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¿Por qué los presos están pidiendo morir en la silla eléctrica en vez de recibir inyección letal?

El último jueves, otro recluso de EE. UU. murió electrocutado tras solicitar esta modalidad y así evitar la inyección letal. Es la tercera persona que elige esta opción en menos de un año.

Los presos que se son ejecutados en la silla eléctrica mueren en un periodo de 15 o 30 segundos. Foto: Difusión.
Los presos que se son ejecutados en la silla eléctrica mueren en un periodo de 15 o 30 segundos. Foto: Difusión.

Dos días antes de su ejecución en Tennessee (EE. UU.), el preso sentenciado a muerte Stephen Michael West pidió a las autoridades cambiar la forma en que sería ejecutado. Se trata de otro condenado que se suma a la lista de los que prefirieron la silla eléctrica en vez de la inyección letal.

Debido a que los delitos de Stephen, de 56 años, se cometieron antes del 1 de enero de 1999, el preso podía elegir entre uno de los dos métodos para su ejecución, según informó el Departamento de Correcciones de Tennessee (TDOC, por sus siglas en inglés).

Stephen Michael West. Foto: Tennessee Department of Correction.

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En el último año, ya son tres condenados que eligen morir en la silla eléctrica, ya que argumentan que la inyección letal les hará pasar por una agonía más dolorosa y prolongada. La consideran una “tortura inconstitucional”. Pero, ¿qué hace a este método más temido que recibir 1750 voltios de electricidad en todo el cuerpo?

Apoyados en estudios médicos, los abogados de los presos aseguran que el primero de los tres fármacos que se suministran en la inyección letal, el sedante midazolam, no calma el dolor ocasionado por los siguientes dos compuestos, según indica el diario The Tennessean.

Según los cálculos, el condenado padecería esta agonía durante los últimos 10 a 18 minutos de su vida en contraste con los 15 a 30 segundos de intenso dolor que le causaría la potente descarga en la silla eléctrica. Además, el individuo electrocutado enfrentará una muerte segura, algo que no ha garantizado del todo la inyección letal.

El 15 de septiembre de 2009, el preso estadounidense Romell Broom sobrevivió a la inyección letal luego de recibir 18 pinchazos en diversas partes del cuerpo durante dos horas de terrible dolor, en la Prisión Sur de Lucasville, Ohio. Las autoridades decidieron suspender la ejecución y posponerla una semana después para que se intente el mismo método otra vez.

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Una violenta muerte para un brutal asesino

En 1986, Stephen Michael West asesinó a dos mujeres, una madre (51) y su hija (15), a quienes ató de manos y las apuñaló. Por este crimen fue condenado a muerte en 1987.

Según el patólogo forense encargado, la adolescente recibió 17 puñaladas en el estómago, de las cuales 14 fueron “cortes tipo tortura”. Asimismo, indicó que la menor fue violada antes de morir.

La mañana del martes, West estaba en la celda donde los presos esperan su ejecución, conocido como ‘el corredor de la muerte’. Ahí escogió la que sería su última cena.

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El último jueves 15 de agosto, el día de su ejecución, West hizo dos referencias a la Biblia como sus últimas palabras, antes de morir electrocutado en la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend (Nashville).

Según el TDOC, Stephen fue declarado muerto a las 19:27 horas locales.

Cada vez quedarán menos presos con delitos ‘antiguos’, por lo que no tendrán el ‘privilegio’ de Stephen y sus antecesores de evitar la inyección letal.