Los líderes más influyentes de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial fueron juzgados en Núremberg.
Los líderes más influyentes de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial fueron juzgados en Núremberg.

Orgullosos de sus crímenes y ahorcados sin piedad: los nazis juzgados en Núremberg

Tras un histórico juicio de 10 meses, la ciudad alemana presenciaba el veredicto final que condenó a los infames líderes nazis, el 1 de octubre de 1946.

La República
01 Oct 2019 | 13:11 h

El 20 de noviembre de 1945, después de que Alemania cayera totalmente derrotada en la Segunda Guerra Mundial, comenzaron los Juicios de Núremberg. Allí, los 24 líderes nazis de mayor influencia que habían sobrevivido (algunos se habían suicidado, como Hitler; otros se fugaron) rendían cuentas por sus atroces crímenes

Los jerarcas nazis capturados -la mayoría altos mandos de las Fuerzas Armadas de Alemania-pasaron en poco tiempo de los lujos y las comodidades a un severo confinamiento, con agotadores interrogatorios, y escasa ropa y comida.

La ciudad de Núremberg, que había sido sede de las masivas concentraciones nazis, se convertía en la testigo de uno de los juicios más esperados en la historia de la humanidad, con un tribunal integrado por jueces de EE. UU., Francia, Inglaterra y la URSS.

Robert H. Jackson, el fiscal estadounidense, se dirige al tribunal de Núremberg. Foto: CC.

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Los presentes y los ausentes

Si bien se había acusado en total a 611 personas, los ojos de la prensa estaban puestos en 24 nazis, y no por cualquier razón. En aquella lista destacaban Karl Dönitz, gran almirante de la flota alemana y sucesor de Adolf Hitler tras su suicicio; Hermann Göring, comandante en jefe de la Luftwaffe (Fuerza Aérea); Rudolf Hess, secretario particular de Adolf Hitler; Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando de la Wehrmacht (Fuerzas Armadas); Alfred Jodl, jefe del Estado Mayor de la Wehrmacht y Alfred Rosenberg, autor del libro de la racista ideología nazi El Mito del siglo XX.

Entre los grandes ausentes, además de Hitler, figuraban el infame ministro de Propaganda, Joseph Goebbels y Heinrich Himmler, capitán general de las SS; ambos se suicidaron ante la inminente derrota. Asimismo, no se pudo juzgar a los fugados como Josef Mengele, el macabro médico que experimentaba con los prisioneros.

El juicio más tenso de la historia

Desde el primer día del juicio, unos 250 periodistas, fotógrafos y corresponsales de prensa de todo el mundo se amontonaron en las puertas del Palacio de Justicia de Núremberg, resguardado por cientos de soldados de EE. UU.

Las primeras fases de los juicios resultaron positivas para los nazis debido algunos errores de la acusación. En las posteriores sesiones se avivaría la tensión entre ambos frentes. Ese fue el caso de la disputa entre el fiscal estadounidense y Hermann Göring, quien sorprendió a todos con su dominio del inglés y su nulo arrepentimiento sobre los crímenes por los que se le acusaba.

Hermann Göering durante los Juicios de Núremberg. Justificó sus crímenes. Foto: CC.

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El comandante de la Fuerza Aérea alemana reconoció con orgullo su responsabilidad, justificó sus acciones y alegó que todas eran necesarias por el bien de su país. Esta actitud alteró al fiscal en más de una ocasión.

A medida que pasaban los meses, los acusados eran juzgados uno por uno. Finalmente, el 30 de septiembre de 1946, los cuatro jueces presentaron sus conclusiones. Las sentencias fueron leídas el 1 de octubre de 1946.

Los doce

De los 24 jerarcas nazis, siete fueron condenados a largas penas de prisión en la cárcel de máxima seguridad Spandau, y tres fueron condenados a cadena perpetua: Rudolf Hess, Erich Raeder (Comandante en Jefe de la Marina) y Walter Funk (Ministro de Economía).

Solo Hjalmar Schacht, Franz Von Papen y Hans Fritzche fueron absueltos.

En tanto, 12 líderes nazis fueron condenados a muerte.

Los intérpretes tradujeron la sentencia de pena de muerte por ahorcamiento a los cuatro idiomas que se habían usado durante el juicio: “To death by hanging” (inglés), “Tod durch den strang” (alemán), “Kazn cherez poveschenie” (ruso) y “Condamné à la pendaison” (francés), según recoge National Geographic,

Los últimos momentos de los juicios de Núremberg. Los líderes nazis atienden en el tribunal mientras son resguardados por los soldados estadounidenses.

Cuando a los condenados se les dio la oportunidad de decir sus últimas palabras, todos le desearon la gloria a Alemania; ninguno se arrepintió.

Tras los ahorcamientos, se discutió el destino de los cuerpos. Los aliados se opusieron a entregárselos a los familiares, por lo que se decidió cremarlos y esparcer en el río Isar las cenizas.





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