La ONG Despierta Japón brinda capacitación sobre negocios e idiomas a extranjeros. De Japón importa Ohana, papel sanitario ecológico que se disuelve al contacto con el agua.
La ONG Despierta Japón brinda capacitación sobre negocios e idiomas a extranjeros. De Japón importa Ohana, papel sanitario ecológico que se disuelve al contacto con el agua.

Víctor Marcial: “Vi muchos maltratos y producto de eso dije que lo iba a cambiar”

Creador de la ONG Despierta Japón, de ayuda a migrantes.

La República
07 Dic 2019 | 6:55 h

Por: César Zorrilla

Su padre dejó el Perú para buscar en Japón un mejor porvenir, y años después él y sus hermanos también lo hicieron. Víctor Marcial creó una ONG que ayuda a insertar mejor a los trabajadores residentes en la difícil sociedad japonesa.

–¿Su padre sufrió maltrato laboral en Japón?

–Él lavaba mallas deportivas y ganaba una miseria. No quiero decir que era explotación, pero era lo que se ganaba en esa época. Realmente la pasó mal.

–¿Solo ocurría con su papá?

–A los padres de mis amigos los explotaban, no les daban seguro, no tenían vacaciones, les pagaban menos que a un japonés, los botaban en cualquier momento, vi muchos abusos laborales. Hasta hace unos años los extranjeros no tenían derechos en Japón. Por esa situación, decidí ayudar a cambiarla.

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–¿Fue difícil adaptarse a vivir en Japón?

–Al principio, el choque tremendo. Uno lo imagina como un país con lo último en tecnología, comodidades y no es así. Japón es parecido al Perú: tiene grandes ciudades y posee muchas zonas rurales. Para mí fue difícil ir de la ciudad al campo.

–¿Hay dificultades en el colegio?

–En la secundaria, los estudiantes mayores se acercaban a maltratar a los extranjeros, y al venir una autoridad del colegio decían que era nuestra culpa. El idioma no me dejaba explicar.

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–¿Sus padres qué podían hacer?

–Poco. Tus padres no podían ir al colegio y hablar con el profesor del maltrato. Por todo eso, fundé la ONG Despierta Japón, para que ningún niño extranjero pase lo que yo y otros pasamos. Hay un alto índice de suicidio porque al suceder un problema aíslan a la persona. Es algo cultural. Veo que se está arreglando.

–¿Qué pasaron sus hermanos?

–Mis hermanos la pasaron bien allá, yo fui quien más sufrió, quizá por mi carácter. Defendía a mis compañeros extranjeros. No me gustaba que alguien sufra y quedarme de manos cruzadas .

–¿En qué momento cree que cesan los malos tratos?

–Las diferencias las sentí hasta que puse mi empresa, 22 años. En el medio japonés hay diferencias hasta que te haces un nombre, haces algo diferente.

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–¿Qué es eso ‘diferente’?

–Es salirte del sistema. Yo decía que quería estudiar Derecho y me decían que ni los mismos locales podían. Me decían busca una fábrica para trabajar.

–Pero estudió en Nagoya.

–Estudiando Derecho me di cuenta de que no iba a cambiar las cosas desde un tribunal, sino desde el trabajo, donde a los empleados se les brinde el apoyo y derechos que mi padre no tuvo. Mi empresa financia la ONG, ofrezco clases gratuitas de japonés a extranjeros, charlas de emprendimiento a bolivianos, peruanos, brasileños y de otras naciones.

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–¿Afecta las rentas de la empresa?

–Pasamos aprietos sí, pero tengo fe en Dios y soy muy positivo como para pensar en cosas negativas.

–¿Aun cuando sea insostenible?

–Hasta el último día seguiría dejando la marca que dejo ahora. Me importa mucho la riqueza personal. Algún día tendré muchos hijos y lo único que quiero es que ellos se sientan orgullosos del padre que tuvieron.

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