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Salgo a comprar un par de paltas. Frente al antiguo puesto de madera, varios viejos toman su emoliente y revisan los titulares de los diarios. Discuten.

- ¡Este también chapó su plata!

- ¿Y no era ministro?

- ¡Qué ministro! ¡Premier era!

- Vamos a tener que importar políticos. Unos cuantos suizos.

- Al menos ya no vienes con que nos faltan Pinochets.

Nada, dice el viejo desganado. Ese también era tremendo choro. Piden yapa. La gente se queda para escucharlos. Los motivamos. ¿Maestro, entonces ya no queda nadie limpio? Nadie sobrino, todo el mundo está investigado.

- Presidentes PPK, Toledo, Fujimori y Montesinos.

- ¡García!, que en paz descanse.

- Humala, Nadine y Keiko, que es como si fueran medio presidentas.

- Kenji, Yoshiyama, Donayre, Navas, Cubas, Villanueva…

- Los alcaldes Villarán, Castañeda, Moreno…

- Y así ministros, congresistas, jueces, periodistas, empresarios.

Enrollando su bufanda, el más alto saca conclusiones. O sea, toda la clase política. O sea, no eran una clase política sino una clase de pirañas. O sea, ahora que cierren el Congreso vamos a tener que votar por Paolo Guerrero. O sea…

- No es cierre del Congreso, es adelanto de elecciones.

- Ya, pero por quién vamos a votar.

Se van, con las manos en los bolsillos. Los escucho refunfuñar. La cosa es que ahora sabemos que todos son corruptos. Eso es lo malo, porque ya no podemos poner de pretexto que no sabemos. Votar sabiendo es otro precio. Ya extraño la ignorancia. Se ríen.

Hace muchos años regresaba a casa en la combi. Como no tenía sencillo, el cobrador se molestó, demoró en darme el cambio, me agredió verbalmente, y en alianza con el chofer, me hizo pasar varias cuadras de mi paradero.

El III Festival de Música Nativa se realizará el 3 y 4 de agosto en la hacienda Paucartika, en el distrito de Lamay, Calca, en el Valle Sagrado de los Incas. Será epicentro telúrico de voces e instrumentos de Latinoamérica y Europa.

Hasta hace poco se podía cholear impunemente. Sostenía este agravio la conciencia compartida de que, como escribió Ribeyro, la piel del indio no costaba caro. Hoy el insulto no pasa fácilmente. Puede traer denuncias, repudio en redes, intervención de autoridades o la respuesta airada del agredido. El choleo ya no goza de consenso. Al menos no su expresión descarada.

Obviamente esto es positivo. Pero debemos aguzar nuestro entusiasmo. Lamentablemente no hay garantía de más bienestar en el empuje de las identidades antes disminuidas. Nuestro país no será mejor solo porque tenga en el uso del poder o del privilegio más colores de piel.

En los audios de los cuellos blancos hay una conversación clave. Un empresario “emergente” le pide a un juez poderoso que prepare un texto para el principal dirigente del fútbol nacional. Un discurso que destaque su éxito personal y colectivo. Que elogie el lugar simbólico que ocupan como una nueva clase provinciana dirigente.

Es nuestra época dicen. La era de los cholos.

Y estos infames, por lo menos en eso, no faltan a la verdad. Hace mucho vivimos ese tiempo. Pero no es la tierra de todas las sangres creativa imaginada por Arguedas. Es la de Acuñas y Lunas, la de municipios consumidos por mafias bien locales y bien cholas.

El emprendedor cholo que explota brutalmente en sus talleres no es mejor que el pituco blanco que lo hace en minas o restaurantes. Además del racismo, ojalá cambie el modo en que nuestras relaciones reproducen el abuso.