A 40 años de la Masacre de Jonestown, el mayor suicidio colectivo de la historia

Estefany Lujan
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Cientos de personas, entre niños y ancianos, tuvieron que suicidarse por orden de Jim Jones, un supuesto líder religioso que los instó a beber un jugo de uva combinado con cianuro.

El 18 de noviembre de 1978 el mundo quedó conmocionado por un evento ocurrido en la selva de Guyana, en América del Sur. 913 personas se suicidaron luego de beber un coctel de jugo de uva en el que diluyeron cianuro; la orden provino de Jim Jones, el líder de la secta El Templo del Pueblo.

Las últimas palabras que oyeron las 913 víctimas fueron: "Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía". Tras las declaraciones bebieron el mortífero coctel. ¿Por qué Jim Jones ordenó la muerte de sus seguidores? 

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Para explicar la decisión de Jim Jones y sus seguidores hay que remontarse a la historia de la secta. El líder de la secta fundó el Templo del Pueblo en su natal Indianápolis, estado de Indiana (Estados Unidos), en la década de los 50, con la idea de construir un “paraíso socialista”, donde no exista fronteras de raza o nacionalidad.

Ya en 1975 sus ideas lo llevaron a  Guyana, una excolonia británica ubicada al lado de Venezuela, donde decidió fundar una localidad en la que se viviera el ideal forjado en el interior del Templo del Pueblo. Allí nació Jonestown.

"Jonestown es un lugar dedicado a vivir por el socialismo, por la equidad económica y racial. Estamos viviendo de una forma común increíble", se escucha en una grabación que fue recuperada el FBI estadounidense durante las investigaciones de la masacre.

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El inicio del fin de Jonestown

Mucho antes del día de la tragedia, Jim Jones creó las denominadas “noches blancas”. ¿En qué consistían? 

De acuerdo al relato de las investigaciones revelado por el FBI en las extrañas sesiones se simularon suicidios con cianuro y otras sustancias. En dichas reuniones Jim Jones empezó con delirios paranoicos y acusó de  "traidores" y "cerdos capitalistas" a quienes querían intervenir su paraíso socialista. Además, señaló que la CIA tenía intenciones intervencionistas en su localidad.

"Durante estas noches blancas, Jones le daba a los miembros de Jonestown cuatro opciones: huir a la Unión Soviética, cometer un 'suicidio revolucionario', quedarse en Jonestown para luchar contra los invasores o huir hacia la selva", reveló el informe del FBI. Dichas acciones fueron calificadas como parte de un proceso de "lavado de cerebro".

En octubre de 1978 las denuncias sobre abusos en Jonestown alcanzaron los oídos del representante a la Cámara por el estado de California, Leo Ryan. El parlamentario decidió visitar Jonestown.

"Con la inminencia de la visita, Jones comenzó a hablar en un tono fatalista y a reforzar su discurso. A tratar de traidores a las personas que intentaran irse con el congresista Ryan", dijo Johnston Kohl.

Asesinatos antes del suicidio colectivo

De acuerdo al testimonio de los pocos sobrevivientes de aquella jornada, el 18 de noviembre el congresista Ryan concluyó su visita a Jonestown. Y antes de salir en una avioneta rumbo hacia Georgetown invitó a las personas que quisieran irse con él de regreso a Estados Unidos.

Unos cuantos miembros del Templo aceptaron la invitación, aparentemente. Ellos salieron junto a la comitiva que incluía a tres periodistas. Sus verdaderas intenciones se revelaron a mitad de camino: los seguidores de Jim Jones sacaron sus armas y acribillaron a Ryan y a los demás. Todos murieron.

Tras estos asesinatos, Jim Jones encaminó a sus seguidores hacia la muerte. El 18 de noviembre reunió a todos los integrantes de Jonestown y los persuadió para realizar una revolución de “muerte”.

"Por el amor a Dios, ha llegado el momento de terminar con esto", se puede escuchar en las grabaciones en estado de casi delirio. "Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo. Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados", sentenció.

"Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía". Y llegó el fin de 913 personas.

Acerca de los seguidores de Jim Jones

A pesar de que los seguidores de Jim Jones fueron acusados y estereotipados como idiotas siniestros y con el cerebro lavado, el periodista Tim Reiterman argumenta que muchos eran "personas decentes, trabajadoras y socialmente conscientes, algunos de alto nivel educativo", que "querían ayudar a sus semejantes". y servir a Dios, no abrazar una deidad autoproclamada en la tierra ”.