Repartidor de delivery, el esclavo moderno de Latinoamérica

Jair Sarmiento

carlos.sarmiento.glr@gmail.com neondemonsaq

09 Ago 2020 | 23:24 h
El grito de los motorizados se echó a rodar por cuarta vez el último sábado de julio—sus protestas anteriores fueron en abril, mayo y el primero del mes pasado— en varias ciudades de la región.
El grito de los motorizados se echó a rodar por cuarta vez el último sábado de julio—sus protestas anteriores fueron en abril, mayo y el primero del mes pasado— en varias ciudades de la región.

De Belo Horizonte a Mar de Plata. La precariedad e hiperexplotación por aplicación no solo se vive en Lima, salpica a otros países. Los motorizados y ciclistas de América Latina montaron las calles por cuarta vez el 25 de julio. ¿Por qué los gobiernos dudan en regular a las aplicaciones?, se preguntan los expertos. Mientras tanto, la informalidad, las muertes y los contagios siguen creciendo de la mano de la gig economy. Y nosotros, los usuarios, ¿los esclavizamos inconscientemente desde nuestros celulares?

¿Sabes lo que es estar con hambre y llevar comida en tus espaldas?, fue la frase que se oyó en las pistas de América Latina. Fueron las voces de miles y miles de repartidores que aún luchan por ser clasificados como ‘trabajadores’ para recibir las protecciones que les corresponde. “No somos socios, autónomos, independientes, colaboradores.”, indican. Los falsos autónomos ya no se comen el cuento de “sé tu propio jefe”.

Su grito se echó a rodar por cuarta vez el último sábado de julio—sus protestas anteriores fueron en abril, mayo y el primero del mes pasado— en varias ciudades de la región.

Ellos señalan que la hiperexplotación ha sido normalizada por las plataformas digitales, los gobiernos y quienes nos instalamos estas aplicaciones en nuestros teléfonos.

“Muchos ingresaron creyendo en la ideología liberal del emprendimiento, pero se dieron cuenta de que esta narrativa es una mentira. Vivimos en una sociedad que da diferentes condiciones a las personas según la clase a la que pertenece”, indica Tirza Drumond (21).

Tirza vive en Porto Alegre, en el estado de Rio Grande do Sul, Brasil. Comenzó a trabajar como repartidora de Rappi porque su madre quedó desempleada en la pandemia. Luego de ello también perdió la beca académica que recibía, y actualmente estudia pedagogía en una universidad pública.

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Drumond cuenta que los motorizados llevan mucho peso sobre sus espaldas y están muy mal pagados. Hoy su situación ha empeorado. Si antes, apenas las autoridades los observaban, hoy son fantasmas que recorren las ciudades para trasladar objetos o alimentos.

No se les garantiza equipos de bioseguridad. Hay aplicaciones que cobran por los kits contra COVID-19. No se conoce el número, pero hay varios trabajadores infectados por COVID-19 y hasta posibles muertes.

Esta actividad, al ser informal, no posee data oficial, es decir, ni siquiera poseen un número para ser reconocidos dentro del mercado laboral.

Estamos expuestos al virus porque no tenemos otra opción. Necesitamos pagar cuentas, sobrevivir”, comenta Tirza.

Tirza forma parte de entregadores antifascistas RS.

Y como la precarización no tiene límites, los repartidores son penalizados por motivos injustificados.

Yuli Ramírez (37) cuenta que un día le tocó un pedido para los suburbios de Quito (Ecuador), en donde ya le habían robado anteriormente.

Así que se comunicó con Glovo para que le reasignen el pedido ya que aquel lugar era una zona peligrosa, pero la empresa solo le quitó la hora de trabajo, lo cual le redujo su ingreso del día.

Yuli es venezolana, hace dos años y medio llegó a Ecuador. Estuvo casi 5 meses como cajera en un centro comercial hasta que uno de los socios la contrató como abogada en un estudio.

Sin embargo, decidió unirse a Glovo porque esta app prometía US$ 2 por pedido, con la frase “maneja tus propios tiempos, sé tu jefe”. Ahora Yuli gana mucho menos y sabe que estas apps son peores que un jefe.

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Yuli comenta que luego de más de 45 días de trabajo, solo le han dado una mascarilla de mala calidad en un par de oportunidades. Antes recibía estos implementos cada 15 días. Además, solicitaron un centro de control y desinfección, pero nunca hubo respuesta.

Gracias a sus propios cuidados, ninguno ha sido contagiado y tampoco ha sufrido algún accidente, a pesar de que estos han aumentado increíblemente en la ciudad.

Yuli Ramírez forma parte del colectivo, Glovers Ecuador.

“Estas aplicaciones no son más que la explotación laboral del siglo XXI. No hay descanso, eres una máquina de lunes a lunes. No hay para un futuro”, expresa.

Camila Mahon (24) es de Necochea, pero recorrió 125 kilómetros para llegar a Mar de Plata (Argentina) a los 18 años con el fin de independizarse de sus padres.

