Delfina Paredes: “A veces me parece que estoy pensando como Evangelina”

Actriz.

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¿Cómo ha envejecido Evangelina?
 
Evangelina, en estos años, ha tenido la suerte de aprender a leer y, de pronto, se ha interesado por la historia, y ha podido presentarse en actos oficiales por el Día de la Bandera, en el Cusco, en Arequipa y en Puno. Y ha tenido la satisfacción de repetir, desde lo más profundo de su corazón, aquello que ella había leído sobre la batalla de Arica.
 
¿Esa es la historia en Evangelina retorna de La Breña?
 
No, esto lo escribí después. Lo que te cuento fue el 2006, 2007 y 2008. En realidad, Evangelina se presentó en todos estos sitios por invitación de los comandantes generales y eso me hace sentir muy agradecida. Incluso el general Contreras, en Arequipa, cuando le pregunté quién iba a dar el discurso de orden, me respondió: cómo, pues, señora, ¡el discurso lo va a dar Evangelina…!
 
Yo veía a Evangelina de niña, y era un programa de humor ingenuo…
 
Era eso. No era un humor de carcajada, ni golpes ni palabras gruesas. Y el público la aceptó masivamente. Un periodista del Clarín me quería entrevistar, y cuando le pregunté por qué, me dijo: He ido a Alegre & Asociados y me han dicho que, después del fútbol, el programa que más se ve es el suyo.
 
¿Por qué duró solo 15 programas?
 
Porque los militares no manejaban Telecentro. Incluso el presidente de Telecentro me dijo que el ministro de Educación había recibido una queja de la dirección de Canal 4, donde se pasaba Evangelina, diciendo que no les parecía correcto que siga al aire, porque hacía muchas críticas al gobierno. 
 
En eso de criticar sin importar si le convenía, Evangelina se parecía a ti, ¿no?  
 
(Risas). Sí, posiblemente. A veces, me parece que estoy pensando como Evangelina y digo: ¿yo soy o es Evangelina la que está pensando así? A mí me ha ayudado mucho ese personaje…
 
¿En qué sentido?
 
En que he podido conocer más e identificarme más con el pueblo al que, cuando yo era chica, he visto un poco de lejos. Y también se acentuó eso cuando el 76, uno de los años que volví a Urcos, encontré a los jesuitas.  
 
¿Entonces aún no eras de izquierda?  
 
Ya. El 72 empiezo a leer y a darme cuenta de que lo que conocía era la mitad de lo que pasaba en el mundo y de lo que había que conocer. Incluso creo que no hubiera podido decir a Vallejo si, simultáneamente, no hubiera estado iniciando esas mis lecturas.
 
¿Siempre has sido marxista?
 
Mira, esta mañana me pregunté: y si me preguntan si soy marxista, ¿qué voy a responder? ¡Ojalá fuera una real marxista, como ojalá fuera una buena cristiana! Y, como Vallejo, no me hago problema, porque tanto Cristo como Marx tenían un objetivo común, que es la justicia y el bienestar del pueblo.
 
¿Qué te ha costado ser consecuente?  
 
No he medido eso. Quizá hubiera podido tener algún desarrollo económico. Pero hay grandes satisfacciones que compensan esa imposibilidad de haber conseguido, no sé, algún trabajo que me hubiera importado en la televisión.  
 
¿Se te cerraron puertas?
 
Podía haber regresado Evangelina a la televisión. Me llamó Alberto Terry el año 82, porque había encontrado un guion que presenté como nueva propuesta. Esto me lo dijo en octubre el 83, y lo recuerdo mucho, porque ese año murió mi mamá y yo me fui a Urcos, a visitar su tumba. Ahí es que llegó a Urcos este señor al que le tiré el tomate…
 
¡¿A quién le tiraste un tomate?!
 
A (Manuel) Ulloa, que era el premier y también tenía acciones en el 5.
 
¿Ulloa vetó a Evangelina?  
 
No sé si le habré parecido tan importante como para vetarme, pero de hecho la empresa lo vio, porque me sacaron en Caretas. Y te diré algo: fue un tomate, porque ya el pueblo estaba yendo a buscar piedras, y yo les convencí de ir al mercado a comprar fruta. Si no, hubiera habido algo mucho más grave.  
 
¿Qué te llevó a ir a solidarizarte con Lori Berenson cuando sale de prisión?
 
Ver a una chica con un niño así, fusilada con palabras, con gestos. ¿Cuántos años había estado en la cárcel una chica que pensó que venía a apoyar que se hiciera justicia en el pueblo? 
 
¿No tuviste miedo que dijeran: Delfina Paredes es terruca?
 
Ya me han dicho. Por eso me botaron de Radio Nacional, de Canal 7, cuando estaba de asesora del presidente del directorio…  
 
¿Nunca te ha importado?
 
A veces pienso: ay, quizá ahora, si tuviera una pensión de dos mil soles, me iría a trabajar otra vez a Tungasuca, Surimana, a la altura de Ocongate, a las comunidades del Cusco. No necesitaría que nadie me pagara, ni conseguir apoyo ni nada. 
 
Tú, que casi te graduaste de química, ¿me puedes decir de qué material está hecha Delfina Paredes?
 
(Risas). No sé. Inorgánico totalmente, no, pero creo que hay una mezcla de metales también. Acero no. Yo no sé, pero últimamente ya cualquier cosa me pone como medio tonta y se me salen las lágrimas. Ayer fue el cumpleaños de Cáceres y la orden del Mariscal Cáceres, a la que pertenezco, le hizo como siempre su homenaje. Y en un momento, justo cuando pidieron el minuto de silencio, y tocaba el clarín, vino un airecito, y movía la bandera, y estaba tan cerca de la imagen de la estatua de Cáceres que, de verdad, se me salieron las lágrimas. 

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