El hombre cuya respuesta salvó al planeta de una tercera guerra mundial

30 Oct 2019 | 22:27 h
La Tercera Guerra Mundial se pudo desatar en 1962, pero Vasili Arjípov decidió no ejecutar el ataque. Foto: National Geographic.
La Tercera Guerra Mundial se pudo desatar en 1962, pero Vasili Arjípov decidió no ejecutar el ataque. Foto: National Geographic.

Tres oficiales rusos estaban decidiendo si lanzar o no un ataque nuclear contra EE. UU. Los misiles ya estaban listos pero Vasili Arjípov fue el único que se negó.

El 14 de octubre 1962 marcó el inicio de la crisis de los misiles del Caribe. Los espías de Estados Unidos descubrieron que la Unión Soviética (URSS) había instalado misiles balísticos de alcance medio en Cuba, a 200 km del territorio norteamericano, dejando latente la posibilidad de un ataque relámpago. La noticia llegó hasta el presidente Kennedy, quien ordenó una cuarentena y un cerco naval

Con el pasar de los días, la tensión aumentaba. “Recuerdo que había una sensación de que una guerra nuclear estaba por comenzar y que todos nosotros íbamos a morir”, escribe el periodista ruso Vladímir Pózner en su página web. “No todos saben lo cerca que estuvimos de esa guerra”.

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Los temores de las personas eran comprensibles, ya que ambas potencias concentraban suficiente poder nuclear como para dejar al planeta inhabitable.

El 27 de octubre, la Marina de EE. UU. detectó cerca de sus costas un submarino B-59 de la URSS. Como respuesta, provocaron una gran explosión en la profundidad para forzarlos a salir a la superficie.

El estallido generó un apagón del sistema eléctrico del sumergible soviético. En ese momento, los tres oficiales al mando de la nave no sabían si ya había comenzado la guerra con EE. UU. y se vieron obligados a decidir si lanzarían o no sus misiles contra los norteamericanos, según recoge un artículo de National Geographic.

El submarino B-59, donde Vasili Arjípov y otros dos oficiales, estaba armado con misiles nucleares. Foto: nsarchive.

Estaban incomunicados y solo contaban con sus propias opiniones. Por ello, era necesario que los comandantes acordaran una decisión unánime. Dos votaron a favor del ataque; solo faltaba la decisión de Vasili Arjípov, quien finalmente dijo: “No”.

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Es difícil saber el motivo de su respuesta en una circunstancia tensa, pero ya sea por temor o por precaución, la historia recordará su negativa como el instante en que se evitó la mayor guerra nuclear hasta entonces conocida, ya que Estados Unidos no se hubiera quedado con los brazos cruzados si Arjípov aprobaba el ataque.

“Así de cerca estuvimos de destruirnos el uno al otro”, señala Pózner.

Al día siguiente, las negociaciones entre los presidentes de ambas potencias pusieron fin a la crisis de los misiles, el conflicto silencioso que mantuvo a la humanidad en el borde de la destrucción. Sin embargo, la Guerra Fría continuó.

Actualmente existe un evidente grado de desconfianza entre la heredera de la URSS (Rusia) y EE. UU., que continúan supervisando las capacidades nucleares del otro.




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