Al llegar a la ciudad, un conocido suyo le dijo que laborara de repartidora, para estudiar y trabajar a su manera.

En febrero se unió a Rappi y solo al segundo día sufrió un accidente.

“Estuve un mes sin trabajar, las deudas me abrumaban, y en ese momento me sentí desamparada”, comenta.

Ella accedió al seguro médico de la app, pero su cobertura era escasa. El transporte para acudir a su rehabilitación fue lo más caro de todo ese proceso. Por lo que quiso recuperar ese dinero, así que se lo presentó a la empresa, pero esta le dijo que no se hacía responsable.

Aquel suceso fue el inicio de una cruda realidad, no solo para ella, sino para todos sus compañeros. Ya van seis muertes en 100 días.

“Los primeros meses se sienten de fantasía, hasta que conoces historias que empiezan a interpelarte”, menciona.

Camila forma parte del grupo RedApps Unidos Argentina.

Ahora acude a asambleas nacionales via zoom, junto a otros representantes de Rosario, Córdoba y otras ciudades. Ella no solo lucha contra este modelo, sino también contra el conformismo de sus compañeros, quienes prefieren mantenerse al margen.

En Chile, los repartidores tuvieron que presionar reiterativamente para que el Ministerio de Trabajo los atienda. El problema era que PedidosYa había desconectado (despedido) a 35 de ellos de forma intempestiva. Lo que los dejaba sin trabajo y sin ingresos. A raíz de ese suceso, el Gobierno formó una mesa de trabajo.

“Lo que ahora queremos es respuesta”, indica Servio Hernández (34), uno de los más de 8.000 repartidores en el país (el 98% son extranjeros, pero también se están uniendo chilenos debido a los ceses colectivos).

Es venezolano y radica en Santiago hace tres años. Antes trabajaba haciendo delivery para restaurantes, después trabajó para PedidosYa, pero hace tres meses fue desconectado por su actividad sindical.

“Hay una campaña en las demás aplicaciones para que no obtengamos empleo”, apunta.

La pandemia golpeó a muchos de sus compañeros, pero no a las plataformas. La demanda ha aumentado, pero les siguen bajando los sueldos. El año pasado ganaban 2.500 pesos por pedido, luego en febrero se redujo a 1.800 pesos, y hoy solo ganan 650 pesos.

Trabajamos más y ganamos menos”, expresa. Servio señala que para tener un pago digno hay que hacer esfuerzos infrahumanos como trabajar 96 horas semanales.

Ser latinoamericano

Kruskaya Hidalgo, investigadora feminista, coordinadora de proyecto de FES ILDIS Ecuador y parte del Observatorio de Plataformas, sostiene que esta economía de las plataformas o gig economy impacta aún más en América Latina.

“No es lo mismo trabajar siendo europeo, que siendo una persona latinoamericana. Allá ganan mucho más que aquí. Además, tienen una legislación para trabajadores autónomos. La gente racializada y migrante —la mayor fuerza laboral en el continente— no tiene las misma condiciones de trabajo que una persona blanca”, comenta la experta.

Para Karol Morales, doctora en psicología del trabajo e investigadora del rubro, este es un problema global, pero existe una división laboral entre estas dos partes del mundo.

Los repartidores vienen realizando cuatro protestas a nivel internacional hasta la fecha. Fotografía: Shutterstock

“No por nada en España, Inglaterra y Francia existe más claridad acerca de lo precario de este trabajo. Mientras que en Latinoamérica todavía es muy incipiente”, expresa. La especialista menciona que hay una diferencia de 2 años de la instalación de estas plataformas.

A ello se suma el problema de la tecnología, la cual está hecha por seres humanos, y aplicada desde los sesgos que ya tenemos como sociedad. “Los algoritmos repiten el sexismo, xenofobia y racismo”, añade.

Las expertas concluyen en que estas plataformas son una fuente de empleo. “No decimos que estas deben dejar de existir, tienen que tener normas claras y asegurar los derechos laborales de sus trabajadores”, anotan.

Ser mujer repartidora

No tienes beneficios laborales, estás expuesto a insultos xenofóbicos, accidentes y ahora también a un virus letal, a eso súmale la violencia diaria. Ser repartidor implica todo ello, pero ser mujer repartidora tiene aún más riesgos.

“A veces los clientes te escriben por teléfono y te invitan a hacer cosas indebidas. Un día, un cliente se comunicó conmigo para que le diera masajes y comida”, cuenta Yuli.

Tirza indica que toda opresión empeora sobre los hombros de las mujeres. Ella comenta que sufre mucho acoso verbal.

Una vez un cliente le dijo: “Si hubiera sabido que la mujer de la entrega era una mujer, te habría dado una propina”.

Las mujeres repartidoras están expuestas al acoso y hostigamiento sexual, además de las precarias condiciones en las que trabajan. Fotografía: AFP

“Sufrimos la mayor vulnerabilidad en relación con los robos. No trabajo de noche y siempre uso ropa holgada”, expresa.

Hidalgo sostiene que a la hora de regular y crear políticas para estas plataformas es importante tener una perspectiva de género.

