Brasil sufre una campaña marcada por la violencia

Elecciones presidenciales. El 28 de octubre se decide la presidencia de Brasil. La campaña será recordada como una de las más inciertas de los últimos tiempos.

Elecciones presidenciales. El 28 de octubre se decide la presidencia de Brasil. La campaña será recordada como una de las más inciertas de los últimos tiempos.

Brasil vive una campaña electoral marcada por agresiones y amenazas contra adversarios políticos, periodistas y homosexuales, y el temor de que una victoria del ultraderechista Jair Bolsonaro, partidario de despenalizar la actuación policial en operaciones contra la criminalidad, ponga a las favelas en la mira.

Julyanna Barbosa, una mujer trans, esperaba el miércoles un autobús en Nova Iguaçu, en la zona oeste de Río de Janeiro, cuando fue atacada por vendedores ambulantes que le gritaban: "Bolsonaro tiene que ganar para sacar a toda esa basura de la calle", contó la exvocalista del grupo funk Furação 2000.

"Fui a pedirles explicaciones y uno de ellos me pegó con una barra de hierro en la cabeza. Me caí y todos se me tiraron encima. Nadie hizo nada", relató Julyanna, quien tuvo que recibir diez puntos de sutura en la cabeza.

En un campus universitario de Curitiba, un joven que llevaba un gorro del Movimiento de Trabajadores rurales Sin Tierra (MST) fue apaleado el martes.

La Abraji (Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación) registró 137 agresiones -75 digitales y 62 físicas- contra 126 periodistas en casos relacionados con las elecciones.

Uno de los casos más sonados fue un conocido maestro de capoeira, Moa do Katendê, de 63 años, quien fue asesinado a puñaladas el lunes en Salvador, la capital del estado de Bahía, tras haber increpado a un elector de Bolsonaro. Sin embargo, el acusado, interrogado en la comisaría, se desdijo y aseguró que el crimen no tuvo que ver con la política. Bolsonaro condenó la cobertura del hecho: "¡Prensa basura! El asesino del profesor de capoeira no es elector de Bolsonaro", tuiteó.

Pedido de candidatos

"La violencia no se responde con violencia", advirtió Fernando Haddad, del PT. Bolsonaro se limitó a "lamentar" las agresiones, recordando que fue una víctima de la intolerancia cuando el 6 de setiembre una puñalada le pudo costar la vida. El miércoles adoptó una posición más firme. "Prescindimos del voto (...) de quien practica violencia" contra adversarios políticos, tuiteó.

"Ese llamamiento es bienvenido, porque la situación es muy delicada", afirmó el sociólogo Ignacio Cano, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Pero el aumento de las agresiones "era absolutamente previsible, porque todo lo que ocurre está empoderando a los sectores más retrógrados e intolerantes, que se sienten legitimados por el voto popular", agregó.

El escritor Anderson França se hace eco de "una preocupación social y humanitaria, por un discurso de odio contra mujeres, gays, negros y habitantes de las favelas". "Dentro de la tradición de los movimientos sociales en América Latina, una autorización previa para que la policía mate y ejecute en operaciones es dar carta blanca a la violencia del Estado", alerta.

Se acusan

- El ultraderechista Bolsonaro dijo que Brasil está en riesgo de volver al comunismo y el socialista Haddad señaló que el país puede caer de nuevo en una dictadura. El primero ganó en primera vuelta con 46% de los votos contra el 29% de su rival.

- En radio y TV apelan a las emociones

- El duelo por la segunda vuelta en Brasil entró en el terreno de la propaganda televisiva: sin dejar de explotar el miedo, los dos candidatos buscan seducir con su lado más sensible tras despellejarse en redes.

- En su intento por llegar al segmento de la población de menos recursos, que no está en Facebook ni en Twitter ni en Instagram, el ultraderechista Jair Bolsonaro y el izquierdista Fernando Haddad comenzaron a hacer uso del tiempo gratuito en televisión y radio que les garantiza la ley electoral. Ambos intentan explotar las emociones.

- Incluso, Bolsonaro apeló al llanto ante las cámaras, y el segundo a sus dotes con la guitarra. Aunque ninguno renunció a la estrategia del miedo en un país acosado por la inseguridad, el desempleo y la corrupción.

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