha dicho su presidente Hasán Rohaní, se puede convertir en ‘la madre de todas las guerras’, porque el Irán actual no es el Iraq de 2003”.

Alberto Adrianzén
09 Ene 2020 | 5:23 h

Luego del asesinato por EEUU del general Qassem Soleimani, comandante de la fuerza élite Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, y de Abu al-Muhandis, líder adjunto del Comité de Movilización (PMC) de Iraq, uno puede sacar algunas conclusiones sobre el futuro de las relaciones internacionales en esa región y acaso más allá de esta. Una de ellas es que estamos entrando a una nueva época que significa el fin del derecho internacional y de la diplomacia “formal”. Lo que se viene es una suerte de una “diplomacia armada”, es decir, el empleo de la violencia de manera arbitraria y unilateral, así como el disciplinamiento de los socios de EEUU. Lo que ha dicho el presidente Trump en su mensaje de ayer miércoles, junto con su “pedido” de que el actual Irán debe “desaparecer” políticamente, es que ellos son los dueños del mundo porque tienen las mejores fuerzas armadas del planeta y porque al ser un país autosuficiente su “destino manifiesto” es construir un nuevo orden mundial. Es el nacimiento de una “nueva nación”, camino al fascismo.

Un adelanto de ello lo hemos visto luego del atentado en Iraq. La mayoría de países y de organismos internacionales ni han condenado este hecho ni lo han calificado como un “acto de terrorismo” y menos acusado al gobierno de Trump de ser responsable directo sabiendo que fue él quien ordenó el ataque. Ahora se sabe por declaraciones del primer ministro iraquí que Trump le tendió una emboscada al general Soleimani.

En realidad, lo que sucede hoy es la continuación por otros medios de la invasión de EEUU e Inglaterra a Iraq en el 2003. Invasión que fue calificada por Kofi Annan, Secretario General de la ONU en ese entonces, de “ilegal” porque no tenía el aval de la comunidad internacional y porque su justificación era totalmente falsa: Iraq no tenía “armas de destrucción masiva”. Esta invasión, además, gracias a una resolución del Consejo de Seguridad (1482) aprobada a los pocos días de la caída del régimen de Sadam Hussein y que violaba la Convención de Ginebra, les dio el poder de gobernar Irak y de utilizar sus recursos petroleros para la reconstrucción del país a los Estados Unidos y a Inglaterra. El resultado fue una guerra civil en Iraq y un cambio de la dinámica política, geopolítica y religiosa de la región, así como el control de EEUU del petróleo en esa zona y el ingreso de empresas privadas que hacían negocios con la ocupación.

Por eso el reciente acto terrorista de EEUU en el cual habría participado el gobierno de Israel (Netanyahu celebró este asesinato) es el anuncio de que la ocupación norteamericana en Iraq continuará y que ha llegado el momento de cambiar el régimen de Irán. También de disciplinar a sus socios europeos exigiéndoles que se retiren del Pacto Nuclear que firmaron con Irán el 2015. Este llamado al orden incluye a los países de la periferia.

Sin embargo, con el asesinato de Soleimani, que ha sido calificado como “una estupidez”, mucho ha cambiado. El domingo pasado el parlamento iraquí aprobó el retiro de las tropas norteamericanas en ese país mostrando el aislamiento norteamericano en ese país y que la guerra civil continuará. Y si bien Trump ha bajado el tono luego de que Irán lanzara 22 misiles sobre dos bases militares de EEUU en Iraq, lo cierto es que una guerra contra este país, como ha dicho su presidente Hasán Rohaní, se puede convertir en “la madre de todas las guerras”, porque el Irán actual no es el Iraq de 2003.