Uruguay: sobrevivientes de violencia sexual durante la dictadura esperan hallar justicia en 2021

Género LR

larepublica_pe

23 Nov 2020 | 3:21 h
Las agresiones sexuales responden a  al cruce de la represión política contra militantes de izquierda y la desigualdad de género, según estudio. Foto: AFP
Las agresiones sexuales responden a al cruce de la represión política contra militantes de izquierda y la desigualdad de género, según estudio. Foto: AFP

Más de 20 mujeres uruguayas llevan años denunciando a los militares porque abusaron de ellas y las torturaron. En marzo de 2021, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos escuchará sus testimonios en una audiencia pública.

En 2011, Ana Amorós y otras 27 mujeres denunciaron penalmente ante la justicia uruguaya a 100 agresores, militares en su mayoría, por violencia sexual y violación que sufrieron durante la dictadura que duró desde 1973 hasta 1985.

Ellas sobrevivieron a torturas y abusos mientras permanecían detenidas en centros clandestinos cuando tenían cerca de 20 años.

Tras esperar varios años, decidieron denunciarlos este año ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Sin embargo, la pandemia retrasó la exposición y ahora deben esperar que la CIDH las escuche en una audiencia pública que se realizará en marzo de 2021, detalló a AFP la abogada del grupo, Flor de María Meza.

Brenda Sosa, expresa política que se encuentra en búsqueda de justicia por casi nueve años. Foto: AFP

En las décadas de 1960 y 1970, en el contexto de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, se instauraron en América Latina una serie de dictaduras. Una de ellas fue la de Uruguay, iniciada en junio de 1973, que precedió en pocos meses a la de Chile, y que se alargó por 12 años, hasta 1985.

Un año antes de que comenzara, Brenda Sosa, una de las víctimas, se escondía en una casa de campo en Canelones, cerca de Montevideo, cuando la vivienda fue rodeada por militares una noche de invierno. En ese entonces, tenía 21 años y era parte de una célula de apoyo logístico al Movimiento de Liberación Nacional (MLN), llamados los ‘tupamaros’.

Dicho grupo guerrillero, al que perteneció el expresidente José Mujica, “estaba en su auge, tenía una buena imagen, tipo Robin Hood, y yo soñaba con entrar”, contó Brenda, quien ahora tiene 69 años y está jubilada.

El pretexto invocado por los militares y los civiles que la impulsaron fue “el peligro” que representaba para la democracia los movimientos guerrilleros de izquierda. El MLN era uno de los más famosos pese a que ya había sido derrotado y cuyos principales dirigentes estaban presos o muertos.

Los testimonios

En la noche de su arresto, trasladaron a Brenda Sosa al noveno cuartel de caballería, en el noreste de la capital uruguaya. La sometieron a interrogatorios que incluían ahogamientos y descargas eléctricas en partes íntimas con un aparato que los efectivos llamaban “la picana”.

Ana Amorós, integrante de la Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales, agrupación armada anarquista, fue arrestada un mes antes. Cenaba junto a una compañera cuando dos camiones repletos de militares se presentaron en su puerta. La ahora escritora de 72 años detalló que cuando llegó al cuartel, la desnudaron. “Te pasaban una fusta, lo que usan para pegarle a los caballos, te la pasaban por todo el cuerpo. Yo estaba con los ojos tapados, sabía que había un montón de hombres”, relató.

Unos días después la llevaron frente al entonces coronel Gilberto Vázquez. “Fue la primera vez que me violó. Yo pensaba que si eso algún día pasaba lo iba a morder, a arañar, que le iba a pegar en los genitales. Yo pensaba que uno se podía defender. No hice nada”, recordó.

Una de las banderas de Uruguay fotografiada en la casa de la poeta Ana Amorós, sobreviviente de violencia sexual. Foto: AFP

Después de que las torturaron, las trasladaban a Punta Rieles, una cárcel a 14 kilómetros de Montevideo. Hasta sus familias por momentos dudaron de ellas, y acabaron callando los abusos sexuales, lo que las hizo sentir “culpables y traidoras”.

Estas mujeres, que por décadas no pudieron hablar sobre la violencia a la que sobrevivieron, también esperan justicia por dos de sus compañeras que se atrevieron a denunciar y murieron en el camino.

Los abogados que representan a los militares no respondieron a una solicitud de AFP para dar su postura sobre las acusaciones de estas mujeres.

Los cuerpos de las mujeres como territorios de batalla

Según el texto “Violencias sexuales en las dictaduras de América Latina ¿Quién quiere saber?” de Mariana Joffily, este tipo de agresiones responden al cruce de la represión política contra militantes de izquierda y la desigualdad de género.

Un detalle particular de los crímenes sexuales es que “se trata de un tipo de violencia que ubica la vergüenza del lado de la persona violada, como si hubiera algún grado de participación de la víctima y ella de algún modo estuviera contaminada por la ignominia del acto”. A través de estas agresiones sexuales, los hombres buscaban humillar a la familia y dar a entender que los cuerpos de las mujeres les pertenecían.

A estos factores, también se le suma el racismo, ya que muchos de los casos identificados en territorio latinoamericano se ejercieron contra mujeres indígenas.