Católicas y feministas: la lucha de creyentes por el derecho a un aborto seguro

18 Oct 2020 | 21:39 h
Mujeres católicas marchan por el derecho  a elegir cuando ser madres. Foto: Web CDD.

La organización Católicas por el Derecho a Decidir demuestra que su fe no es un impedimento para luchar por los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, pues la Iglesia establece que nadie está obligado a actuar en contra de lo que su conciencia concibe como bueno o malo.

Nacida en una familia tradicional en el distrito de Chavín de Huántar, Ancash, Gladys estuvo en contacto con la fe católica desde pequeña: “En pueblos chicos, la presencia de la religión es fuerte”. Impulsada por su madre a formar un hogar democrático, donde las mujeres tomen sus propias decisiones, estaba segura de que la educación le daría las armas para ser más libre e independiente. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que su religión y lo que iba aprendiendo sobre los derechos de la mujer, muchas veces, parecían ir en caminos contrarios.

Cuando estaba en tercero de secundaria, presentó un trabajo sobre el aborto para el curso de biología, pues ella lo tenía claro: todas las mujeres no tenían la obligación de ser madres. Su profesora de Historia entonces le increpó: “¡Cómo es posible que siendo hijos de Dios, hayas tocado ese tema!”. “Yo creo que siempre ha estado el bichito, pero no tenía la claridad de lo que era mi lucha”, confiesa ahora Gladys.

Una vez que se graduó como médica obstetra, tuvo que enfrentarse a colegas que la juzgaban por decir que las mujeres pueden elegir si interrumpir o no un embarazo. Ni qué decir de la Iglesia: era un pecado y terminó alejándose de su religión hasta que escuchó de La Red Católicas por el Derecho a Decidir (CDD). “Me parecía bonito: mantenían su fe y luchaban por los derechos sexuales”. En el 2014, Gladys Vía asume la coordinación de la organización, 5 años después de que esta llegara al Perú.

La jerarquía de la Iglesia Católica siempre se ha mostrado en contra del aborto en casos de violación sexual, a pesar de lo que dice el Código de Derecho Canónico. Foto CDD.

La organización nació en Uruguay y luego se extendió en Latinoamérica. Su base es la teología feminista, una que apunta a reinterpretar las propuestas religiosas androcéntricas. Para la escritora mexicana María Pilar Aquino, esta busca “transformar las causas que producen el empobrecimiento y violencia contra las mujeres, para avanzar hacia nuevas relaciones sociales basadas en la justicia”. Así lo indica en su libro Teología Feminista en Latinoamérica.

“En la organización, tuve una mirada más de igualdad, de amor al prójimo, amor hacia mis compañeras feministas, acompañarlas en decisiones difíciles. Todo esto hace que retome nuevamente la religión católica”, cuenta Gladys, quien junto al movimiento promueven la libertad de las mujeres de decidir sobre sus vidas, sus cuerpos y su sexualidad.

En defensa de los derechos reproductivos y sexuales

Mariana es una joven católica de 22 años. Un día, mientras regresaba de sus clases, fue atacada por tres sujetos, quienes la violaron y la dejaron embarazada. Tras meditarlo, ella decidió no seguir adelante con la gestación. Mariana no es real, pero ejemplifica la situación de 5767 niñas, niños, adolescentes y mujeres que hasta agosto de este año han sido víctimas de violencia sexual, según el Ministerio de la Mujer.

Con esta historia y a través de la campaña “Todas somos Mariana”, Católicas por el Derecho a Decidir-Perú busca denunciar la criminalización de niñas, jóvenes y adultas que interrumpen sus embarazos para salvaguardar su salud mental y física, luego de pasar por un episodio de violencia.

Muchos creyentes, al escuchar la palabra aborto comienzan a alarmarse, pues la jerarquía eclesiástica siempre se ha mostrado en contra; pero ¿qué piensa la comunidad, que es la esencia y razón de ser de la Iglesia?: “La opinión de cualquier católico vale tanto como la de algún representante del clero. Muchas de las que participamos en el movimiento feminista nos consideramos católicas. Esto no tiene que ser entendido como un obstáculo para la lucha y el ejercicio de nuestros derechos reproductivos”, expresa Elena Sudario, vocera de CDD.

