Bolivia, hora cero

“El entorno de Carlos Mesa incluye al empresario Camacho, que invita a una guerra de castas. (…) Es una mentalidad de cruzada que puede tener graves consecuencias”

Nelson Manrique
12 Nov 2019 | 5:59 h

Los mandatarios de América Latina caen por lo general porque tienen en su haber una crisis económica que golpea a las mayorías. El gobierno de Evo Morales en cambio está en el primer lugar, por varios años, en crecimiento, desarrollo económico e inclusión social, esto reconocido por el BM y el FMI.

Morales llegó al poder aproximadamente cuando Alan García iniciaba su segundo gobierno.

Alan García apostó a atraer la inversión extranjera regalando exoneraciones tributarias y otras franquicias (como es sabido con una enorme corrupción de por medio) asegurando a las empresas transnacionales ganancias extraordinarias despreocupándose de la destrucción del medio ambiente, o de los derechos de los pueblos en cuyos territorios se realizaban las actividades extractivas. Su discurso “el perro del hortelano” proclamó la política de despojo de sus tierras ancestrales a las comunidades amazónicas, para entregarlas en lotes de miles de ha a grandes empresas. Los nativos afectados no eran “ciudadanos de primera” sino perros, que se oponían al desarrollo nacional.

Evo Morales optó en cambio por cambiar las reglas del juego. Las empresas extranjeras se llevaban el 82% de las utilidades de la explotación del gas y dejaban el 18% para el Estado boliviano. Morales decidió invertir la ecuación: 82% para el Estado boliviano y 18% para las empresas extranjeras. Alan García anunció agoreramente que los capitales fugarían de Bolivia. No fue así; aun con 18% las empresas podían hacer pingües utilidades, y no se retiró ni una sola. Así, pudo desplegar una política económica ejemplar: Bolivia ocupa el primer lugar en América Latina en crecimiento económico desde hace varios años, según el BM y el FMI. Su política social está entre las más avanzadas de la región, incluyendo jubilación para todos los bolivianos, hayan o no hayan cotizado al sistema de pensiones, la mayor inversión en educación, etc.

¿Por qué cae entonces Evo? La ruptura se produjo cuando decidió ir a una nueva reelección, luego de 13 años en el poder, después de perder el referéndum que se había comprometido a acatar. Fue demasiado. Era burda la justificación de que se violaban sus derechos humanos si no le dejaban volver a postular. El argumento de que no había otro que pudiera ocupar su lugar evidencia que no se trabajó para crear una dirección alternativa, que pudiera hacerse cargo un período, para que eventualmente Evo pudiera retornar en el siguiente. Todavía después del informe de la OEA, que él declaró vinculante, calificando las elecciones de no aceptables, se podría haber negociado una transición ordenada, preservando las conquistas sociales claves, pero la insistencia en que volvieran a candidatear Evo y García Liñera cerró esa alternativa. La policía y la fuerza armada le pidieron que renunciara. Una veintena de ministros y parlamentarios se asilaron, lo que constituye un desbande que deja a la derecha la cancha despejada.

La orden de captura de Evo Morales cierra el espacio a una salida negociada. La escalada de violencia es una ominosa posibilidad abierta. El entorno de Carlos Mesa incluye personajes como el empresario de Santa Cruz Camacho, que literalmente invita una guerra de castas. “Ha vuelto a entrar la Biblia al Palacio. Nunca más volverá la Pachamama”, ha proclamado uno de sus colaboradores. Esto, dicho en el Perú, sería una estupidez. Pero en Bolivia, no en vano reconocido constitucionalmente como un Estado pluriétnico e intercultural, es la expresión de una mentalidad de cruzada que puede tener muy graves consecuencias.

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