Caso Assange y libertad de prensa en el debate

La Republica
Redaccionlr

Imputado. Acusaciones de EEUU contra el fundador de Wikileaks pdor difusión de material secreto ponen en discusión la libertad de expresión, prensa y Ley de Espionaje.

AFP, El País, Agencias

Hasta ahora, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, era perseguido por conspiración en el pirateo de los ordenadores del Pentágono en 2010. Pero esta semana, la justicia norteamericana presentó diecisiete nuevos cargos contra él y el caso pasó a girar en torno al alcance de la primera enmienda de la Constitución de EEUU

A Assange se le acusa de vulnerar la Ley de Espionaje, tras la masiva difusión de documentos militares y diplomáticos confidenciales en 2010, en lo que fue la mayor filtración de la historia de Estados Unidos. Y alcanza a la libertad de prensa.

Al actualmente detenido en Londres –desde abril cuando Ecuador le retiró la protección en su Embajada–, Estados Unidos lo responsabiliza de haber puesto en peligro a algunas de sus fuentes con la publicación en 2010 de unos 750.000 documentos militares y diplomáticos. También lo acusa de "conspirar" con la exanalista informática estadounidense Chelsea Manning, condenada en 2013 por originar la filtración.

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Frente a ello reaccionó la organización Wikileaks en Twitter. "Es una locura", indicó. "Es el fin del periodismo en temas de seguridad nacional y el fin de la primera enmienda" de la Constitución de Estados Unidos que garantiza la libertad de expresión, agregó.

Para Reporteros sin Fronteras (RSF) también la acusación “plantea una amenaza directa a la libertad de prensa y al periodismo de investigación”, mientras Freedom of the Press habló de "un gran peligro para los periodistas".

Se debe a que la justicia estadounidense no solo quiere que Assange rinda cuentas por conspirar en el pirateo de la información, sino también en la difusión. Ante ello, la protección a los periodistas por la primera enmienda de la Constitución quedó reafirmada con el caso de los famosos Papeles del Pentágono de 1971, que había publicado The New York Times. La justicia estableció que se debía condenar la filtración de material clasificado, pero no su publicación, al demostrarse que eran ser de interés público.

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La cuestión es si, pese a no ser periodista, a Assange se le otorga la consideración (y protección) de tal y a Wikileaks un medio de comunicación en lo que concierne a este caso. “El Departamento [de Justicia] se toma muy en serio el papel de los periodistas en nuestra democracia y los agradecemos”, aclaró John Demers, vicefiscal general para la división de Seguridad Nacional, “pero Assange –puntualizó– no es un periodista”.

El debate está abierto. Los cargos de espionaje presentados contra Assange son una amenaza para los periodistas del mundo entero, dice el Comité para la Protección de Periodistas, con sede en Nueva York. “Amenaza para periodistas del mundo que publican lo que las autoridades desean tener en secreto”, dice el comunicado.

“Ustedes deben salvar mi vida”

- Assange envió una carta escrita a mano el 13 de mayo al periodista británico Gordon Dimmack. Dice: “Estoy indefenso y cuento con usted y con otras personas de buen carácter para que salven mi vida. [...] Todos los demás deben tomar mi lugar. [...] ¿El otro lado? Una superpotencia que se ha estado preparando durante nueve años, con cientos de personas y millones de dólares no revelados que se han gastado en el caso [...]. El gobierno de EEUU o, más bien, los lamentables elementos que en él odian la verdad [...] quieren abrirse camino a mi extradición y muerte. [...] “A la larga, la verdad es todo lo que tenemos”.