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Gamarra renace por segunda vez y pelea contra la corriente

Fernando Cuadros

Lucha. Katerin Salcedo lleva 15 años en Gamarra, pero en el peor momento de la pandemia tuvo que recaer en la informalidad para mantener a flote su familia.  Foto: Antonio Melgarejo/ La República
Lucha. Katerin Salcedo lleva 15 años en Gamarra, pero en el peor momento de la pandemia tuvo que recaer en la informalidad para mantener a flote su familia. Foto: Antonio Melgarejo/ La República

Largo trecho. Mercadería almacenada desde hace un año, campañas tiradas al tacho y deudas vencidas e invencibles. Katerin, José y Hernán detallan cómo afrontan la reactivación y qué esperan tras un año de acentuada la pandemia.

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No he vendido ni una sola prenda en este mes de cuarentena (febrero). Publiqué mi mercadería para delivery, pero no es igual”, comenta con la voz quebrada Katerin Salcedo, quien desde hace 15 años se dedica a la elaboración y venta de prendas con su marca Camisas YAR’S, en una reconocida galería de Gamarra.

La emprendedora detalla que desde el año pasado arrastra decenas de camisas almacenadas que diversos colegios le habían pedido en la campaña escolar, la cual fue abruptamente cortada por la pandemia de la COVID-19. Una suerte similar corrieron las telas adquiridas para los pantalones y polares que suelen venderse para el Día del Padre y la temporada de invierno.

Salcedo prefiere no arrojar un estimado de las pérdidas sufridas, y considera que la atención con aforos del 20% no es suficiente para repotenciar la producción de las mypes, por lo que seguirá prescindiendo de los 15 trabajadores que la acompañan −repartidos entre los cortadores de tela y maquinadores− mientras se las ingenia para afrontar sus deudas bancarias, llegando al punto de rematar dos de sus diez máquinas remalladoras para contar con capital.

“Nadie trabaja, ya. Solo estoy con mi esposo, quien me ayuda a coser y planchar, aunque ni hay a quién venderle. El año pasado apenas logré mandar mercadería a provincia para pagarles a mis costureros y trabajadores porque sé que también tienen familias que cubrir. Hoy la situación es crítica”, explica la comerciante.

Como ella, son 32.000 productores que dan trabajo hasta a 150.000 personas, las cuales vieron complicado su panorama durante el segundo mes de este año por el cierre de la atención al público, según cifras de la Unión de Empresarios Textiles de Gamarra (Únete).

El temor al contagio está más latente que nunca −prosigue Salcedo− y reconoció que meses atrás se volvió ambulante por una semana porque no tenía ni para comer. Y, lamentablemente, parte de la ropa de invierno que ofertó le fue decomisada por los operativos de la Municipalidad de La Victoria.

Contra las importaciones

José Espinoza pasa estos días recorriendo diversos puntos de Lima para colocar la mercadería remanente de su negocio JHC Inversiones, a tal punto de no tener un horario fijo para recibirnos.

Esta búsqueda desesperada de clientes nace de la falta de capital para afrontar las obligaciones, como el pago de alquileres, servicios básicos y planillas, situación que con el cierre de puertas trajo la cancelación de entregas.

El empresario alega que se ha mermado una quinta parte de sus recursos desde el año pasado, y el retorno con aforos del 20% no permitirá revertir la adversidad. “Trabajaba hasta con 16 personas, ahora somos solo cuatro. Debo hacer de vendedor y hasta de contador. Solíamos trabajar con vendedores que se ganaban una comisión por cada transacción. Ahora no hay cómo dar trabajo”, añade.

Asimismo, reconoce que se pasó de vender 4.000 prendas semanales a ninguna durante la segunda cuarentena focalizada, y condenó que el Gobierno “tenga contra la pared” a los negocios formales, negándose a aplicar salvaguardas a las prendas importadas desde China y Bangladesh.

Y es que, según la Comisión de Dumping y Subsidios del Indecopi, entre el 2016 y el 2019, las importaciones de confecciones se duplicaron y son una amenaza para las empresas peruanas, por lo que recomendó aplicar salvaguardas provisionales por 200 días, elevando la tasa arancelaria mínima a 20% (actualmente es 11%, una de las más bajas de la región).

Así, el volumen de las importaciones textiles aumentó en 54,3%, pasando de 303 millones 553 mil unidades en 2019 a 468 millones 278 mil unidades al cierre de 2020, precisaron desde la Sociedad Nacional de Industrias (SNI).

Más medidas

Por su parte, el empresario Hernán Nieva −quien también integra la Asociación de Confeccionistas Exportadores de Gamarra (Confex)− agregó que las mypes cada día no hacen más que caer en picada.

“Estamos como el cangrejo, retrocediendo más y más. ¿Acaso no saben que, si cierra Gamarra, cerramos la industria nacional?”, cuestionó.

Nieva exhortó al Gobierno a no extender solamente los plazos de pago para los préstamos de Reactiva Perú y FAE-Mype, sino a congelarlos a tal punto de no tener que pagar ningún tipo de interés por el retraso.

“No queremos que nos regalen ni hacerle perro muerto al Estado. Es la gran empresa la que no va a pagar. Nosotros los chiquitos, sí”, concluyó.

Desgranando la adversidad con la que convive Gamarra

Según el estudio de Indecopi, las prendas importadas desde China y Bangladesh representan el 85% del total del mercado peruano de confecciones. Es decir, de cada diez prendas que se venden, solo una es adquirida al productor nacional.

Al no aplicarse las salvaguardas, las pérdidas generales de Gamarra caerían hasta en 40%, explica José Luis Muñoz, director de Únete Gamarra. Anualmente, el emporio generaba hasta US$ 600 millones. A diciembre, cerrarían con apenas US$ 2,4 millones.

Se ha perdido el 40% de la masa laboral gamarrina, y menos del 50% de negocios quebró o migró.

La palabra

José Luis Muñoz - Director Únete Gamarra

“La ropa china que entra masivamente, de seguir (sin salvaguardas), nos obligará a quebrar a 40.000 de las 100.000 mypes textiles que hay en el país. La mano de obra también se iría eliminando”.

Las cifras

400 mil personas trabajan en textilería y confecciones. Más del 60% son mujeres.

32 mil productores son de Gamarra. Emplean a más de 150.000 personas.