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Farid Kahhat: “Hay razones válidas para temer a ambos candidatos: representan un riesgo autoritario”

Carlos Páucar

Advierte. "Si Castillo gana va a tener a la mayoría de la prensa, Confiep y militares en contra". Foto: John Reyes/La República
Advierte. "Si Castillo gana va a tener a la mayoría de la prensa, Confiep y militares en contra". Foto: John Reyes/La República

Entrevista al sociólogo, profesor de Relaciones Internacionales en la Academia Diplomática del Perú y la PUCP. Analiza la pugna electoral entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori y estima difícil que los debates puedan revertir diferencia de 10 puntos en los sondeos.

La última encuesta ¿muestra cambios en la campaña?

Primero, en la encuesta de Ipsos el cambio está dentro del error estadístico. Y se da en el blanco/nulo hacia uno de los dos candidatos. El cambio básicamente refuerza la polarización en lo que es estrato socioeconómico. Lo que gana Keiko Fujimori buena parte lo hace en A/B sobre todo en A, Pedro Castillo sube en lo rural y en E. Creo que esto perfila la campaña muy polarizada no solo en el plano político, sino a nivel socioeconómico. Sin embargo, dos puntos de diferencia respecto a la encuesta anterior están en el margen de error estadístico, no hay cambio significativo.

El 86 por ciento desea el cambio del modelo económico...

Hay un tercio de la población que quiere un cambio significativo radical en la encuesta de Ipsos y en la de IEP. Y más del 50% en ambas encuestas quiere mantener el modelo pero con reformas. Los que piden que las cosas sigan igual son una minoría, en Ipsos un 11% y en IEP 5%... Creo que quizás esto explica el tipo de ofertas que hizo Keiko en el debate, como entregar 40% del canon directamente a la población o duplicar el monto de Pensión 65, programa al que se opuso el 2011, cuando lo planteó Ollanta Humala. Creo que ella ha notado el descontento con el statu quo y que ser candidata del statu quo no le va a ayudar. Pero no creo que a estas alturas haya mucho margen para el cambio, pues habría un problema de credibilidad si hace propuestas a las que se opuso en el pasado.

El debate ¿cómo lo tomó?

Fue un debate que tuvo que ver con cómo se planteó: en una plaza pública y sobre todo Keiko adecuando su discurso. Las propuestas que hizo allí, no las tenía ni en su programa de gobierno, ni en su campaña de primera vuelta. 40% del canon en una región minera por antonomasia, como Cajamarca, distribuido directamente a la población... es algo que sacó de la manga.

En primera vuelta había criticado los bonos que proponía Verónika Mendoza.

Sí... Es algo que no termino de entender de la derecha peruana: la intervención del Estado en la economía solo le molesta cuando es a favor de quienes menos tienen. Los bonos que planteó Mendoza iban a costar menos de lo que, por ejemplo, ha costado Reactiva Perú, que era necesario, pero en donde cerca del 60% del total fue a parar a grandes empresas. O sea, que el Estado reduzca impuestos a los exportadores agropecuarios –algo que tiene muy poco de liberal– no causa controversia, pero que en la peor crisis sanitaria y económica en un siglo se quiera dar bonos a la población, eso sí les preocupa.

Fujimori parece centrar su esperanza en los debates para revertir los sondeos.

Los debates rara vez mueven las encuestas más de uno o dos puntos. He visto hasta cuatro puntos porcentuales de cambio en obtención de voto, pero no más que eso. Y es menos que la distancia que, por ahora, separa a los candidatos. Entonces, las encuestas no cambiarán los resultados por sí solas. Creo que Keiko cree que tendría un mejor desempeño que Castillo, a fin de cuentas ya tiene tres campañas presidenciales... No pondría tanta expectativa en que los debates, por sí solos, puedan revertir una diferencia de 10 puntos.

¿Cree, como dicen algunos, que esta vez se debe elegir entre la horca y la guillotina?

No voy a hacer lo que hizo Vargas Llosa. Keiko Fujimori y Ollanta Humala. El cáncer y el sida. Y después resultó que una de las enfermedades terminales no era tan mala. Digo, no es la segunda vuelta que hubiera deseado, no voté por ninguno de ellos y probablemente no hubiesen sido mi segunda opción. Creo que hay razones válidas para temer ambas candidaturas: representan un riesgo autoritario, pero todavía está por verse lo que pueden plasmar de llegar al Gobierno.

¿Hay una semejanza en la región de tanta polarización?

Así como hay antifujimorismo en el Perú, en Ecuador existe el anticorreísmo que, curiosamente, atraviesa toda la derecha y la izquierda; toda la derecha es anticorreísta, pero también el movimiento indígena que presentó un candidato como Yaku Pérez, crítico del correísmo por razones distintas… En Bolivia hay una polarización entre el MAS y el resto de fuerzas políticas en torno a Morales. En Argentina es un poco más matizado, el kirchnerismo de la izquierda peronista tiene grandes enemigos... Digamos que en Perú la división es más clara, pero en las élites. Aunque dudo que el tema ideológico sea tan importante para la mayoría del electorado.

¿El apoyo a Castillo es por la idea de cambio en regiones?

