Juan Carlos Fisher: “Entré al teatro para escapar de una realidad y terminé creando realidades”

Entrevista a Juan Carlos Fisher, director de "Perfectos desconocidos".

En medio de la puesta en escena de “Perfectos desconocidos”, el director Juan Carlos Fisher nos revela los secretos del mundo del teatro.

Espectáculos LR
12 Dic 2019 | 15:34 h

Con una amplia trayectoria y habiendo iniciado su carrera como director con tan solo 15 años, Juan Carlos Fisher continúa imparable y ahora se encuentra presentando “Perfectos desconocidos” de jueves a lunes en el Teatro Pirandello.

En una entrevista con La República, Juan Carlos Fisher contó detalles sobre esta puesta en escena y también relató todo lo que tuvo que pasar a lo largo de su carrera para convertirse en uno de los directores teatrales más importantes del Perú.

¿Cómo es que ingresas al mundo del teatro?

Yo desde chico he estado expuesto al teatro por mi mamá y a la música por mi papá, así que el arte siempre ha estado presente en mi vida.

Como yo crecí a fines de los 80, en la época del terrorismo, a mi mamá le daba miedo dejarme en casa, entonces me llevaba a las obras de teatro. Yo la acompañaba a los ensayos, repartía los programas, estaba en los cambios de escena y eso me deslumbró completamente.

¿Como decides convertirte en director de teatro?

Cuando era chico, en mi casa estaban los posters de las obras que a mi mamá le gustaban mucho, obras que dirigían Alberto Ísola, Lucho Peirano, Miguel Rubio, Coco Chiarella y yo hacía programas donde ponía ‘dirección Alberto Ísola y Juan Carlos Fisher’, pero no sé por qué lo hacía”.

Aristóteles Picho fue mi profesor cuando yo tenía 15 años y él, sin que yo me diera cuenta, me llevo hacia la dirección, porque se daba cuenta que yo cuando actuaba tenía una visión demasiado de afuera. Aristóteles me presentó a dos personas que son muy importantes para mi: Lucho Peirano y Chela de Ferrari.

Lucho Peirano fue la primera persona que me dio una chamba cuando tenía 15 años, como asistente del asistente en la obra “Cristales Rotos”. Me hizo entender que en el teatro lo más importante no es el talento, sino el esfuerzo, la dedicación y la constancia. Chela de Ferrari es mi mamá teatral, confía en mí para que sea su asistente de dirección cuando yo tenía 17, confiaba mucho en mi criterio, le gustaba el instinto que yo tenía.

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¿Qué obra fue la que más te marcó?

Todas. Quizás “El hombre almohada”, mi primera obra, que fue muy importante para mí por varias razones.

Una de ellas porque fue la primera obra que hice con Rómulo (Assereto), que es mi hermano, mi mejor amigo y mi socio. La dirección es un trabajo muy solitario porque tomas una serie de decisiones en las butacas oscuras. El error o el acierto cae en mí y el tener a un compañero que todos estos años está conmigo es lo mejor que me ha podido pasar. Y, además, la primera porque Chela confió en mi para dirigir esa obra en La Plaza, hace como 12 o 13 años.

Pero todas las obras que hemos hecho son muy importantes.

¿Cuál es la diferencia entre una obra normal y una obra musical?

Es más difícil la coordinación, en un musical tienes que coordinar muchas cosas a la vez y confiar mucho en el equipo creativo que tienes alrededor tuyo. Tienes a un director vocal, a un director musical, a un coreógrafo, a un asistente de dirección, que son como una extensión tuya que hacen chambas por su cuenta. El resultado de la chamba la vez mucho más cerca al estreno, mientras que en una obra que no es musical la puedes ir puliendo, desde una lectura ya la puedes ir sintiendo, pero en un musical se apoya mucho más en la propuesta, en el concepto que yo tenga en mi cabeza.

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