Guerrilla de exportación

“Quizás Maduro está convencido de que una invasión en regla nunca va a producirse”

Mirko Lauer
11 M09 2019 | 03:32h

La revelación de que los servicios de inteligencia de Nicolás Maduro apoyan a las guerrillas disidentes de las FARC y al ELN es de gran impacto, pero de ninguna manera un escenario nuevo. Desde hace más de 10 años son públicas y notorias las densas relaciones del chavismo con esos dos movimientos subversivos en la vecina Colombia.

Caracas ha negado su intromisión en todo momento, pero el último informe de la revista Semana de Bogotá es convincente. Como lo fue el descubrimiento de apoyo financiero y logístico venezolano en el 2008, cuando fue capturada adentro de Ecuador la computadora de Raúl Reyes, apodo de un prominente cabecilla de las FARC, entonces en plena expansión.

La actitud del chavismo configuró desde un inicio un serio casus belli para Bogotá. Pero en estos decenios Colombia no ha estado en condiciones para sumar un frente internacional al problema de los dos poderosos movimientos subversivos del interior. Menos cuando Caracas tenía, junto a toneladas de armamento ruso, los recursos de la bonanza petrolera.

Hoy algunas cosas han cambiado en Venezuela, pero Maduro sigue jugando a la geopolítica cubana de los años 60, cuando un Fidel Castro acosado pero con respaldo soviético consideraba que su mejor defensa era sembrar América Latina de frentes guerrilleros. Esa estrategia fue ostensiblemente enterrada en Bolivia, en 1967, con la ejecución del Che Guevara. Pero en Caracas el tráfico de guerrilleros ha mantenido una existencia zombi.

Se crean así muy extrañas situaciones. La Habana ha patrocinado el proceso de paz con las FARC en Colombia, pero no ha dejado de apadrinar al régimen de Maduro, aparece promoviendo la lucha armada en ese mismo país. Así, mientras se intenta atajar una invasión de los EEUU, se practica la invasión de facto a territorio colombiano. Mientras Cuba ayudó a aplacar las llamas, Maduro las ha seguido avivando.

Quizás Maduro está convencido de que una invasión en regla nunca va a producirse, y que más bien un conflicto armado fronterizo de baja intensidad podría salvarlo de terminar estrangulado por el bloqueo económico de Washington. De otro modo no se entiende la permanente provocación a Colombia. Además, la baja intensidad militar siempre es una carta peligrosa, por impredecible.

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