Recordemos que la sierra sur, en particular, pero también la sierra central en alguna medida, suele votar distinto a Lima, aunque también votó por Toledo, es decir, no vota necesariamente por opciones radicales. No creo que sea un voto ideológico y habría que recordar que Castillo no existía tres semanas antes de las elecciones. Hay un apoyo regional de última hora, como ha ocurrido tantas veces en el Perú... Sí creo que un factor que ayuda esta vez a entender el voto para un candidato radical es la pandemia.

Ausente en varios análisis.

Y que nos ha inmerso en la mayor crisis económica desde la Gran Depresión y la mayor crisis sanitaria probablemente de la historia republicana. Y muestra las falencias del actual modelo de desarrollo. Quizás sea un factor que explique que quien capitaliza el descontento es Castillo.

¿El temor a ser como Venezuela es inevitable?

Es inevitable. Pero Castillo parte con 18% de votos, no 55% como Chávez y no tiene mayoría en el Congreso, ni siquiera tiene la minoría necesaria para evitar una vacancia. Y Chávez tuvo varios años de bonanza por el boom de las materias primas. Y con el boom del petróleo pudo comprar lealtades en las FFAA. Castillo entra en una situación económica y de salud pública muy mala y va a tener a los poderes fácticos en contra. No va a tener a la mayoría de prensa, Confiep, militares. Aunque quisiera copiar el modelo venezolano, no parece factible. Y Venezuela es universalmente considerado un desastre absoluto, en lo político y económico, ¿por qué alguien en su sano juicio querría copiar ese modelo?

Usted ha dicho que esa campaña de miedo al comunismo no es nada nuevo ¿por qué lo sostiene?

Empezó con el APRA, recordemos la publicidad de la Unión Revolucionaria de los años 30 en contra del APRA como una fuerza comunista. Después, tenemos en los 60 los avisos en contra de Belaunde acusándolo de comunista...

...En esos tiempos Belaunde proponía una reforma agraria.

Sí, pero también la proponía John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos. Entonces no era una medida radical sino algo que se consideraba necesario, por un lado, porque además de ser algo justo la redistribución de la tierra reducía el riesgo de revoluciones como la cubana, pero, además, se pensaba que era necesario para mejorar la productividad agrícola o agropecuaria en general. No era una medida particularmente radical, países capitalistas como Corea, por ejemplo, realizaron reformas agrarias.

La campaña del miedo siguió en los 80.

Siguió en los 80... cuando ya había una izquierda electoralmente significativa en el Perú.

¿Esta campaña del miedo se intensifica en esta época de las redes?

Sí, pero incluso en tiempos de redes hemos tenido campañas tan burdas de deslegitimización, como la de López Aliaga: un comunicado de su partido Renovación Popular llamaba al gobierno de Sagasti, régimen marxista.

¿El miedo al comunismo tendrá algún efecto?

Se ha abusado tanto, se ha conjurado tantas veces el espectro del comunismo que ahora que podría tener algún asidero -veo que el ideario de Perú Libre lo define como un partido marxista leninista, aunque Castillo es un cristiano evangélico-, probablemente no tenga el efecto esperado. Según Datum, la primera encuesta posterior a la primera vuelta, el 28% de los peruanos se autodefinen como antifujimoristas y solo el 27% como anticomunistas. Creo que en lo que le puede ayudar ese mensaje a Keiko Fujimori es a consolidar su propia base electoral, recordemos que hubo un ausentismo significativo en la primera vuelta en la región de Lima que se dio en distritos de clase alta, si esto se repitiera en segunda vuelta podría ser muy perjudicial para ella. Le ayuda a consolidar su base, pero no logra ampliarla, que es lo que necesita para ganar en segunda vuelta.

-Señala que Castillo no maneja un discurso marxista leninista, sino un discurso cristiano, ¿Eso en algo explica su llegada a la gente?

-No lo sé, porque los evangélicos no son como el catolicismo en donde hay una jerarquía muy claramente establecida, a la cúspide de la cual está el Papa. Las iglesias evangélicas son muy disímiles entre sí, no todas participan en política, pero las que sí tienen a ser más bien conservadoras en temas sociales, pero también en economía. Y aquí tenemos un caso donde si bien Castillo es conservador en lo social (cuando le preguntan por su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo cita la Biblia), es más bien de izquierda en cuanto a la participación del Estado en la economía.  Entonces, es un fenómeno inusual porque, como digo, la mayoría de los votantes de iglesias evangélicas no necesariamente compartirían el tipo de posiciones que él tiene en política económica.

Un probable triunfo de Castillo ¿alteraría las relaciones con Estados Unidos?

No necesariamente. Va a depender de las políticas que adopte en el Gobierno. No sería un antagonismo automático, pero si, como se ha dicho en la campaña, se expulsara a la DEA, la agencia que combate el narcotráfico, o se expulsara a USAID, una de las agencias de cooperación internacional del gobierno americano, eso sí podría generar tensiones. Si, por ejemplo, se quisiera revisar el Tratado de Libre Comercio, también podría generar conflictos de interés... Si no se hacen esas cosas, la relación no tendría por qué ser áspera. Va a depender de lo que haga Castillo en el Gobierno, el mero hecho de que gane, por sí solo, no va a significar un deterioro de la relación bilateral.

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