Alejandro Legaspi: “'La última noticia' es un homenaje a los periodistas”

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08 Abr 2016 | 18:30 h

El director uruguayo del Grupo Chaski retomó los largometrajes con una cinta sobre el terrorismo y la guerra interna en el Perú. Se estrena el 21 de abril.

Sendero Luminoso se ha instaurado en un pueblo de Ayacucho y un periodista se juega, literalmente, la vida. De eso trata La última noticia, película basada en relatos e información periodísticas del periodo terrorista. El mismo director, Alejandro Legaspi (Gregorio y Juliana), estuvo en la zona de emergencia a fines de los 80 como corresponsal.   
 
¿Por qué deciden producir La última noticia?
 
Me preocupaba que los jóvenes no supieran nada. Recuerdo un reportaje que mostraba la foto de Abimael Guzmán y los chicos pensaban que era un congresista. Y los que no son tan jóvenes  prefieren pasar la página. La otra cosa tiene que ver con el periodista que quedó atrapado porque lo que decía no le gustaba a Sendero, lo presionaban, y lo presionaba el ejército. Sobre todo ese periodista desamparado, que es el de provincia.
 
Está basada en el caso de Jaime Ayala (desaparecido en Huanta hace más de 30 años).
 
El punto de inicio sí fue la historia de Jaime. Después fue tomando vida propia y a medida que fuimos escribiendo  dejó de ser ese personaje. Pero sí fue un punto de inspiración.
 
¿Ha querido explicar por qué el periodista se queda?
 
(Piensa). Esto es un homenaje a los periodistas. En la búsqueda de la verdad, corren riesgos, hay un instinto de escarbar y encontrar la verdad cueste lo que cueste.
 
¿Y qué papel tiene el maestro (Julián Legaspi)?
 
Es un maestro de izquierda, del Sutep, que ve con simpatía a Sendero. Después se da cuenta de que se van llevando a sus alumnos...
 
De que Sendero Luminoso tenía disfraz.
 
Claro y, por eso, él rápidamente entra en conflicto (...). Yo tengo la sensación de que fue  una guerra brutal, dejó muchísimos muertos y lo de Sendero Luminoso fue una cosa feroz. Como latinoamericano, lo conozco. También estuve en Nicaragua grabando un documental en el 79, en la revolución.
 
¡Fue bastante valiente!
 
(Risas). No sé si valiente o chiflado. Sendero no fue una guerrilla, fue un movimiento terrorista y sanguinario. Por eso quería contar una historia así, en un pueblo pequeño, que es donde empieza.
 
Por otro lado, dice que prefiere actores con los que haya empatía. ¿Cómo fue trabajar con su hijo Julián?
 
En ese proceso deja de ser mi hijo (sonríe). ¿Cuál es su punto fuerte? Que se preocupa mucho por el personaje, se lo toma muy en serio, a tal punto que se convierte en obsesivo, te llama por teléfono... Es agotador (sonríe) y eso está bien.
 
¿Qué pensó cuando vio el resultado de trabajar con él?
 
(Se saca los lentes). Eso no tiene precio, como dicen, es una satisfacción que va más allá de lo cinematográfico. Te sientes bien por el trabajo de tu hijo,  pues no solo lo hizo bien sino que hizo un papel distinto. Porque Julián nunca hizo de un maestro serio, comprometido, politizado, nada que ver, siempre fue medio galán, aquí no. 
 
Él dijo que era “un sueño cumplido” porque no quiso hacer una carrera por usted.
 
Es cierto. Nunca tuvo una ayuda de mi parte porque además se metió en un mundo que no es el mío, como la televisión. Ya no es un muchacho, es un hombre que está formado como actor y como persona. Además, este personaje es temperamental y él lo es. 
 
Al cine nacional le toca pelear por las salas...
 
La única solución es que haya una ley de cuota de pantalla. ¡No hay nada más triste! Al margen del tema económico, trabajas dos o tres años para que la gente vea la película, es ese el fin, que la critiquen, que le guste. Cómo va a haber oferta y demanda si no la puedes mostrar.
 
Claro, no se puede saber, del todo, qué prefiere el público. 
 
Ese es el asunto, si estrenas en tres cines, ya perdiste el partido antes de jugarlo, ya te ganaron por goleada. 

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