Rosa Montero: “Ahora se vota por discursos de odio”

Rosa Montero. La escritora española presentó en la FIL de Lima Los tiempos del odio, una novela de ciencia ficción cuya historia se parece a la realidad del mundo actual.

La República
2 08 2019 | 05:46h

Por: Pedro Escribano

Para Rosa Montero, la ciencia ficción también es una ventana para mirar la realidad. Hace 12 años creó a Bruna Husky, una androide que es protagónica en las novelas Lágrimas en la lluvia y El peso del corazón. Ahora reaparece en Los tiempos del odio (Seix Barral), una historia futurista donde Bruna está enamorada del inspector Lizard, quien ha desaparecido. El mundo violento de Bruna se parece al mundo de hoy.

¿El futuro ya está aquí?

Sí, la ciencia ficción hace eso. La ciencia ficción es una herramienta metafórica muy poderosa para hablarte de la realidad. Yo siempre digo que mis libros de Bruna Husky son los más realistas que he escrito. No es una distopía, que es la palabra de moda. Está más usada que un chicle viejo. Distopía, que es hablar de un futuro catastrófico para prevenirnos, pues para nada. El mundo de mi Bruna es realista, pero el mundo que vivimos es peor que el de Bruna.

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¿Es un pretexto para hablar de problemas actuales, la democracia, ecología?

Sí. Estamos viviendo en la realidad de Los tiempos del odio. Yo empecé a escribir las Bruna, que se publicó la primera hace 9 años, pero la escribí hace 12 años. Entonces, empecé las Bruna con esta consciencia, esta intuición, de que el sistema democrático estaba entrando en una crisis muy profunda de credibilidad. Y que había a mi alrededor, no solo en España, un creciente anhelo de dictaduras, de dogmas y de fanatismos, ya fueran religiosos, como después surgió el ISIS...

¿Como el EJI (Ejército de la Justicia Instantánea) de su novela?

Cuando escribí la primera novela de Bruna, puse la democracia en la tierra, luego dos plataformas flotantes artificiales, que eran totalitarias. Una era un reino fanático y ultrarreligioso y otro como un mundo neostalinista. Pero en ese mundo fanático y religioso yo intenté inventar lo peor de lo que podía inventar, machista, horrible. Como tres o dos años que publiqué la novela, apareció el ISIS, que resultó mucho peor que el EJI que yo inventé. Estamos viviendo en esos tiempos. Desde que empecé a escribirlo, no han hecho más que empeorar esa tendencia, como la izquierda de Maduro o con la derecha ultrademagógica de Bolsonaro y Trump.

Llegaron al poder con votos...

Sí, pero con discursos de odio. Estos sistemas dogmáticos no se basan en razones, necesitan enemigos para poder lograr la cohesión de sus seguidores. Ahora se vota por discursos de odio.

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En este mundo deshumanizado, Bruna, que es un androide, se humaniza.

Eso es la literatura. Nosotros humanizamos a Pinocho y es de madera. Ella es mucho más humana que Pinocho. Ella es un clon humano, es un robot. A mí me gusta mucho la ciencia y la tecnología. Intento que el mundo de mis Bruna no solo sea posible, sino que incluso pueda ser probable. Esta Bruna ha madurado aceleradamente por los ingenieros genéticos. Y un día habrá clones humanos, si es que no los hay ya clandestinamente.

¿Bruna es humana porque sabe que va a morir?

Eso es. Nos representa a nosotros. Ese es el gran hallazgo de Philip K. Dick en Blade Runner, y fue el primero que inventó la criatura que va a morir más pronto y por tanto no se puede olvidar que es mortal. La inmensa mayoría de seres humanos se olvida, salvo un puñado de neuróticos, Woody Allen y yo misma, que no podemos olvidarnos.

Ha dicho que Bruna se parece mucho a usted.

En esto, sí. En la obsesión por la muerte, en la obsesión por el paso del tiempo, pero también es una disfrutona, igual que yo. Se come la vida a dos bocados. Ser consciente de la muerte te hace también muy consciente de la vida.

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Bruna tiene un corazón, ¿eso la hace vulnerable?

Nos hace vulnerables a todos. Bruna es una de esas personas que tiene miedo de sus propias emociones. Es como esas personas que piensan que los sentimientos las debilitan, lo cual es una estupidez. Ella es muy cobarde emocionalmente y yo no. Pero ella es muy valiente para meterse en un callejón oscuro, allí soy una cobarde. Amar nos hace más frágiles, más vulnerables. Siempre digo no hay opción, porque si escoges no amar para no sufrir, para no estar en riesgo, estás escogiendo para morirte en vida. La vida es ponerse en riesgo.

¿El libro quiere advertir lo que es la tecnología?

No, no necesariamente. Aunque desde luego con las nuevas tecnologías hay que tener cuidado con lo que hacemos. Se habla mucho de los conflictos éticos y de los problemas de las fronteras éticas que tenemos que digerir.

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Al final, la tecnología será cómo uno la puede utilizar.

Exacto. Por eso hay que saber ponerse los límites. En la novela se habla mucho de cíborgs y hasta qué punto es admisible esa transhumanidad, que es cambiarse órganos. Si empiezas a cambiarte órganos, ¿hasta dónde eres humano? Por lo pronto yo tengo cuatro tornillos de titanio, una placa de titanio en la columna. Dos lentes intraoculares y dos muelas de titanio. Soy un cíborg.

Para finalizar, ¿ha hecho protagónica a Bruna acaso por una opción de género?

No, nada. Por otro lado, afortunadamente el feminismo ha dejado de ser un asunto solo de mujeres, sino también de los hombres. Ahora hay una incorporación masiva al movimiento feminista. El sexismo es una ideología y todos estamos educados así. Esta feria, que tiene voluntad feminista, sin embargo, hace una inauguración con una mesa toda de hombres. Esas cosas hay que denunciarlas solidariamente, no hay que picarse, hay que decirlo en voz alta para darnos cuenta de ello porque si no, por el prejuicio, no se ve. Uno tiene que darse cuenta de la estupidez que estamos haciendo, solo así podemos cambiar esta sociedad.

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