Los tiempos recios de Jacobo Árbenz

Popular. El capitán y presidente guatemalteco, por sus adhesiones populares, fue conocido como “El solado del pueblo”.

La República
14 Jul. 2019 | 09:49h

Por Ybrahim Luna

El pasado mes de junio, en la Feria del Libro de Madrid, el premio Nobel Mario Vargas Llosa soltó prenda. Anunció la aparición de su nueva novela Tiempos recios (que publicará Alfaguara), cuya trama gira en torno a uno de los episodios políticos más truculentos de América Latina: el golpe de Estado al gobierno del capitán Jacobo Árbenz, en Guatemala, auspiciado por los Estados Unidos en los años 50.

La historia cautivó al Nobel durante una cena en Santo Domingo, como parte de una conversación intrascendente, y desde entonces ha dedicado más de dos intensos años a una obra que se antoja como sucesora de La fiesta del Chivo.

¿Qué pasó en Guatemala?

El militar guatemalteco Jacobo Árbenz Guzmán, conocido como “el soldado del pueblo” desde la revolución de 1944 -donde logró gran arraigo entre campesinos y estudiantes-, asumió la presidencia de su país en 1951, mediante elecciones democráticas. Sus propuestas de gobierno fueron claras desde un principio: abandonar la dependencia colonial de los Estados Unidos, otorgar tierras de cultivo a los campesinos a través de una reforma agraria y modernizar la matriz productiva.

Esto no le gustó a la Casa Blanca ni a la United Fruit Company (UFCO), empresa frutera estadounidense dueña de la mayor parte de las tierras productivas de Guatemala.

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EEUU hizo todas las presiones posibles para que las cosas no cambiaran, pero Árbenz expropió las tierras ociosas de la UFCO, pagando por ello un valor real que la empresa no quiso aceptar. La guerra estaba declarada.

La Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) ya tenía el reemplazo de Jacobo Árbenz. Se trataba del coronel cesado Carlos Castillo Armas, quien estaría al mando de una fuerza rebelde que tomaría el poder.

Pero Árbenz, gracias a una oportuna filtración, se adelantó y denunció internacionalmente un “complot contrarrevolucionario” organizado por EEUU, con la complicidad de Castillo y del dictador Anastasio Somoza desde Nicaragua.

La CIA puso parches fríos al escándalo usando a la prensa local para inundar el país con noticias falsas, mientras preparaba una lista con más de 50 nombres de ciudadanos sospechosos de “comunismo” que debían ser asesinados. El acuerdo con Castillo fue que las ejecuciones se darían durante el ingreso de las “fuerzas rebeldes” a la capital.

La Agencia, que acusaba a Árbenz de comunista prosoviético sin ninguna prueba, tuvo incluso su propia estación de radio, La voz de la Liberación, que en determinado momento se filtró en la frecuencia de la emisora estatal. La potente señal se irradiaba desde una granja en Nicaragua, propiedad de Somoza, y tuvo su clímax cuando propaló las declaraciones de un piloto desertor.

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Esto produjo la histeria de Árbenz, que ordenó la inamovilidad absoluta de su disminuida fuerza aérea. Y conllevó a redadas y detenciones de ciudadanos sospechosos de complot. Varios estudiantes subvencionados por la CIA fueron detenidos y algunos desaparecieron a manos de los militares. Este complejo episodio, sin embargo, fue celebrado por la Agencia, que en un cable señalaba: “Se extiende el pánico en los círculos del gobierno”.

El 18 de junio de 1954, Castillo Armas pretendió dar el tan ansiado golpe auspiciado por EEUU, pero fue un rotundo fracaso. Los autodenominados rebeldes atacaron el principal puerto del país e intentaron tomar un cuartel, pero fueron repelidos por el ejército y los pobladores costeños. Un bloque de 70 hombres, proveniente desde El Salvador, fue detenido; mientras que en la frontera con Honduras, Castillo Armas suplicaba a la CIA pertrechos y comida para su gente y que se procediera a un bombardeo aéreo.

Ante la derrota inicial de los rebeldes, Árbenz se vio fortalecido y empezó a ganar terreno ante el temor generalizado de EEUU.

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La mañana del 23 de junio, los aviones de la CIA procedieron a bombardear los principales establecimientos militares, trenes y algunas emisoras de radio de Guatemala. En otro escenario, el grupo de Castillo Armas se hallaba sitiado y a punto de ser derrotado. La radio de los “rebeldes” transmitía ahora su señal desde la azotea de la misma embajada estadounidense en Guatemala, incluyendo altavoces que emitían ruidos de guerra.

Entre el 25 y 27 de junio, los aviones de la CIA hicieron fuego sobre el mayor campamento militar de Guatemala, lo que generó, finalmente, el desbande de muchos militares oficialistas. Árbenz convocó a su gabinete a una junta de emergencia para comunicarles que había sido traicionado y poco después cedió su poder al coronel Carlos Enrique Díaz, quien juró enfrentar al traidor Castillo Armas. Ante severas presiones, las juntas fieles a Árbenz se fueron disolviendo poco a poco.

La diplomacia de EEUU hizo todos los lobbies necesarios hasta que, en septiembre de 1954, Castillo Armas asumió la presidencia de Guatemala. Tres años después, Castillo Armas fue asesinado en la casa presidencial de dos disparos.

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Luego de delegar el poder, el expresidente Árbenz partió a un incierto y penoso exilio por el mundo.

Jacobo Árbenz Guzmán murió en México en enero de 1971, en un extraño incidente. Aparentemente sufrió un paro cardíaco mientras se bañaba. Otra versión señala que se electrocutó con una radio que cayó en su tina.

La verdad sale a luz

Entre 1997 y 2003, EEUU desclasificó más de 12 mil documentos sobre el golpe de Estado en Guatemala. El periodista del The New York Times y premio Pulitzer, Tim Weiner, expone parte de esta sombría trama en su portentoso libro Legado de cenizas: La historia de la CIA, (2007).