Niñas y adolescentes migrantes venezolanas son las más vulnerables ante pandemia

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18 Dic 2020 | 14:35 h
Uno de cada cuatro menores venezolanos viajan solos o separados, según un estudio de Plan International. Foto: difusión
Uno de cada cuatro menores venezolanos viajan solos o separados, según un estudio de Plan International. Foto: difusión

En el Día Internacional del Migrante, un reciente informe evidenció que se ha incrementado el riesgo de que las menores dejen de acceder a educación y que sean víctimas de violencia sexual.

A diciembre de este año, Perú es el segundo país en Latinoamérica que ha recibido el mayor número de migrantes, refugiados(as) y solicitantes de refugio de nacionalidad venezolana. Según la Plataforma Regional de Coordinación Interagencial para refugiados y migrantes (R4V), la cifra asciende a 1 043 460 personas.

De acuerdo a diversas organizaciones internacionales, las niñas, niños y adolescentes venezolanos se han visto particularmente afectados durante su emigración. Es así que han identificado que, especialmente ante la pandemia de la COVID-19, las menores de edad carecen de documentación formal o se encuentran apátridas, por lo que están más expuestas a sufrir violencia sexual, además de exclusión y discriminación al negarles la oportunidad de acceder a servicios básicos esenciales.

“La pandemia y las políticas de control del contagio han agudizado su situación de desprotección y precariedad”, recalcó Gabriella Fioramonti, gerente de Movilidad Humana de la organización Plan International.

Ser niña y ser migrante venezolana

Según el informe El impacto de la crisis venezolana en niñas” de dicha organización internacional, uno de cada cuatro menores viajan solos(as) o separados(as). Debido a esta situación, esta población se encuentra expuesta a sufrir vulneraciones de sus derechos.

Este fue el caso de Astrid (15), una menor venezolana que emigró desde su país natal a Perú cuando tenía 12 años. Ella contó que cuando empezó clases en Cusco fue víctima de xenofobia por parte de los padres de sus compañeros de colegio.

“Al inicio fue normal, pero, a medida que fueron pasando los días, los padres de mis compañeros comenzaron a decir que yo era una mala influencia para sus hijos”, recordó en diálogo con La República. Por ello, su mensaje a las autoridades de los centros educativos es que “deben estar al pendiente de estas situaciones y hablar con los apoderados para que realmente se preocupen por conocer a una persona antes de opinar sobre ella”.

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Violencia de género

Las diferentes formas de violencia sexual y en contra de la mujer, así como la trata con fines de explotación sexual, son algunos de los mayores riesgos que afrontan niñas y adolescentes. “Se calcula que la violencia de género contra las venezolanas ha empeorado tanto en Venezuela como en los países de acogida”, refirió el informe.

Por ejemplo, en Colombia, las niñas migrantes venezolanas entre 6 y 11 años de edad, seguidas de las adolescentes de 12 a 17 años, son las principales sobrevivientes de delitos sexuales, según un estudio de ONU Mujeres.

Por otro lado, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) también ha advertido que, en países como Perú y Ecuador, las menores de edad están en mayor riesgo de ser víctimas de tráfico de personas y explotación sexual.

Sin acceso a educación

Antes de la crisis sanitaria, se estimaba que alrededor del 50% de niñas(os) venezolanas(os) migrantes solicitantes de asilo o refugiados en Ecuador, Colombia y Perú no estaban matriculados en la escuela. No obstante, con la llegada de la COVID-19 estas trabas aumentaron.

En ese sentido, tras el cierre de los centros educativos por la emergencia sanitaria, las menores se han visto obligadas a hacerse cargo de las tareas del hogar y de cuidado, lo que las pone en riesgo de no regresar a la escuela una vez que finalicen las medidas de mitigación del virus.

“Para las niñas y adolescentes no terminar la escuela puede significar menos oportunidades laborales y de generación de ingresos, lo que las afecta a ellas y a las generaciones futuras”, recalcó Plan International en su investigación.

Sin trabajo ni acceso a alimentación

Una de las mayores preocupaciones de los venezolanos y venezolanas, fuera y dentro de su país de origen, es el acceso a empleos, el cual ha disminuido drásticamente desde que comenzó la emergencia sanitaria y ha sido agravado por la creciente xenofobia.

Es así que “en Perú, la vulnerabilidad de las mujeres venezolanas se agrava y las dificulta más a hallar medios de vida”, detalló la investigación.

Por esa razón, Astrid resaltó que “el status migratorio sí cuenta a la hora de encontrar un trabajo”. “Es importante que [las autoridades] le brinden esta facilidad a los niños, niñas y adolescentes migrantes para que puedan construirse un futuro”, añadió.

Finalmente, la adolescente se dirigió a otros menores venezolanos migrantes que residen en Perú con el objetivo de que continúen soñando en grande para cumplir sus metas. “Quisiera decirles a los chicos que, como yo, les toca llegar a un país extraño que no dejen que los comentarios negativos los detengan”, indicó.