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América Latina se queda sin mujeres presidentas

La Republica
Redaccionlr

Realidad. ¿Cuánto cambió realmente la región en machismo, sexismo y poder? Con el triunfo de Piñera en Chile y la partida de Bachelet, la región vuelve al dominio masculino. ¿Retroceso?

América Latina está a punto de volver a una situación que le era ajena desde hace más de una década: todos los países de la región estarán en breve presididos por hombres. Es lo que marca el triunfo en Chile del empresario Sebastián Piñera, quien sucederá a Michelle Bachelet desde marzo.

Cuando Bachelet asumió su primer mandato en 2006, América Latina parecía cambiar su historia de domino masculino en los cargos más altos de poder. Al año siguiente ocurrió la victoria de Cristina Fernández en Argentina y en 2010 la tendencia se afianzó con la elección de Dilma Rousseff en Brasil y Laura Chinchilla en Costa Rica.

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Puede ser un retroceso

Ahora que América Latina se quedará de un día para el otro sin presidentas por un tiempo desconocido, algunos advierten que podría desandarse al menos parte del camino recorrido para apoderar a las mujeres. "Hay un problema muy serio en la región: tratar de avanzar y no permitir que haya retrocesos", dice Carmen Moreno, de la Comisión Interamericana de Mujeres.

"Es una realidad que tiene que ver con que de pronto las mujeres avanzaron mucho y asustaron a todos: hay una reacción en los partidos políticos que dicen '¿y por qué tienen que ser mujeres?'".

La historia de mujeres presidentas en países latinoamericanos se inició bastante antes de la última década: la argentina Isabel Martínez fue la primera en llegar al cargo, en 1974, tras la muerte de su esposo Juan Domingo Perón.

Luego hubo otras mujeres que encabezaron los gobiernos de Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Panamá, ya sea como electas o interinas. Pero los ascensos al poder de Bachelet, Fernández de Kirchner y Rousseff fueron especiales porque, en pocos años, hicieron que una porción significativa de la población y la economía de Sudamérica pasara a estar presidida por mujeres. No obstante, este primer ciclo de mandatarias contemporáneas concluye de un modo lejos de lo ideal.

Rousseff fue destituida el año pasado por el Congreso, en un juicio político por manipulación presupuestal. En Argentina, Fernández enfrenta un procesamiento con prisión preventiva por el caso AMIA. En Chile, el triunfo de Piñera, supuso un revés para Bachelet, aunque no era candidata.

¿Qué está pasando?

Bachelet pidió "analizar más a fondo qué está pasando: en muchas partes del mundo, las mujeres están abandonando la política porque no les gusta el rumbo que la política está tomando". Y coincidió con Rousseff en que "se hacen diferencias sexistas en cómo se percibe a hombres y mujeres en posición de liderazgo", al evaluar si son duros o débiles.

Carmen Moreno afirma que en América Latina existe actualmente "un movimiento fuerte que quiere que las mujeres se regresen a su casa a cuidar a sus niños y nada más".

Los fundamentalistas

"Son gente que está en contra de los derechos de las mujeres. En algunos casos se han unido algunas iglesias a esos fundamentalistas. Pero no es que se pueda decir que es la izquierda o la derecha. Son fuerzas conservadoras (…) que están contra la igualdad entre hombres y mujeres", afirma.

Otra cuestión es si las presidentas latinoamericanas hicieron todo para reducir la desigualdad entre mujeres y hombres en sus países. Fernández y Rousseff impulsaron medidas por ejemplo para combatir la violencia de género, endureciendo las penas previstas para ciertos crímenes. Pero muchas feministas les reprochan haber evitado el debate sobre el aborto y los derechos reproductivos femeninos. Bachelet sí libró una batalla en ese sentido y señala como uno de sus logros la aprobación de una ley que este año despenalizó parcialmente el aborto, por tres causales: en casos de violación, cuando el feto es inviable o la vida de la madre está en riesgo.

Más allá de todos los errores o aciertos de cada una, Rousseff, Fernández y Bachelet fueron blancos de críticas, insultos y comentarios sexistas durante sus gobiernos. "La pregunta", dice, "podría ser si las presidentas mujeres son juzgadas de manera diferente en medio de escándalos de corrupción o escándalos que involucran al Poder Ejecutivo".