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La Contra

Jorge Coáguila: “Con que digan que divulgo la obra del maestro, me contento”

Hoy se cumplen 90 años del nacimiento de Ribeyro. Coáguila ha revisado varios inéditos gracias a familiares del escritor. “Hay novedades que no debo anunciar”, indicó.

Jorge Coáguila | Estudioso de la obra de Julio Ramón Ribeyro.
Jorge Coáguila | Estudioso de la obra de Julio Ramón Ribeyro.

Por: Carlos Páucar

¿Te sientes un estudioso de Julio Ramón Ribeyro, un ribeyriano? ¿Te gusta ese calificativo que te dan periodistas o literatos?

Soy un estudioso de la obra de Ribeyro, sí. ¿Si me gusta? Claro, pues es un autor que admiro mucho. Es muy apreciado por la crítica literaria. Hay una gran cantidad de libros que se han publicado sobre su obra. Espero haber contribuido en difundir su obra.

¿Cómo crees que llega Ribeyro a este nuevo siglo? ¿Es más conocido, querido, leído?

Querido porque hay muchas muestras de cariño. Hoy en la tarde, en el busto que hay al final de la avenida Pardo, habrá lecturas realizadas por quienes lo admiran. Muchos lectores le dejan cajetillas de cigarrillos al pie del monumento. Es una muestra de afecto. En su tumba, en Jardines de la Paz, en La Molina, ocurre lo mismo. Han transcurrido 25 años de su muerte. Veo que la gente lo admira y quiere más. Cuando Ribeyro falleció solo existían tres libros acerca de su obra. Después de su muerte, hay casi 30.

¿Cuánto ha cambiado la Lima que describió Ribeyro?

La mayoría de los cuentos de Ribeyro se desarrollan en Lima. La ciudad que retrata, principalmente, va de la década de 1930 a la de 1950, cuando vivió su infancia y juventud. La de los tranvías, los boleros, los valses, la que vivió la dictadura del general Odría. Ribeyro contaba que de pequeño, en su barrio de Miraflores, hacia 1930, todos se conocían. Luego, cuando decidió volver al Perú, a inicios de la década de 1990, la ciudad dejó de ser una especie de aldea encantada. Se transformó muchísimo. Sin embargo, el espíritu de los limeños que él retrató pervive.

¿Por qué crees que no ha surgido alguien que escriba sobre Lima y los limeños como Ribeyro lo hizo?

Como Lima ya es inmensa, es complicado llevarla en su integridad a la novela. Lo que tenemos son imágenes, fragmentos de esta Lima. Además, ya no solo se cultiva el realismo social. Ahora tenemos muchos textos íntimos, más personales.

¿A cuál Ribeyro prefieres: al cuentista o al novelista?

Al cuentista, si me das a elegir entre los dos. Pero agregaría otro: al Ribeyro autor de textos íntimos. ¿Sabes? En España y en otros países se le lee mucho por sus diarios y sus prosas apátridas; más que por sus cuentos.

¿Cómo se inició tu interés? ¿Fue antes o después de conocer al autor?

Mmm... Como todo estudiante de colegio, leí sus cuentos emblemáticos. Quedé maravillado. Continué por mi cuenta. En San Marcos, unos amigos se animaron a visitarlo. Me uní al grupo y nos atrevimos a verlo. La relación personal produjo un enorme interés por saber más de su obra. Su hermano Juan Antonio me ayudó en contactarme mejor con sus libros. Me regalaba recortes cada domingo que lo visitaba.

Le hiciste seis entrevistas a Ribeyro. Si dejamos de lado al literato, ¿qué ser humano encontraste?

Difícil responder. Una vez le pregunté quién es Ribeyro y él me contestó: Qué difícil pregunta, para ello tendría que terminar de escribir mi autobiografía. No la acabó. Puedo ensayar algo: era un tipo muy tímido que fumaba todo el tiempo. Una persona con observaciones brillantes sobre el mundo. Muy inteligente. En la época que lo traté estaba más interesado en disfrutar de las cosas que en escribir. Tenía debilidad por el vino de Burdeos, la música de Bach, los boleros de Luis Miguel, la salsa de Antonio Cartagena. Valoraba mucho la amistad, la lealtad.

¿Crees que te tuvo afecto? ¿Sintió un especial acercamiento contigo, que no tuvo con otros periodistas o investigadores?

Sí. He leído fragmentos de su diario acerca de mí. Esas líneas me enorgullecen. Después de su muerte me han dicho parientes y amigos que les decía que yo soy su biógrafo y su crítico. Me parece una responsabilidad. Con que digan que divulgo la obra del maestro, me contento.