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‘La infancia de los dictadores’: abusos sexuales, torturas y sufrimientos

Hitler, Sadam Husein, Gadafi, Mussolini, Franco y otros dictadores de la historia tienen un pasado en común: una niñez turbulenta que determinaría lo que fueron después.

La Republica
'La infancia de los dictadores' detalla el escenario en que se criaron diez de los tiranos más grandes de la historia.

Dictaduras como las de Adolf Hitler, Mussolini, Sadam Husein, Pol Pot, entre otros, están marcadas por muertes y barbaries. Sin embargo, todos ellos fueron alguna vez niños, inocentes y moldeables como cualquiera.

Entonces, ¿qué hizo que se convirtieran en personas frías y sanguinarias? La periodista francesa Veronique Chalmet puede tener la respuesta. En su libro La infancia de los dictadores explica algunos patrones que comparten la niñez de diez de los autócratas más “destacados” de la historia.

Artista frustrado

En 1889 nació uno de los personajes que, sin discusión alguna, cambiaría el rumbo de la historia universal para siempre. Su madre lo llamaba ‘Adi’, pero su nombre real era Adolf Hitler.

Era muy querido por su progenitora, pero su padre no mostraba el mismo afecto. Él era autoritario y violento. Constantemente Hitler era golpeado y hasta se orinaba por el miedo, lo cual ‘empeoraba’ la situación y provocaba más castigos.

De acuerdo con la psicoanalista Alice Miller, este tipo de estructura familiar fue un prototipo del régimen autoritario que más adelante Hitler emplearía una vez que llegó al poder en Alemania.

Su padre era la única autoridad, los hijos y la madre estaban sumidos ante él y debían aceptar todas sus humillaciones. A causa de esto, a los 11 años Hitler empezó a mostrar rasgos de su futura personalidad.

Cinco años después, tras haber fracasado en el colegio, su madre lo inscribe en una escuela de dibujo y Hitler creyó que podría dedicarse a ser artista. Sin embargo, fracasó otra vez y fue rechazado por la Academia de Bellas Artes de Viena.

El odio del futuro dictador por el mundo y por los judíos empezó a nacer en aquella ciudad austriaca.

Propenso a brutalidades

Durante los tres primeros años de su vida, Benito Mussolini no habló. Por esta razón fue diagnosticado con ‘retraso mental’. Sin embargo, tiempo después comenzó a hacerlo sin parar luego de ver que su hermano robaba toda la atención de su madre.

Al igual de Hitler, recibió violentos castigos por parte de su padre, quien era partidario de la crueldad. Creía que ese tipo de crianza permitiría forjar a un hijo ‘con carácter’.

Esto se proyectaría más adelante en el propio Mussolini, con una “personalidad mórbida, autoritaria, ambivalente y excesiva”, describe la periodista Chalmet.

Incluso, se cree que la violencia que lo caracterizaba se encontraba al límite de la psicopatología. De hecho, a los ocho años de edad ya era considerado en su escuela como un elemento perturbador y propenso a las brutalidades.

Hijo no reconocido

El genocida de Camboya, Pol Pot, tuvo una infancia marcada por sus fracasos escolares y golpes que los maestros le propinaban a causa de esto. Su padre nunca lo reconoció y su madre lo incitaba a ser un hombre sin “piedad para vengarse si se siente traicionado”.

Según Chalmet, su personalidad se transformaría en un delirio paranoico que llevaría a la muerte de más de dos millones de personas en Camboya, entre adultos y niños. De adolescente sufrió abusos sexuales en un harén del rey del país, lo que hizo que también sintiera odio por aquellos que oprimen con su poder.

La moral y la conciencia para Pol Pot no existía. Jamás negó el genocidio que cometió y nunca se arrepintió del hecho.

Superstición y magia negra

Desde pequeño, Idi Amin Dada (Uganda) presenció violencia. Fue criado en una atmósfera de magia negra y crueles escenarios. Su mamá era curandera y utilizaba fetos y desmembraba cadáveres para sus rituales.

Cuando se convirtió en oficial de los británicos, se encargó de los interrogatorios y mostró su lado cruel. “Manejaba este mismo utensilio (el que usaba su mamá para descuartizar), y lo empleaba para cortar el pene de sus prisioneros”; detalla la periodista en su escrito.

Su atrocidad no culminaba ahí. Una vez que asesinaba, trataba a los cadáveres de la peor manera. Les extraía sus órganos y los mutilaba como una muestra de “victoria”.

Rechazado y abusado sexualmente

En Irak se formó Sadam Husein, quien quizás tuvo una de las infancias más complicadas. Su madre nunca lo quiso, intentó abortarlo varias veces y no pudo. Una vez que nació, nuevamente fue víctima de su indiferencia.

A tan solo 5 años, su padrastro le encargaba robar y matar animales para luego venderlos. Ahí fue cuando aprendió a asfixiar, degollar y torturar. Sin embargo, es probable que Sadam encontrara una forma de desahogarse a través de esos actos, ya que era víctima de abuso sexual.

La escritora relata que de niño se convirtió en el esclavo de su padrastro. Esto hizo que a los 9 años se convirtiera en alguien solitario y retorcido. Odiaba mostrar y observar emociones de afecto, se volvió frío y ya de grande siempre detestó que lo tocaran.

Niño mimado

A diferencia de los otros dictadores, Muamar Al Gadafi tuvo una infancia rodeada de excesivas atenciones y comodidades. Fue el único hijo varón de dos pastores de la región Sirte, en Libia.

Todos sus caprichos se hacían realidad y se convirtió en el único heredero de su familia. Esto hizo de él un megalómano, un hombre que creía ser importante para todos y capaz de cualquier cosa.

Una vez que llegó al poder buscó hacerlo realidad a base de muertes y mutilaciones a sus opositores. Él mismo se autodenominó “rey de los reyes de África”.