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Geraldine Schmiel, reconocida diseñadora de modas peruana, falleció a los 94 años

Diseñadora fue pionera en el negocio de la alta moda e inauguró la primera casa de costura formal en Perú. Además, llevó la calidad de la lana de alpaca peruana a Europa y Estados Unidos.

Geraldine Schmiel se consolidó a lo largo de las décadas como una de las más prestigiosas diseñadoras de la escena nacional. Foto: Geraldine Schmiel/Facebook
Geraldine Schmiel se consolidó a lo largo de las décadas como una de las más prestigiosas diseñadoras de la escena nacional. Foto: Geraldine Schmiel/Facebook
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La famosa diseñadora peruana Geraldine Schmiel, reconocida por su larga y exitosa carrera en el mundo de la moda, falleció este sábado 14 de mayo a los 94 años, según dio a conocer uno de sus familiares. Esta partida es una pérdida significativa para el mundo de la alta costura nacional, en donde la modista dejó su impronta como una de las figuras insignes de este rubro en el país.

La trayectoria de Geraldine, pionera de la alta moda en el Perú, deja una historia de éxito, pero también de lucha. Ella siempre supo que este era su camino. Según relató en una de sus últimas entrevistas, había nacido “con la aguja en la mano”. Estuvo observando a su madre y poco a poco fue dando sus primeros pasos entre las telas y los hilos, al aprender precozmente a coser con la maquina que tenía en casa.

“A mi madre le gustaba mucho coser y nos cosía a nosotros, entonces yo me la pasaba junto a ella y su máquina de coser para ver cómo ella cosía. Yo a los 4 años ya sabía coser a máquina, máquinas a pedal, donde se tenía que poner los pies y yo no alcanzaba, no podía tocar el piso”, contó Schmiel para la revista Caminos de Chacarilla.

La diseñadora nació en la hacienda Chiquitoy, al norte de la ciudad de Trujillo. Foto: facebook Geraldine Schmiel

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Sin embargo, tuvo que enfrentar varios obstáculos antes de empezar a construir su carrera en el mundo del diseño de modas. Su familia, en un principio, quería que siguiera un estilo de vida convencional, dedicado a una profesión universitaria, algo que simplemente ella no veía para su futuro.

“Mi padre quería que yo estudiara una carrera, porque yo era una de las primeras alumnas del colegio Santa Rosa. Mi papá decía que yo tenía que tener una carrera, abogada, médico, lo que sea. En cambio, yo no quería, así que me ponía a llorar porque no quería hacer esas cosas”, afirmó.

Gracias a su persistencia en seguir su pasión, finalmente logró imponerse y pudo iniciarse en el mundo de la alta costura. Sus primeras oportunidades llegaron de la mano de sus amigas que, admiradas de su talento para hacer prendas, le encargaban vestidos que tenía que enviar desde Trujillo hasta Lima, los cuales lograron mucha popularidad entre sus conocidos, lo que la llevó a decidir establecerse en la capital, a pesar de la oposición de su padre.

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“Mis amigas me convencieron para que viniera acá a Lima, porque la gente se peleaba por mi vestido y comprarlo porque lo que yo les mandaba era bueno. Cuando me animé a venir, mi padre me dijo: ‘Aquí no te falta nada, todo tienes, pero si te quieres ir a independizar a Lima, muy bien. Pero si necesitas dinero y te falta, tienes que regresar a tu casa, sino no’. Y nunca regresé a mi casa”, relató la modista.

El momento trascendental de su carrera fue cuando, irónicamente, su padre, en uno de sus últimos intentos para que dejara de pensar en la costura, la envía por dos meses a España. Es aquí, durante los años 60, cuando aprovechó una nueva oportunidad e ingresó como aprendiz en la Casa de Modas de Asunción Bastidas, una de las más reputadas del país ibérico, lugar en el que logró aprender más de su oficio y pudo destacarse por su pericia en la elaboración de trajes de novia, la especialidad de la tienda.

Dicha experiencia le sirvió cuando retornó a Lima, donde por boca de sus antiguas amigas, conocedoras de su experiencia en la moda, se empieza a ganar reconocimiento entre distintas personalidades, las cuales, al observar la elegancia y calidad de sus prendas, comienzan a ordenar trajes y vestidos de su colección.

Una de las primeras colección de Schmiel, la de 1968-1969. Foto: facebook Geraldine Casa de Modas

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Es aquí donde nace su marca personal, Geraldine, especializada en la alta costura y que, poco a poco, fue ganándose adeptos entre las clases más privilegiadas del país y fue marcando la pauta del buen vestir de la mujer peruana.

Durante las siguientes dos décadas, fue consolidando su propia casa de modas y lanzando exitosas colecciones en el mercado, incluida su famosa línea Prêt a Porter (listas para llevar), así también se enfocó en valorizar la marca que había creado.

En los años 90, fue Geraldine Schmiel la que llevó a conocer la calidad de las fibras de lana de alpaca peruana al exterior, cuando empezó a exportar abrigos elaborados con la misma, los que fueron acogidos con gran éxito en Europa y Estados Unidos, y abrió la puerta internacional a este tejido que actualmente es reconocido por ser de los mejores en el mundo, así como a otros productores que actualmente viven de prendas de este estilo.

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Schmiel deja tras de sí toda una vida de legado, no solo su marca, su calidad, o la escuela de formación que fundó, sino también su ejemplo, que sirve para los peruanos que aspiran a triunfar en el mundo de la moda, como ella lo hizo y como siempre quiso.