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Economía

Hay que apostar por los cultivos orgánicos

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Vrae. Pese a la ausencia del Estado, que no potencia el refuerzo de los agricultores. La República viajó hasta esa zona y comprobó que la hoja de coca está siendo desplazada por productos como el barbasco, el sacha inchi y los árboles madereros.

Richard Manrique.

La República se internó en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE) y comprobó el trabajo solitario de los agricultores en sus ansias por reemplazar los cultivos ilícitos con los productos alternativos.

Si bien es cierto que estas tierras en su mayoría son productoras de café y cacao –de los mejores del país–, en cuanto a productividad hay cultivos con más oportunidades como la yuca, el plátano, el barbasco, el sacha inchi, entre otros. El problema es que los precios más altos provienen del negocio ilegal, empobreciendo al agricultor que no decide ir por ese camino.

Barbasco: veneno orgánico


Melanio Flores tiene media hectárea de barbasco, un árbol que produce un veneno lechoso (llamado rotenona) en sus raíces y se utiliza como pesticida orgánico. Su chacra está en el distrito ayacuchano de Santa Rosa, en la provincia de La Mar. Mientras acopia las raíces nos cuenta que este producto cuesta S/. 1.50 el kilo, precio que no corresponde al esfuerzo de su trabajo. “Hay que escarbar como un metro o dos para sacar la raíz de cada uno”, cuenta.

Además, se trata de un cultivo a mediano plazo, porque hay que esperar entre 4 y 8 años para cosecharlos. En el extranjero lo compran en polvo, como fungicida, pesticida o insecticida orgánico, y su valor es de hasta siete veces lo que recibe el agricultor. El cube, como también se le llama, produce entre 6 mil a 9 mil kilos por hectárea.

“Este cultivo es una buena apuesta, porque los nichos de mercado orgánico en el mundo están en crecida. Además, los productos orgánicos fumigados con insecticidas orgánicos valen mucho más”, explica Tito Atao, representante de la Cooperativa Agraria Cafetalera del Valle del Río Apurímac.

Sacha inchi: el mejor aceite

El sacha inchi o maní del inca también es un cultivo que en el VRAE se empezó a sembrar con ahínco el año pasado. La iniciativa provino del gobierno regional de Ayacucho, con el objetivo de erradicar el cultivo de hoja de coca.

Uno de los beneficiarios es Severo Castro Palomino, un pequeño productor que apostó por este cultivo porque sus tierras, ubicadas en el pueblo de San Cristóbal no estaban aptas para otros cultivos como el café. “Más bien con este sembrío están reaccionando las plantas de café y solo tiene ocho meses de cultivado”, señala.

El sacha inchi es un arbusto mediano, poblado de hojas grandes. De su fruto se extrae un aceite nutritivo y sin colesterol, muy superior a cualquier otro tipo de aceite. Por ello, es un producto atractivo para la exportación. En el 2010 se exportaron más de 83 toneladas a países como Colombia, Japón, Estados Unidos y Francia.

Castro nos cuenta que en agosto será la primera cosecha de sus dos hectáreas. Y recibirá por cada kilo unos S/. 8. En sus ojos brota un brillo de esperanza, pese a las condiciones de pobreza en las que vive: una casa de madera sin agua ni desagüe.

El VRAE es una zona multiproductora. En una chacra, los agricultores cultivan diversos productos. Si bien es cierto que han recibido algún apoyo institucional, estos han sido pasajeros y a ciegas, como quien les tira las semillas y se marcha.