“Tenemos que tomar en cuenta el acoso sexual, sucede en los restaurantes y con los propios clientes, vienen hasta de los taxistas. Hay también este estigma de que si se es venezolana necesita dinero, y por ende, te ofrecen trabajos sexuales”.

Poder y millones

Hidalgo menciona que las multinacionales manejan grandes montos dinero y no pagan impuestos. “En el 2019, Glovo registró 160 millones de euros, eso puede ser el presupuesto de salud de un país entero” comenta.

Uber factura mucho más. Solo en Latinoamérica esta app ganó 45 millones de dólares, a inicios de este año.

Por otro lado, la experta comenta que las redes de articulación de poder son muy complejas y se centran en sus beneficiarias, es decir, las grandes cadenas de comida rápida que reciben pedidos.

Taxistas y shoppers

El título de falsos autónomos también recae sobre los taxistas y compradores de supermercados.

Los taxistas y shoppers (o compradores personales) también poseen las mismas condiciones que los repartidores. Todos están dentro de la gig economy.

Javier Schlack forma parte del sindicato de choferes de Uber de la región de Valparaíso, Chile, El año pasado, él y sus compañeros pudieron conformar su propio sindicato. De este modo conformaron el primer colectivo gremial de la plataforma digital de transporte privado en el país.

Javier cuenta que a los conductores les toca lo mismo. Las apps no se hacen cargo de las obligaciones laborales y de la salud de los trabajadores.

“Cuando a uno lo asaltan, le roban el vehículo, el teléfono o en casos más graves, resulta muerto, quedamos sin protección alguna. Y las familias tampoco reciben algún fondo de la empresa”, comenta.

Para terminar la conversación, Schlack apunta que los Gobiernos deberían observar las multifirmas de Uber. Se sabe que esta empresa recientemente ha adquirido Postmates y Cornershop.

Angélica Salgado (48) trabaja hace 5 años en esta última. Ella cuenta cómo es ser shopper o compradora personal.

“Si son 100 artículos, debo llevar los 100, y si es que el cliente cambia o elimina algún producto, el perjudicado es el shopper, porque, según la app, uno no fue capaz de ofrecerle un sustituto al cliente. La gente pide cosas difíciles y tienes que actuar rápido porque tienes que hacer menos de dos minutos por pedido, aunque no siempre es así. Recuerdo que un cliente que me tuvo parada frente al estante de chocolates durante 20 minutos —o sea ya estaba perdiendo tiempo y dinero—, así estuve leyendo los ingredientes para que luego me califique mal porque no había el dulce que quería. Ellos creen que castigan a la app, pero nos castigan a nosotros. Otro problema es sobre el número de pedidos, uno no gana por la cantidad sino por el producto, por ejemplo, si llevas 100 coca colas, solo te consideran una”.

Así como todos ellos, hay quienes se explotan trabajando hasta las 10 de la noche, y luego se conectan a otra app para laborar hasta las 3 de la madrugada. Más de 20 horas de trabajo. Te dicen que puedes ganar bien, pero lo que no te explican es que tienes que estar conectado 7 días a la semana, sin respiro.

¿Más de 200 años de lucha histórica de los trabajadores para esto?, se preguntan los falsos autónomos.

Ruggiero: Informe de repartidores no ha sido ignorado

En una edición anterior, este diario publicó el informe que el Ministerio de Trabajo elaboró desde el 2019, en el cual se evidenciaba la relación laboral entre repartidores y aplicación, asimismo se recogían propuestas para su problemática.

El exministro de Trabajo, Martín Ruggiero, manifestó que el MTPE está al tanto de la situación de los repartidores, sin embargo, no dio medidas concretas.

Al respecto, el exministro de Trabajo, Martín Ruggiero mencionó que efectivamente, entre fines del año pasado e inicios del presente, dicho grupo sostuvo diversas reuniones de trabajo con los principales actores directamente involucrados y evaluó con ellos distintas recomendaciones y propuestas.

Sin embargo, hasta el momento no se han recogido las propuestas y recomendaciones del informe y hasta la gestión de Sylvia Cáceres no hubo ningún pronunciamiento respecto a la protección de los motorizados, y mucho menos sobre su regulación.

Aunque, según Ruggiero, el contenido del informe no ha sido “ignorado”. “Desde nuestro sector estamos permanentemente alertas al funcionamiento del mercado de trabajo y a la identificación de oportunidades de mejora para generar mayor trabajo decente”, comentó.

Ruggiero manifestó que cualquier análisis de esta materia debería apuntar a evaluar el mecanismos de protección social que mejoren las condiciones de seguridad y salud en las que ejecuten sus servicios y así, minimizar su exposición a riesgo de contagio en el proceso de reactivación económica, sobre todo considerando el actual contexto de emergencia sanitaria que vivimos.

Además, se le consultó al MTPE si es que habían recibido la propuesta de regulación de la Central Única de Trabajadores (CUT), pero no hubo respuesta.

Hasta el momento no hay medidas concretas por parte del Gobierno dirigidas a este sector.

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