A 33 años de una de las peores tragedias de la NASA: la explosión del transbordador Challenger

Estefany Lujan
2019 M01 28 | 17:40 h

Christa McAuliffe, destinada a ser la primera profesora en viajar al espacio, falleció en una de las mayores catástrofes de la historia espacial de Estados Unidos. El Challenger se desintegró en pleno vuelo.

Cada 28 de enero la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos) recuerda a sus caídos. Hace 33 años el mundo atestiguó la tragedia del transbordador Challenger, que explotó 73 segundos después del despegue matando a sus siete tripulantes.

Seis astronautas de la NASA, y Christa McAuliffe -primera maestra en viajar al espacio- murieron en el desastre del Challenger.

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Contrariamente a la creencia popular y a lo que parecen indicar las imágenes del desastre, el transbordador espacial nunca explotó en mil pedazos. El fallo que provocó la muerte de los siete astronautas estuvo localizado en el tanque derecho de combustible sólido.

La investigación determinó que el destino de la tripulación ya estaba decidido en el mismo momento del despegue. Un humo negro apareció de una de las cinco juntas tóricas que dividían el tanque de combustible derecho durante los primeros segundos, lo que indicó que esa junta se quemaba. Sin junta, no había aislante que separara de la atmósfera todos los procesos que estaban teniendo lugar en el interior del cohete.

¿Qué sucedio con el transbordador? Hasta el momento de la desintegración del cohete de combustible sólido, la nave se encontraba en perfecto estado. A partir de ese momento, el vehículo perdió toda propulsión por lo que sufrió una deceleración tan pronunciada que se desintegró en diferentes partes. Primero se separó del tanque principal, la pieza naranja sobre la que se montaba, para romperse en diferentes pedazos que dejaron un rastro de humo mientras se precipitaban al océano Atlántico.

Una de las piezas que se separó de manera casi intacta fue la cabina en la que viajaban los siete astronautas. Y aquí se desmonta otra creencia popular generalizada: la investigación del incidente no fue capaz de determinar el momento de la muerte de los ocupantes. Los siete pasajeros estaban en sus asientos cuando se encontró la cabina bajo el mar. Aunque es probable que sobrevivieran a la desintegración de la nave, se cree que perdieron el conocimiento por la despresurización de la cabina o a causa de las fuerzas gravitatorias —entre 12 y 20G— a las que se vieron sometidos. El hecho de que tres de las mascarillas de oxígeno, que se activaban manualmente, se encontraran fuera de su lugar pone en duda la veracidad de esta teoría. Finalmente, la cabina impactó en el mar a 321 kilómetros por hora.