El escritor mexicano indicaría: “El eje del curso era novela y la política. El fin fue ver en sus novelas el cruce de la política con la ficción”.
El escritor mexicano indicaría: “El eje del curso era novela y la política. El fin fue ver en sus novelas el cruce de la política con la ficción”.

Rubén Gallo: “La novela sirve también para pensar la política de otra manera”

Rubén Gallo. El escritor y profesor mexicano invitó a Vargas Llosa a dictar clases en la U. de Princeton para analizar sus novelas políticas. Todo se ha resumido en el libro Conversación en Princeton.

La República
26 Jul 2019 | 4:36 h

Por Pedro Escribano

Es mexicano. Es escritor y profesor universitario. Rubén Gallo tuvo el honor de tener como profesor invitado a Mario Vargas Llosa en la Universidad de Princeton, en el 2015. Un semestre en que el nobel peruano dictó clases a los alumnos de esa casa de estudios sobre cinco libros suyos: Conversación en La Catedral, Historia de Mayta, La fiesta del Chivo, ¿Quién mató a Palomino Molero? y El pez en el agua y que se han resumido en el libro Conversación en Princeton con Rubén Gallo (Ed. Alfaguara).

Rubén Gallo es un invitado de la FIL Lima y forma parte de la delegación “Universo Vargas Llosa”, cuyo propósito, a manera de homenaje, es analizar y debatir la obra del escritor peruano.

Mario Vargas Llosa tiene una larga relación con Princeton. Y desde cuando me pidieron que dirija el departamento, una de las ideas que tuve fue retomar la colaboración con Vargas Llosa, que él hacía años que no había regresado a nuestra universidad”, explica Rubén Gallo.

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¿Quién elaboró la estructura del curso? Es básicamente la novela y el cruce de la política con la ficción.

Esa fue idea mía. El eje del curso era novela y política. Leer las novelas políticas de Mario Vargas Llosa, como que política hay en toda su escritura. Pero, hay algunas donde la política es protagónica. Después, entre los dos armamos la estructura y las lecturas.

Es un tema bien claro en la novelística vargasllosiana.

Es un escritor que, desde sus inicios, desde Los jefes, años 50, cuando él empieza a escribir literatura, está muy marcado por Jean Paul Sartre. Él tiene muy claro el tipo de literatura que él quiere escribir. Es un tipo de novela donde la política tiene un lugar protagónico. Llega a esta decisión, cuando un grupo de novelistas en Francia y en otras partes del mundo que rechazan la idea de una literatura mimética. Para ellos, la literatura tiene que ser abstracta, propuestas de Robbe-Grillet, el nouveau roman. Entonces, Vargas Llosa muy jovencito decía que no, que ese no va a ser su modelo de literatura. Y apuesta por una literatura comprometida. De allí hay una línea muy clara de continuidad, que va desde sus primeros cuentos, Los jefes, hasta su última novela, donde la política tiene un papel protagónico. Yo creo que la idea es también que la novela pueda ser un instrumento para pensar la política de otra manera.

Vargas Llosa tiene otra vertiente también, la cantera autobiográfica.

No dudo. Yo creo que para todos los escritores, el taller de la literatura es la vida propia. Yo creo que todos los escritores toman como materia prima la experiencia que han vivido, y obviamente, hay todo un proceso de trabajo, de elaboración, transformación en literatura. En algunos casos es más difícil ver de dónde sale ese material literario. ¿Qué relación puede tener con la autobiografía? El caso de Mario Vargas Llosa es bastante claro. Por ejemplo, en La tía Julia y el escribidor hay muy pocos elementos cambiados. Recuerdo que una vez le pregunté a Mario: ¿qué relación han tenido los modelos de tus personajes con tus personajes literarios?, pensando un poco en personajes como la tía Julia. Y él me respondió con algo que tiene mucho sentido, hay que recordar que los personajes están hechos de palabras, los personajes son una creación literaria. Lo que hay en una novela son palabras.

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Vargas Llosa en Princeton, ¿fue una disección al creador?