Católicas por el Derecho a Decidir difundiendo la campaña "Todas somos Mariana". Foto: Web CDD

Elegir no ser madre, luego de ser víctima de violencia, nunca será sencillo, pero “esto no las aparta de ser cristianas o católicas, porque están haciendo uso de la libertad de conciencia que se reconoce como un valor dentro de la Iglesia Católica”, explica Gladys. Bajo este principio, nadie está obligado a actuar en contra de su conciencia, y “cada uno puede tomar decisiones según lo que es bueno o malo para sí mismo”, añade.

Sin embargo, la jerarquía de la Iglesia no habla de este tema, al igual que tampoco nombra las 7 atenuantes que existen en el Código de Derecho Canónico para que los que van en contra de sus normas no sean excomulgados, en este caso, las mujeres que deciden no continuar con su embarazo. Dichas licencias son más diversas que las que hay en el Código Penal Peruano, donde solo se permite el aborto terapéutico; es decir, para salvar la vida la gestante o para evitar un mal grave en su salud.

El canon 1323 señala que la persona no puede ser castigada si es menor de 16 años, actuó coaccionada por miedo, obró por violencia o por caso fortuito que no pudo preverse, entre otras circunstancias. Bajo estos preceptos, la Iglesia podría aceptar la interrupción del embarazo por casos de violación, pero “ellos nunca lo van a admitir", señala Gladys y agrega: "Incluso el tema del aborto se toca en un acápite distinto al del asesinato en el Código Canónico, aunque políticamente lo tocan como si fuera igual”.

La lucha de creyentes por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Foto: CDD

“Los fundamentalistas piensan que si se permite políticas sobre la capacidad de decidir de las mujeres, todas vamos a hacer colas, que somos mentirosas y que vamos a inventar cosas para llegar a un aborto”, detalla la coordinadora del movimiento. Lo real es que siempre será una decisión meditada e informada en la que prime el bienestar emocional y físico de la mujer.

Sin embargo, las concepciones machistas parten de una visión dicotómica de la mujer a través de la historia: “María, la madre de Jesús, es la parte maternal, la buena, mientras que Eva es la que engaña y miente. Hay que seguir luchando para que se quite esta mirada (de nosotras)”.

Más allá de los ataques de grupos fundamentalistas

Al ser un grupo disidente dentro de la Iglesia Católica, las han amenazado con la excomunión y son hostigadas por grupos antiderechos. Uno de ellos es el Centro de Estudios Jurídicos Santo Tomás Moro, vinculado a Padres en Acción, quienes presentaron una demanda buscando anular la inscripción en registros públicos de Católicas por el Derecho a Decidir-Perú.

“Ellos argumentan que nosotras tenemos el nombre (de ‘católicas’) solo para recibir fondos de aquellas personas que le dan dinero a la Iglesia, pero eso es mentira” explica Gladys, ya que CDD no es una organización de fieles y no recibe beneficios tributarios.

Las batallas son muchas, pero ellas no se amilanan. Realizan campañas de información e investigaciones, las cuales les han permitido conocer el verdadero sentir de muchos creyentes en el país con respecto a la interrupción voluntaria del embarazo.

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“Por más que dentro de la Iglesia hay un discurso único sobre este tema, se deja a la libertad de conciencia de muchas personas. Puede que hayan escuchado mensajes conservadores, pero eso no afecta necesariamente su libertad o sus decisiones en cuanto a sus derechos sexuales y reproductivos”, detalla Elena, vocera del movimiento.

Las cifras refuerzan esta idea, pues en una encuesta que la organización realizó en el 2011 a 332 personas que se identificaban como católicas, el 62% pensaba que debía permitirse el aborto en casos de violación y el 70,8% consideraba que las mujeres no merecían pena de cárcel por elegir esta opción.

Perú es un país con mucha religiosidad y, en esa medida, ha escuchado que una de las más grandes enseñanzas de Jesús fue el amor al prójimo y guardar empatía por el otro, “en este caso, hacia las personas que atraviesan una situación muy dolorosa. Por eso, nos toca acompañar, escuchar, jamás juzgar o estigmatizar”, finaliza Elena.

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