Torhilo presenta su single “NAH!” y se confiesa: “Yo aprendí música a la mala”

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Torhilo es el proyecto musical de estilo dembow del cantautor Óscar Díaz. Foto: Torhilo / Instagram
Torhilo es el proyecto musical de estilo dembow del cantautor Óscar Díaz. Foto: Torhilo / Instagram

El cantautor trujillano Torhilo se resiste a ser encasillado en un género. Tras iniciar con el grupo hard rock ACRUXXS, ahora intenta abrirse paso haciendo dancehall, a ritmo de dembow.

Óscar Díaz bautizó a su proyecto como Torhilo porque un amigo le sugirió combinar el nombre que usaba en Instagram, Torrente, con Trujillo, su ciudad de origen. La conjugación ‘Torjilo’ no le convenció y al final lo estilizó a como está ahora.

La anécdota de su nombre artístico da una pista de cómo es el estilo musical del cantautor de 24 años: extraño, único y en constante cambio, según explica en una entrevista con La República.

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la música?

Desde muy pequeño siempre ha habido un instrumento en casa. Mi primer instrumento fue un violín. A los 7 años me pusieron en el conservatorio. La verdad es que lo odiaba, aprendí música a la mala, yo solo quería jugar con mis amigos.

Sin embargo, llegaste a formar tu propio grupo…

Sí. Hacíamos un rock bastante fuerte. Hard rock. Para mí fue la mejor etapa hasta ahora. Éramos chibolos, teníamos toda esa actitud agresiva, hacíamos lo que queríamos. De eso trataba la banda. Ganamos un público con puras tocadas, ni siquiera teníamos redes sociales.

El grupo se llamó ACRUXXS, ¿de dónde salió ese nombre?

Yo siempre busco palabras raras para mis proyectos. El nombre lo encontré buscando estrellas. Había una llamada Ácrux, utilizada en cartas de navegación para que capitanes y tripulantes no pudieran perderse en altamar.

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Ahora, ya no haces hard rock…

No. Actualmente hago mucho dancehall. He sido muy variante. Lo primero que publiqué fue folk, luego pasé a la electrónica experimental, deeps, pero creo que en un futuro seguiré haciendo más urbano y electrónica.

¿Por qué esos cambios de un género musical a otro?

Porque soy un loco. Hago lo que hago y ya está. No estoy pensando en el género ni nada.

Me resulta difícil definirme. No sé qué decir cuando me dicen: “¿Qué haces?, ¿qué estilo haces?”, porque no estoy encasillado en un solo lugar, y creo que les pasa a muchos. Las cosas cambian todo el tiempo. Yo personalmente no sé qué decir, yo hago música y ya.

Acabas de lanzar “NAH!”...

Sí. Esta coproducido con Blitzmart. Le mostré la canción en acústico y le gustó. Y la verdad, me atrapó bastante en cuanto al sonido, tenía una temática oscura. Me divertí al hacerla, aunque por ratos sentía que la letra, era algo muy simple, pero igual la disfrutaba.

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Estás próximo a lanzar tu primer álbum ¿cómo se llama?

Elegí un nombre, pero ya estoy pensando cambiarlo. Quiero agregarle un título largo. Sé que lo voy a encontrar, pero aún no llega.

Pero ¿cuál es el nombre que tiene ahora?

Lo-fi boy (lo-fi del inglés low fidelity) Porque empezó siendo muy low, muy casero, realizado en mi cuarto y ahora ya está producido con mucha más calidad.

¿Qué referentes tienes? ¿Qué músicos escuchas?

Internacionales, estoy escuchando mucho Glass Animals, The Neighbourhood (THE NBHD) y música de cuentos tibetanos para meditar.

A nivel local, lo último que oí fue a Somontano con Lorena Blume tocando “Mi futuro”, a Micaela Salaverry, un live brutal que tuvo hace poco, Naïa Valdez y también me gustan 16 bits.

Un problema que enfrentan los artistas emergentes independientes es que les resulta difícil abrirse camino y mantenerse ¿Te ha pasado?

Yo no sostengo mi economía en la música, es una decisión que adopté hace muchos años, porque sino eso haría que me preocupe, entre en pánico, ansiedad al verlo como un trabajo.

Y pienso que, si lo veo como un trabajo, me va a dejar de gustar. Disfruto mucho componer, la libertad creativa, producir. Es como un juego, se vuelve divertido, es emocionante.

Pero, algo en lo que sí me perdí muchos meses fue en las visualizaciones, los likes. Llegó un momento en que miraba a cada rato cuántos ‘me gusta’ tenía mi foto, mi video, si pegaba o no pegaba. Y a las finales, como que decidí alejarme de todo eso, porque ya se volvió tóxico y obsesivo.

Ahora no me fijo en las estadísticas. Respondo a los comentarios porque es lindo cuando te escriben. Pero estar pendiente de todo eso es demasiado agotador y para mí tampoco tiene mucho valor en cuanto a la música.

Te obsesionaste con las redes sociales, ¿te afectó no tener la misma acogida que otros artistas?

Sí, yo ya estaba cambiando para obtener esos resultados, no estaba siendo yo, estaba perdiendo mi esencia en todo sentido. Y de alguna manera me puse a pensar mucho en ACRUXX.

Nosotros no movíamos nada, y obteníamos conciertos en vivo, y más allá del talento como banda, había una fuerza de hacer las cosas, espíritu, ser siempre nosotros mismos, sonar como nosotros queramos, simplemente si te gustaba estaba bien.

Y en algún momento con Torhilo se podía perder eso, por un tema del engagement en redes sociales. Felizmente dije: “¡No!, ¡basta!”. Y ahora estoy volviendo a ese lado auténtico.

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