Una de las cosas con las que trabajamos en Princeton fue con el archivo de Mario Vargas Llosa, que está en la biblioteca de la universidad. Es un archivo muy extenso donde hay diarios, cuadernos, la versión manuscrita de una de las novelas, varias versiones de Conversación en La Catedral. Tenemos las tres versiones. Está también la correspondencia. Todas las cartas que ha intercambiado con otros escritores, como Cabrera Infante, Severo Sarduy, Octavio Paz. Parte de lo que hicimos fue que los estudiantes por semanas fueran al archivo, así encontraban algo que a ellos le resultaba interesante y se relacionaba con los temas de discusión. Lo sacaban y presentaban esa página de diario, o esa página de un manuscrito, en presencia de Mario Vargas Llosa. Se armaba un debate. Para estos estudiantes que eran muy jóvenes. Tenían 19, 20 años, algunos menos. Puede ser algo muy intimidante, de repente tener que decir algo en presencia del autor. Pero gracias a este ejercicio, se convertían en profesores, le podían enseñar a Vargas Llosa sobre su propia obra. Redescubría su obra.

¿Y es verdad que el nombre Lituma ya lo había usado en un texto no literario en su juventud y que afloró en sus novelas?

Hay varios nombres. El de Lituma es uno que aparece en muchas de sus obras. Y él dice que es un personaje simpático, que se volvió a aparecer de una manera no prevista en muchas de sus novelas.

¿Estructurar todas esas clases para el libro fue difícil?

Yo creo que el gran secreto de la escritura, y Mario Vargas Llosa es un maestro en este tema, es simplemente encontrar una estructura para acomodar todo. En México decimos todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Eso hicimos con las cinco novelas que se tratan en el libro.

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Incluyeron El pez en el agua, no se trató solo de ficción.

La idea es que en el momento en que se escribe, incluso cuando se trata de un ensayo o un artículo periodístico, ya hay un elemento de ficción. Esa es una idea que ha comentado mucho Mario Vargas Llosa, y yo creo también que toda escritura tiene un elemento de ficción. Incluso un artículo periodístico, hay que darle forma.

¿El pensamiento político de Vargas Llosa ha variado?

Es el gran debate. Yo diría que no. Lo que veo es una continuidad, desde el joven Mario Vargas Llosa

¿Desde que recibió el Rómulo Gallegos hasta el Nobel?

Desde antes. Un joven Mario Vargas Llosa de 15 años, que estuvo en la célula Cahuide, que era de un grupo trotskista en la Universidad de San Marcos. Yo vería una continuidad hasta el Mario Vargas Llosa de hoy. En el sentido de que él es alguien que siempre se ha interesado en hacer un tipo de política, yo diría desde una posición solitaria. Él siempre ha sido un tipo de escritor que le ha tenido recelo a los grupos. Nunca ha querido ser parte de un grupo, y en los momentos en que los grupos han tratado de incorporarlo como se vio en Cuba, en Casa de las Américas. La continuidad que yo veo es una de esas, la defensa de la posición individual, no de grupos; y la otra, en la visión política, ha sido desde los 15 años: ha defendido la libertad en el sentido más amplio, la libertad de expresión, la libertad de circulación, de pensamiento. Es algo que se ve en él hasta ahora.

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“VLl, incluso sin Sartre, tendría las mismas ideas”

Si Mario Vargas Llosa no hubiera sido sartreano, ¿habría escrito novelas como La ciudad y los perros o Conversación en La Catedral?

Si no hubiera sido sartreano, ¿qué hubiera sido?, ¿qué hubiera escrito?... habría que hacer un ejercicio... En Historia es un ejercicio que se llama contra los hechos. Es el ejercicio de qué hubiera pasado si Adolfo Hitler no hubiera llegado al poder, ¿qué hubiera pasado si eso no hubiera ocurrido?, ¿qué hubiera pasado si Estados Unidos no se involucrara en la Segunda Guerra Mundial? Y ese es un ejercicio muy útil para ver cómo hubiera podido desarrollarse la historia de otra manera. Si Mario Vargas Llosa no hubiera sido sartreano, quizás, incluso sin Sartre, muchas de sus ideas hubieran sido las mismas. Para el autor de La guerra del fin del mundo, los principios y defensa de la libertad, como hemos dicho, lo ha tenido bien claro desde muy joven, sobre todo la idea de que la literatura tiene una relación especial con la política, y que la literatura sirve para pensar con la política.

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