Las hijas del apu Ausangate en Cusco

Mágico. A tres horas de la ciudad de Cusco se encuentra la comunidad de Pacchanta, distrito de Ocongate, un lugar mágico custodiado por el nevado Ausangate. Este lugar que antes era visitado por numerosos turistas extranjeros se ha visto duramente afectado por la pandemia.

Hijas del Ausangate. Vilma, Bertha y Verónica (de izq. a der.) posan frente al apu Ausangate. Ellas esperan la reactivación del turismo para comercializar sus productos a los turistas. Foto: Juan Carlos Cisneros
Hijas del Ausangate. Vilma, Bertha y Verónica (de izq. a der.) posan frente al apu Ausangate. Ellas esperan la reactivación del turismo para comercializar sus productos a los turistas. Foto: Juan Carlos Cisneros
LR Sur

Por: Juan Carlos Cisneros

El centro poblado de Pacchanta (4.200 m s. n. m.), que pertenece al distrito de Ocongate, es un lugar mágico custodiado por el nevado Ausangate en Cusco. Este recinto natural era visitado por numerosos turistas extranjeros, pero se ha visto duramente afectado por la pandemia. La presencia del turismo nacional y extranjero es escaso.

Esta pequeña comunidad, conformada en su mayoría por mujeres, se dedica a la fina artesanía del lugar. Además, tiene a su cargo hospedajes para recibir a los visitantes. Muestra de ello son las hijas del Ausangate, Bertha Jara (28), Veronica Mandura (23) y Vilma(17).

Vilma, nació a las orillas de las lagunas, en una cabaña exactamente en Qomer Cocha. Ella trabajaba en un restaurante que emprendió junto con su hermana mayor, pero debido a la pandemia también percibió la ausencia de turismo extranjero, que era su mayor fuente de ingresos. Argumenta que llegan pocos turistas nacionales y “son muy pocos los que adquieren artesanía local”.

Bertha Jara Mamani (28) es natural de Pacchanta. Ella es dueña de un hospedaje y un restaurante localizado muy cerca del apu Ausangate. “Los mejores meses para visitar Pacchanta son de mayo a septiembre, los esperamos con los brazos abiertos”, precisa.

Verónica Mandura Flores (23), artesana, trabaja principalmente con prendas de alpaca, chalinas, medias, guantes que alcanza a vender eventualmente en tiendas del Valle Sagrado (Urubamba). Aprendió de su madre y abuela Valentina, quienes le enseñaron los secretos del hilado cuando ella tenía ocho años de edad.

Tuvo que dejar sus estudios de inglés y francés que llevaba en la ciudad de Cusco debido a los meses duros de la pandemia. Actualmente sale desde muy temprano hacia el distrito de Ocongate para trabajar en un restaurante, y por las tardes continúa tejiendo artesanías para no descuidar la tradición ancestral.

Comunidad se dedica a la fina artesanía del lugar. Foto: Juan Carlos Cisneros/ La República

Bertha Jara Mamani (28), es natural de Pacchanta. Foto: Juan Carlos Cisneros/ La República

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