Arequipa, un campo complicado para los Fujimori

Mal pasado. En la ciudad de Arequipa, la dinastía Fujimori no ha gozado de visitas tranquilas. Aunque tienen seguidores, el antifujimorismo se ha expresado con mayor fuerza durante las últimas décadas.

La Republica
Última visita. Desde el 2016, Keiko Fujimori no pisa suelo mistiano. Aquel año tuvo un recibimiento accidentado y realizó mítines lejos de la Plaza de Armas.
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El argot futbolístico ingresó en la presente elección, con el término de las plazas de visitante, para referirse a las zonas con poco respaldo hacia un candidato. En base a este discurso, se podría decir que en los últimos 25 años, la ciudad de Arequipa fue una cancha complicada para el fujimorismo. Alberto Fujimori y su hija Keiko, lo comprobaron.

Un hecho que marcó este antifujimorismo en la ciudad, fue curiosamente en un estadio deportivo. El viernes 17 de octubre de 1997, en la inauguración de los Juegos Bolivarianos, en el estadio Monumental de la Unsa, Alberto Fujimori recibió una silbatina ensordecedora. Keiko, entonces primera dama, también estuvo en el coloso agustino.

Aquel año, la mano autoritaria del régimen de Fujimori y su rompimiento con la institucionalidad ya ocurría sin tapujos, lo que aumentó el clima de malestar en la ciudad. Entre esos hechos: en 1996, el Congreso aprobó una ley que interpretaba la Constitución, para permitir un tercer mandato consecutivo de Fujimori. En mayo de 1997, el mismo Congreso destituyó a tres magistrados del Tribunal Constitucional que votaron por la inaplicabilidad de dicha norma. Y entre esos meses, se publicaron las denuncias de torturas contra agentes de inteligencia, por presunta filtración de información a la prensa.

Bajo ese clima, Alberto Fujimori y Keiko llegaron a Arequipa, para la inauguración de los Bolivarianos. El historiador Rubén Pachari recuerda que Fujimori se aseguró de llenar el estadio Monumental Arequipa con público favorable, distribuyendo casi 30 mil entradas entre los programas sociales. Pero la jugada salió mal, los boletos de cortesía fueron revendidos.

Por la noche, cuando Fujimori tomó la palabra para inaugurar los juegos, estalló una silbatina sin precedentes en el estadio, que hizo imposible escuchar su voz. El periodista Iván Contreras, quien cubrió aquella jornada y estaba cerca del palco oficial, recuerda que Keiko tocó el hombro de su padre, como diciéndole “cálmate, cálmate”.

Ante una comisión investigadora del Congreso en el 2001, el exasesor de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, dijo que sugirió al exdictador no viajar a Arequipa, pues tenía información que grupos de izquierda de la Unsa, azuzarían el rechazo entre los espectadores. Según Montesinos, Fujimori le respondió: “No, yo me voy (a la inauguración) y a mí no me chifla nadie”.

Plaza tomada

El 22 de mayo de 2000 ocurrió otro capítulo de rechazo al fujimorismo, contra un mitin en la Plaza de Armas, a seis días de la segunda vuelta. Fujimori buscaba su tercera elección y el clima electoral era crispado, luego de las acusaciones de fraude en la primera vuelta. Además, el contendor Alejandro Toledo, había anunciado su retiro porque el proceso no ofrecía garantías.

Bajo ese clima, el oficialismo preparó el mitin. Desde tempranas horas hubo oposición, con ciudadanos impidiendo el armado del estrado en la Plaza de Armas. Se recurrió al rochabus y gases lacrimógenos para dispersarlos. El historiador Mario Rommel Arce, recuerda que en un momento se cerró la plaza y solo dejaban ingresar a personas que mostraban algún distintivo de Perú 2000. Pero en las calles colindantes, había gente protestando. Mientras, llegaban los buses con el público para llenar el mitin. “Muchas pudieron estar condicionadas”, señala Rommel Arce, aunque añade que también existían seguidores del régimen. Dentro de todo, Fujimori era popular en diferentes sectores.

Por la noche, el mitin fue accidentado. Un grupo de opositores a Fujimori logró entrar a la plaza y desde lejos, lanzaban proclamas contra el exdictador, mientras este proseguía su actividad proselitista y bailaba al “Ritmo del Chino”, la tecnocumbia que identificó la campaña de la re-reelección. Agentes de seguridad subieron al estrado para proteger a Fujimori de posibles objetos contundentes.

Rechazo generacional

El 2016, Keiko Fukimori asumió la posta del padre y postulaba por segunda vez a la presidencia. El 11 de febrero de aquel año, tuvo un recibimiento accidentado en el aeropuerto de Arequipa. Entre quienes la rechazaban, estaban partidarios del exlíder regional de Fuerza Popular, Freddy Lozano, quien había quedado fuera de la lista congresal. Lozano siempre ha negado que él haya digitado esa manifestación.

La protesta en el aeropuerto, generó la respuesta agresiva del círculo cercano de Keiko. Joaquín Ramírez quiso enfrentarse a golpes con una persona, mientras que Pier Figari dijo que los manifestantes eran del grupo terrorista Sendero Luminoso. El terruqueo de Figari, generó el reclamo de la exgobernadora Yamila Osorio. Al día siguiente, se produciría otra manifestación contra Keiko en los exteriores de calle Santa Marta, mientras ella inauguraba un local de campaña.

La accidentada visita de febrero, obligó a tomar medidas preventivas. Para su mitin del 4 abril, desarrollado en la Vía 54 en el Cono Norte, la candidata bajó del avión solo para el acto proselitista. Culminado este, volvió a subir a la aeronave. Para la segunda vuelta, el 18 de mayo, hizo una caravana que pasó de forma apresurada. Hizo un mitin en Miguel Grau, Paucarpata. Desde entonces, Keiko no ha vuelto a Arequipa.

El imaginario colectivo

Mario Rommel Arce, señala que, ante la dictadura de Fujimori, en un sector de habitantes de Arequipa se activó el imaginario colectivo de la ciudad, como abanderada de la libertad, la Constitución y los derechos ciudadanos. “Había un clima enrarecido, de opresión, de autoritarismo, algo estaba mal y la ciudadanía lo percibía”.

Esas sospechas se confirmaron con los vladivideos, donde se vio cómo el régimen de Fujimori compraba voluntades de políticos y empresarios, por dinero.