Benny Moré: Los 100 años del Bárbaro del Ritmo

Se cumple hoy 24 de agosto un siglo del nacimiento de uno de los máximos exponentes de la música cubana. Aquí una reseña de quien fuera el Sonero Mayor, el que influenció a numerosas generaciones de cantantes salseros.

La República
24 08 2019 | 00:20h

Carlos Páucar

Todo lo que tocaba Benny Moré lo convertía en ritmo. Muy bonito y sabroso. Con mucho cubanismo. Y mucho de cultura universal, pues llevó su música no solo por su isla natal.

El más grande músico de Cuba cumpliría 100 años de vida este sábado 24 de agosto, luego de ayudar -durante los 43 años de su vida- a que el planeta rotara y se trasladara con la potencia de su voz en sones y guarachas, o enterneciendo en sus boleros más sentidos.

En cuanto a los sones y mambos escúchese, por ejemplo, Bonito y sabroso, Qué bueno baila usted, Manzanillo, Pachito eché, Babarabatiri, Dónde estabas tú, Locas por el mambo, y se verá que no se exagera en los calificativos.

Y en el segundo rubro, en el de los boleros, busque las melodías de Cómo fue, Hoy como ayer, Oh Vida, Mucho corazón.

La presencia de Benny Moré en la música afrolatina no ha disminuido. Marcó el sonido del continente con su alegría y genialidad.

“Mi éxito reside en cantar como me suene bien al oído, poniéndole a las cosas el ritmo que me corre por la sangre”, contó alguna vez.

También confesó el Benny, como le dicen sus seguidores en el Perú, que de música no sabía nada, "aunque la mayoría de las cosas que interpreto tienen música y letra de mi creación, nunca he estudiado música, yo lo que tengo es un gran oído”.

Bartolomé Maximiliano Moré fue compositor, cantante y, sin haber estudiado música, un muy natural director de orquesta. Se le recuerda porque dirigía con rápidos movimientos de hombros, de piernas, con el bastón que usaba sobre el escenario, a las diversas secciones de su banda.

Nació en Santa Isabel de las Lajas el 24 de agosto de 1919. Desde chiquito, como contaba su madre, hizo suya la música.

Aprendió a tocar guitarra. Hizo música con el grupo local Avance y cantó “en fiestas y serenatas en Lajas y pueblos vecinos". En 1940, se trasladó a La Habana, donde estuvo unos años cantando por cafés, calles y parques, como refiere el gran investigador cubano Helio Orovio.

No había terminado la escuela primaria y gracias a su talento natural se fue haciendo hombre-espectáculo, sonero mayor, bolerista de los mejores, director de su Banda Gigante, cantor tanto de sus propias composiciones como de otros valiosos músicos.

La fama le llegó en México, país donde viajó en 1945 con el conjunto del famoso Miguel Matamoros. Allí también trabajó con la orquesta del igualmente famoso creador cubano Dámaso Pérez Prado “El rey del mambo”.

Moré conquistó al público con su "voz nasal que podía manejar con soltura e inigualable belleza en cada nota o canción", según reseña la agencia Prensa Latina.

De él dijo Bola de Nieve: “No he visto un título mejor que el de Bárbaro del Ritmo porque podía hacer todos los ritmos cubanos con el maravilloso timbre de su voz”.

Otro grande del son cubano, Miguelito Cuní, le repartía elogios: “Como sonero, excepcional; como rumbero, magnífico; como improvisador, ¡genial!”.

Un autodidacta. Críticos y colegas de la época se sorprendían por su capacidad de dirigir a su banda, de guiarlos e indicar al que iba desafinado.

El autodidacta Moré grabó unos 40 discos de rumbas, sones, guarachas y boleros.

"Todas sus obras se caracterizan por su coherencia, estructura y perfección en la factura y estilo, que dan como resultado final un producto artístico de altos y reconocidos valores estéticos", dijo el musicólogo Raúl Martínez, biógrafo de Moré.

"Su voz, que recorría todo el registro vocal, tonalidades y tiempos, se doblaba en frases y gritos, acompañada de pasos bailables, creando una atmósfera envolvente", señaló Helio Orovio, en su Diccionario de la Música Cubana.

"Su voz y su ritmo le había permitido instalar una verdadera dictadura musical", dice el estudioso de la música cubana Leonardo Padura.

Su entierro fue multitudinario. Fue hijo predilecto de Santa Isabel de las Lajas. La foto es del archivo de Granma.

El Benny murió el 19 de febrero de 1963 víctima de una cirrosis hepática “que le destrozó las entrañas, pero nunca la voz”.

Ídolo de varios países de América Latina, también llegó al Perú el 10 de junio de 1958, para ofrecer conciertos en radio La Crónica, en el Embassy, Las Brujas, El Olímpico y el cine Monumental.

“Realmente es un bárbaro cuando canta, cuando actúa, cuando improvisa y en general todo el tiempo que está en escena. El público se queda tan admirado que lo ovaciona a la mitad de las canciones”, escribió Guido Monteverde en Última Hora, según tributo de la página web peruana Salserísimo.

Su vida bohemia acabó fulminada por la cirrosis hepática. Triste final para una leyenda. Triste final para el hombre que deleitó con su voz a diversas generaciones desde los 40 y 50.

Frente a la estatua de Benny Moré, en una alameda de la ciudad de Cienfuegos, canta el músico Lázaro Bernal. AFP

Y que fue una gran influencia para todos los soneros y cantantes salseros que asomaron después, como Oscar D’ León.

Desde entonces, el Bárbaro del Ritmo siguió gobernando con su sabrosura. Incluso hoy, a 100 años de su nacimiento, no es posible dejar de admirarlo. Y de gozar con su enorme presencia en la música.

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