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Productos de salud menstrual: ¿por qué debería plantearse que sean subsidiados por el Estado?

Lucia Solis

La Republica
Menstruación

Gastos en insumos como toallas higiénicas o tampones dejaron de atribuirse a un tema ''biológico'’, para convertirse en una cuestión de salud.

“Pobreza menstrual”. Este es el concepto, nacido en Reino Unido, para nombrar la problemática que padecen al menos 500 millones de mujeres alrededor del mundo, según datos de Unicef y el Banco Mundial, que no pueden acceder ni costear insumos como toallas higiénicas o tampones.

Frente a esta realidad, países como Escocia e Inglaterra tomaron diferentes estrategias, pero con un denominador común: el Estado asumió los costos. ¿Por qué? ¿A qué responde que los gobiernos decidan subsidiar estos productos si se trata de una cuestión “natural” de las mujeres?

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Uno de los principales argumentos en contra de que los Estados asuman el costo de los insumos de salud menstrual es asociarlos a características biológicas de hombres y mujeres, y comparándolos con productos como afeitadoras o suspensores. Sin embargo, la naturaleza de cada ítem revela que no existe tal equilibrio.

‘‘Las personas que opinan de esta manera no entienden que la menstruación no es una cuestión de higiene ni está relacionada a las prácticas de belleza o estética. Los insumos para la gestión menstrual no son un lujo. Afeitarse es una opción estética, gestionar la menstruación no lo es, es una cuestión de auto cuidado y salud'‘, explica Mariel Távara, psicóloga y gestora del proyecto Somos Menstruantes. ‘‘[...] Es posible que se piense que son prescindibles, cuando no lo son. [...] Más aún en contextos como el de nuestro país, donde un tercio de nuestra población no cuenta con agua'‘, agrega.

Las gastos que asume las mujeres peruanas en productos de salud menstrual pueden representar un factor de desigualdad de género de acuerdo a la condición socioeconómica de cada una. Foto: Composición / La República.

Gestión de la salud menstrual en el mundo

En febrero de 2020, el Parlamento de Escocia aprobó con 112 votos a favor, la gratuidad de toallas higiénicas y tampones en hospitales, farmacias y otros lugares de atención al público. Se trata de un costo de 24 millones de libras que serán asumidas anualmente por el Estado. De esta manera, el país se convirtió en el primero del mundo en tomar una medida de estas características, que tendrá que ser implementada a lo largo del año.

Apenas un mes antes, en enero, en los colegios e institutos de Inglaterra ya se había empezado a repartir toallas higiénicas y tampones a quienes lo soliciten. Esto, como parte de un plan financiado por el Gobierno para erradicar la llamada pobreza menstrual.

En América Latina, Colombia fue el primer país en retirar los impuestos de los productos de salud menstrual al aprobar esta ley en 2018 y gracias a la campaña ‘Menstruación Libre'. Con estos casos, el foco de la responsabilidad económica de este tipo de insumos se centró en los Estados y no en las niñas, adolescentes y mujeres, quienes pueden enfrentar diferentes trabas sociales y económicas para acceder a ellos.

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Retos para la gestión de la salud menstrual en Perú

¿Sería posible una medida similar a la de Inglaterra o Escocia? ‘‘Desde una perspectiva de derechos, claro que es posible garantizar el acceso universal a los insumos para la gestión menstrual, sobre todo focalizado en niñas y adolescentes. […] ¿A qué nos referimos con insumos para la gestión de la salud menstrual? Sin duda no solo al acceso a toallas higiénicas, también nos estamos refiriendo al diseño adecuado de los baños de las escuelas, el acceso al agua, el acceso a copas menstruales, a analgésicos, entre otros'‘, explica Brenda Álvarez, abogada experta en derechos sexuales y reproductivos.

Según lo que indica la Estrategia Sanitaria de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud, ‘‘la pobreza tiene un mayor efecto sobre la salud de las mujeres debido a que restringe el acceso a los servicios de salud, así como a otros bienes y servicios; lo que es producto de la discriminación. En función de sus bajos ingresos ellas tienen que invertir proporcionalmente más en la atención de su salud'‘.

Sin embargo, actualmente, no hay en Perú una estrategia pública implementada para la entrega de este tipo de insumos o enfocadas a la educación menstrual. ‘‘El tabú frente a la menstruación no solo se vive en el espacio privado, también se extiende al Estado; [...] es una experiencia que muchas niñas experimentan en absoluta soledad y en un contexto plagado de prejuicios'‘, indica Álvarez.

''Hablar de la menstruación sigue siendo un tabú y, por ello, el Estado debe generar una política clara de educación menstrual, empática y libre de estereotipos'', indica la psicóloga Mariel Távara. Foto: Composición / La República.

En marzo de este año, la ministra de Economía María Antonieta Alva anunció que el Gobierno realizaría, a través del Ministerio de Educación, la transferencia de 165 millones de soles para la compra de kits de higiene para colegios, que incluirían productos de salud menstrual. Álvarez considera que esta iniciativa es insuficiente, mientras no se aborde la educación menstrual apropiadamente en las escuelas.

Por su parte, Mariel Távara considera que, ‘‘como otros productos que hacen parte de la canasta básica familiar o que son considerados de primera necesidad; sí, deberían reducirse los impuestos y en algunos casos subsidiarse'‘. Además, coincide con Álvarez al señalar que ‘‘no es lo único que basta, pues esta decisión económica tendría que tener detrás una política estatal que garantice la educación menstrual [...] empática y libre de estereotipos [...]‘' y, además, que pueda ‘‘adaptarse a los diversos contextos socioculturales y geográficos de nuestro país'‘.