Disrupción amazónica

“La experiencia fallida de Brasil es una oportunidad para no repetir errores y convocar a verdaderos crack globales, que innoven disruptivamente”

Maite Vizcarra
25 Ago 2019 | 0:58 h

Lo que está pasando en la selva amazónica brasileña coloca al Perú en una situación de inusitada relevancia, considerando que nuestro país es el segundo con mayor extensión en esa selva. Inusitada relevancia, porque la cobertura global que ha tenido la crisis ambiental en la Amazonia brasileña ha conmovido a todo el globo, incluido el mismísimo G7. Y ese impacto global no lo tenemos calibrado, en tanto privilegiados tenedores de esa basta extensión de vida, a la que llamamos “selva”, pero de la que tenemos tan poco conocimiento, comparado con su enorme impacto en la humanidad. Si nos sentimos aliviados por tener unos recursos minerales que siempre “nos salvan la vida”, cada vez que una crisis global azota al resto del globo, sobre la Amazonia aún no tenemos una clara conciencia sobre qué implica tenerla ahí, cerca. Más aún, no tenemos habilidad para “convivir” con ella de una manera “inteligente”. Por lo que vamos a requerir formas visionarias de hacerlo para no repetir los errores de otras experiencias vinculadas con la prosperidad en base a los recursos naturales. En ese sentido, estamos obligados a ser pioneros, y ahorrarnos el eventual “bullying” de la opinión pública global. La experiencia fallida de Brasil es una oportunidad para no repetir errores y convocar a verdaderos crack globales, que innoven disruptivamente. Una fórmula disruptiva implicará modelar prosperidad sobre un modelo de gobernanza/acuerdos/incentivos que convoquen, vean más allá del corto plazo y las rentas inmediatas, pero de mucha tecnología. Literalmente, habrá que usar disrupción: “un proceso o una forma de hacer cosas (...) que expulsa y desplaza los que se usaron antes” (Fundeu.es).

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